22 #3
Cuando Ralph y Juliette salen hacia la casa de mi primo, mi inquietud alcanza una cota imposible.
Me encierro en mi cueva, preparada para escuchar la conversación a través de los micrófonos de mis amigos y ver en directo las reacciones de mi primo gracias a las cámaras, pendiente de grabarlo todo y poder reproducirlo después, tantas veces como me apetezca.
Porque quizá tengamos una gran baza en esa grabación, puede incluso que seamos capaces de descubrir algo acerca de Albert.
Warren está conectado desde su casa, gracias a una conexión segura que he preparado. Ha sido de gran ayuda estos meses, un amigo leal en quien confío, por eso decidí incluirlo en mi equipo y está presente en este momento tan significativo.
La espera me mata. Soy incapaz de mantenerme quieta. Repiqueteo con las piernas en el suelo, muevo el ratón en la pantalla, abriendo páginas web sin ton ni son, me muerdo el carrillo, respiro rápido, aprieto el puño de la otra mano…
Al fin, mis amigos llegan a la mansión que Albert compró cuando recibió la herencia de su madre. Se hizo rico por derecho y no se conformó.
Carl los acompaña al salón. Hay tensión entre ellos, lo noto en sus tonos de voz y lo veo en las imágenes que me llegan nítidas.
Carl está serio, como si todavía estuviera valorando implicarlos en su plan.
Una de las mejores bazas de mi primo es su desconfianza de serie.
Albert lo aleccionó bien en ese sentido, porque si te fías de la persona equivocada, puedes caer.
Solo he estado dos veces en esa casa, cuando murió mi tía y el día que Carl cumplió la mayoría de edad.
La decoración es moderna, pero sobria, con todos los muebles en blanco y negro, pocos detalles y muchos espacios vacíos, como el alma de sus habitantes.
Siento un escalofrío cuando mi primo les ofrece unas bebidas, las prepara y se sienta en el sillón frente a ellos con un vaso de bourbon en las manos.
Hay algo en su mirada que me hiela la sangre.
Es maldad pura, odio, rencor, deseo de destrozarme.
Y aventuro el impacto de sus palabras, porque son como un puñal en mi corazón.
—No voy a dar ningún rodeo —empieza a hablar con la mirada fija en Ralph y Juls—.
Hicimos un trato. Un millón de dólares y un sitio vitalicio en Reynolds Oil a cambio de destronar a Madison.
—No lo veo, pero presiento que mis amigos asienten, porque mi primo esboza un amago de sonrisa—.
Tengo un plan para conseguirlo, y no es fácil de digerir.
Así que antes de exponerlo, necesito saber hasta dónde llegan vuestros escrúpulos.
Se me atraganta la bocanada de aire que estaba a punto de soltar por la boca. No sé por qué, pero estoy convencida de que en pocos segundos tendremos una prueba irrefutable de la pérfida mente de mi primo.
—Estamos dispuestos a todo —confirma Ralph, pero su voz no suena tan firme como antes. Distingo un rastro de ansiedad en su voz.
—Bien. —Mi primo le da un trago a su bebida—.
Madison se va de vacaciones a una isla perdida de Tailandia.
No he conseguido averiguar cuál, pero tengo claro que ha contratado seguridad y que va a subirse al avión privado de Reynolds Oil, por lo que será fácil rastrearla.
—Da otro trago y alarga la pausa, como si se preparara para soltar una bomba—.
Viajará sola y nadie la echará de menos en veinte días porque ella ha decidido tomarse esas vacaciones.
—¿A dónde quieres llegar? —Juliette se impacienta por las vueltas que está dando. Creo que tanto ella como Ralph y yo tenemos miedo a escuchar el plan de Carl, pero, aun así, debemos hacerlo.
—Intentamos comprarle las acciones —admite mi primo sin dar detalles, aunque sabemos con certeza que habla de la maniobra de Otto—.
Pero salió mal, y me niego a pagar un solo centavo por lo que es mío y ella me robó por el simple hecho de existir.
—Se quita la máscara y revela al verdadero monstruo que vive en él—.
La única forma de conseguirlo gratis es a través de la sangre.
Se me hiela el estómago.
Suelto un gemido. Porque de repente vislumbro la magnitud de sus intenciones, cómo espera obtener el rédito de su plan, qué va a hacer para doblegarme. Y me pongo a temblar, incluso antes de escucharlo.
