25 #2
Mi miembro responde poco a sus caricias.
Solo puedo pensar en Ash cuando siento su mano en mi entrepierna para ponerme a tono.
Escucho su risa, su voz, sus reproches y luego descubro la ilusión en sus ojos.
Y no puedo evitar caer en el abismo de la desesperación, quizá por eso me rebelo y levanto a Bella en mis brazos para llevarla al sofá y quitarle el vestido.
Ella gime cuando mi boca la explora hasta llegar a sus pechos .
No es consciente de que mi cabeza no colabora, de que solo es capaz de pensar en otro cuerpo, en otros pechos, en otros labios.
La hago enloquecer con mi lengua y mis dientes, le succiono un pezón con devoción, pero no soy capaz de dejar de imaginar que es a Ashley a quien toco.
—Oh, sí, Dorian —Escucho sus jadeos, mi nombre en su boca y mi cuerpo no responde porque no es la voz que deseo oír, ni la que espero ni la que anhelo—. Dorian…
Pero, a pesar del rechazo que surge en mis entrañas, de la voz insistente en mi cabeza que me impulsa a detenerme, termino de desnudarla y dejo que sus manos me quiten la ropa mientras me manosean con intenciones nada honestas.
Permito que me siente en el sofá y que sea su boca la que haga magia en mi miembro, que sea su lengua la que consiga ponerlo a tono, que sea su sexo el que luego lo engulla para llevarme a la cima, follándomela en el sofá, contra la pared, en la encimera, en la cama…
, que me haga llegar al orgasmo sin apartar a Ashley de mi mente.
Es a ella a quien me acabo de tirar duro, fuerte, enérgico.
Incluso he de morderme la puta lengua cuando escalo el placer y me dejo ir sobre el colchón de mi cama, porque no es el nombre de la chica en la que me he corrido el que deseo gritar.
Quizá por eso me siento tan vacío al acabar, tan jodido, tan dentro de una oscuridad sin fin.
Hemos acabado en la cama. Yo sentado y ella a horcajadas sobre mí, completamente desnuda, satisfecha, con una sonrisa inmensa en los labios y esa emoción postcoital impresa en sus preciosas facciones.
Intento verme reflejado en ella, encontrar su misma ilusión, deshacerme de la sensación de suciedad que me embarga, pero solo puedo pensar en Ashley, en cómo mis actos han acabado de destrozar cualquier posibilidad de volver a tenerla entre mis brazos, en cómo acabo de plantarle cara.
Y, en vez de estar a punto de tocar el cielo de la plenitud por haberme vengado de ella, estoy en la mierda.
—Eres increíble. —Bella me abraza por el cuello, se acerca a mi boca y me da un beso al que apenas respondo—. Me alegro de haber insistido contigo, ha valido la pena.
No puedo ser un capullo con ella. No se lo merece, no tiene la culpa de mis jodidas mierdas mentales, por eso me fuerzo a ser amable, a corresponderle el beso con suavidad, a no gritarle que se vaya, tal como brama mi cuerpo.
En vez de eso la separo con cuidado, la miro con una sonrisa que me cuesta la hostia esbozar y le hablo con suavidad.
—¿Quieres darte una ducha? —propongo—. Luego te llevo a casa, necesito una noche de sueño para recuperarme del viaje.
Su decepción es patente en la expresión de su cara.
—Podría quedarme a dormir contigo —susurra.
—Bella, ha estado genial. —¡Joder! La quiero fuera, pero no es su culpa y me mosquea un montón saber quién ostenta ese título.
Me esfuerzo en encontrar las palabras correctas para no herirla—.
Quiero ver adónde conduce esto, pero has de darme tiempo.
Hace poco de lo de mi ex, no puedo ir tan deprisa ni prometerte nada.
—Todavía la quieres…
No contesto, porque no quiero mentir ni escucharme pronunciar una verdad que me niego a aceptar. Pero los dos conocemos la respuesta, flota en el aire, nos atrapa, nos consume. Nunca había sido así de transparente con un polvo de una noche, pero Bella me importa, y no quiero hacerle daño.
Asiente, me da otro beso suave y se levanta.
—Tengo el coche ahí fuera —explica con una sonrisa triste—. No hace falta que me lleves. —Se acaba de vestir, se coloca la capa, guarda las gafas en el bolso y camina hacia la puerta—. Te llamo mañana, ¿vale?
Asiento con la cabeza y la veo marcharse sin haberme movido de la cama.
Todavía tengo el preservativo en la mano y estoy desnudo.
No me levanto hasta que se ha alejado de mí porque la culpabilidad me invade.
Acabo de sabotear la última posibilidad de reconciliarme con Ashley, lo he hecho a conciencia, sin cuestionarme en ningún momento la dolorosa sensación de después, la resaca de mis actos, el significado de habérmela follado.
No entiendo por qué con Ash caigo en esta rueda cada vez, por qué doy vueltas y más vueltas en la noria de lo absurdo. Odiarla, quererla, tenerla, traicionarla, necesitarla, perderla…
¿De verdad quiero vivir alejado de ella?
Voy a la cocina para tirar el preservativo en el cubo de la basura, limpiarme y ponerme los calzoncillos. Empieza a oscurecer, los últimos coletazos de luz se apagan con rapidez.
Cuando estoy volviendo al sofá para recoger mi ropa, la puerta de mi apartamento se abre. Levanto la mirada y la veo, con su capucha, su sudadera, sus vaqueros…
Cierra la puerta al entrar y se apoya en ella.
Se destapa la cara y veo el dolor impreso en sus facciones; de repente, comprendo la magnitud real de lo que acabo de hacer, hasta dónde he cavado una tumba para lo nuestro.
No necesita palabras para transmitírmelo, solo me basta descubrir su expresión.
—No pensaba entrar —susurra con los ojos húmedos—.
Cuando la he visto salir, después de escuchar vuestros gemidos, no quería verte.
Pero lo he hecho para ser valiente, Dorian.
—Aprieto los puños con fuerza, su tono consigue llegar a mi corazón para hacerlo estallar en mil pedazos—.
Esta noche me he arriesgado a venir aquí porque no has leído mis mensajes ni me has dado opción para defenderme.
Pensaba contártelo todo. —Cierra los ojos y las primeras lágrimas se deslizan por sus mejillas—.
Pero has dejado claro que tu «Hemos terminado» iba en serio.
—Ash… —Me quedo sin palabras. Es como si el mismo puño que tiene mi corazón apretado también asfixiara mis cuerdas vocales.
—¿Sabes por qué he entrado? —pregunta sin ocultar el dolor en su tono—. Para no ser una cobarde y dejarte por mensaje. Porque yo no me escondo, no te privo de explicarte ni me tiro a un tío para joderte.
—Yo… —Vuelvo a quedarme sin voz.
Ella se pasa unos segundos mirando al suelo, con una desgarradora certeza de que está buscando la fuerza para pronunciar la última estocada a lo nuestro. Y, joder, cómo duele.
—He venido a hablar contigo, a decirte que confiaba en ti, pero ya da igual.
—Levanta la cabeza para dedicarme su mirada devastada, esos ojos heridos de muerte, y entonces descubro la realidad, la imposibilidad de dar marcha atrás para cambiar mis actos.
Y, en vez de seguir cabreado por su traición, me rompo y empiezo a temblar—.
Sé que me merezco tu rabia, Dorian. Te he mentido, me he portado de pena al ocultarte la verdad y quizá te he perdido por ello, pero ¿era necesario destrozarnos así?
¿Llegar a este extremo? ¿Aniquilar cualquier opción para nosotros?
—Entiéndelo, Ash —musito—. Yo…
Doy un par de pasos hacia ella, hasta que levanta la mano en un gesto demasiado claro como para ignorarlo. Un gesto de rechazo.
—No, Dorian —me corta sin bajar el brazo—.
Esta vez has llegado demasiado lejos y has dejado claro que lo nuestro es historia.
—Cierra los ojos con una herida incurable que me alcanza para crearme cicatrices en la piel, y luego los abre con una determinación implacable, una que sentenciará la imposibilidad de redención—.
Se ha terminado para siempre. Y sí, acepto mi parte de culpa, me he equivocado mucho al callar, he convertido lo nuestro en tóxico y no me lo perdonaré en la vida.
Pero, a pesar de mi forma de lanzarte al vacío, no he sido yo quien se ha tirado a otra persona sin hablarlo, solo para herirte.
Porque te conozco, sé que no quieres a esa chica, que ese polvo ha sido un acto de venganza.
—Perdóname —suplico muerto por dentro, tocado, hundido—. Te quiero, Ash. Eres lo más importante de mi vida. Lo de Bella solo ha sido por despecho, pero tú eres mi todo. Cuéntame tu historia, dame la posibilidad de demostrarte cuánto me importas. Ábreme las puertas de tu alma.
Una sonrisa afligida curva sus labios.
—Sasha, Bella, una chica anónima… —Sacude la cabeza—.
Qué más da quién sea o cómo se llame. —Suena tan devastada—.
Nunca cambiarás, por mucho que lo desee.
Y sabes tan bien como yo que esa no es la manera de afrontar las cosas —Se gira hacia la puerta y la abre—.
Has logrado tu propósito, me la has devuelto.
Y, lo más importante, has demostrado nuestra incapacidad para mantener una relación sana.
—Ash, por favor. —Avanzo hacia ella con rapidez, necesito detenerla, mantenerla a mi lado, prometerle que nunca volveré a cagarla—. No me dejes.
—No volveré ahí, Dorian. A ninguno de los dos le conviene regresar a una relación tóxica, a esa noria donde tan pronto subimos como bajamos —Acaba de abrir la puerta y me mira con firmeza antes de salir al descansillo—.
No somos buenos el uno para el otro, solo nos hacemos daño y no es sano continuar así. —Suspira—. Cuídate, ¿vale?
Cuando cierra y se va, mi mundo se desmorona.