—¿A través de la sangre? —repite Juliette a modo de pregunta.
—Quiero un hijo suyo.
El mundo se detiene un segundo y empiezo a hiperventilar. Y lo primero que me viene a la mente es Dorian.
—¿Cómo? —La pregunta de Ralph me devuelve a la realidad.
Estoy temblando de verdad.
—Voy a pasar quince días con ella en la isla. Y vosotros me ayudaréis a llegar allí, a mantener la seguridad a raya y a someterla a mis deseos.
Hay lascivia en su mirada, en sus gestos, en su voz. Recuerdo todas las veces que lo ha intentado a lo largo de nuestra vida, cómo se ha acercado a mí, cómo sus ojos suelen mostrar deseo. Se me eriza la piel.
—No lo veo claro —interviene Ralph con intranquilidad—. ¿Cómo vas a dejarla embarazada si ella no está conforme? —Hay un rastro palpable de consternación en su voz—. ¿Y qué pasará después?
Quedan claras sus intenciones antes incluso de pronunciarlas. Y son tan mezquinas como las de Albert.
—He estudiado sus rutinas a través de vuestros vídeos —explica—.
Conozco a la Madison de verdad, qué le importa y cómo doblegarla.
Voy a pasar esos quince días con ella en la isla, la preñaré y me trasladaré a la mansión Reynolds para vigilarla.
Y ella no podrá negarse porque tengo una manera de convencerla de que colabore.
—¿Cuál? —inquiere Juliette con la voz atragantada.
—Eso no importa. —Sonríe con tanta malicia que atraviesa la pantalla para impactar en mi cuerpo y llenarlo de frío—. Tengo una forma de hacerla pasar por el aro. Puedo hacerlo, y lo haré. —Un brillo centellea en sus ojos—. Va a estar enferma todo el embarazo, sin salir de casa, recluida…
Hay un instante de silencio demasiado largo .
Se me escapa un gemido, porque ese plan es macabro y, a pesar de saber cómo es Carl, cuál es su grado de perversidad, me duele demasiado la forma en la que intenta destrozarme, su pérfido sentido de la realidad.
¿Piensa drogarme para obligarme a tener un hijo suyo?
¿Cómo pretende hacerlo? ¿Hasta dónde va a corromperse para conseguir algo que no le pertenece? ¿Qué parte de la idea viene de Albert?
—No entiendo por qué necesitas que sea en la isla. —Ralph está impactado, lo noto en su tono un poco agudo, pero lo disimula bastante bien—. Has entrado en su casa, pasa muchas horas ahí, ¿por qué esperar a cuando esté en una isla de vacaciones?
—Mi estrategia es infalible. —La sonrisa de mi primo es esclarecedora y escalofriante a la vez.
Quiere soledad absoluta para someterme sin testigos, para hacerme pagar mi forma de evitar su control cuando me escapé, para sacar a la superficie el monstruo que vive en su interior, para herirme en lo más profundo de mi alma.
Y en este mismo instante sé que ha llegado el momento de enfrentarme a una de las mayores batallas de la historia, una que podría terminar con mi condena de una vez por todas—.
Solo necesito vuestra ayuda, y en un año seremos ricos.
¿Estáis dispuestos a ser mis aliados de verdad?
Juliette tarda un segundo más de lo normal en contestar.
—No lo acabo de entender… —No consigue dominar del todo la voz—. El niño es la clave para heredar, pero solo si ella está muerta…
—O impedida. —Levanta las cejas con una sonrisa malévola—.
Hay tantas maneras de controlar sus acciones una vez tenga al niño…
—Se pasa la lengua por los labios, como si estuviera saboreando su éxito—.
Pero vamos a centrarnos en ahora. Necesito el nombre de la isla, el contacto de su agencia de seguridad y todos los detalles de su viaje.
—Lo ha preparado todo ella sola —comenta Juliette, buscando algo de tiempo para reponerse—. No ha querido interferencias, como si le importara demasiado compartirlo con alguien, pero puedo conseguirlo.
—Bien. —Mi primo asiente complacido—. Con eso me basta. —Le dedica una mirada penetrante—. Recordad, nada de esto puede trascender o no alcanzaremos la meta.
Mi pensamiento deambula por la ansiedad cuando tomo conciencia de que no voy a poder acudir a mi cita con Dorian, ni cambiarla por una estancia en la isla, ni encontrar otra salida.
No voy a poder mirarlo a la cara y explicarle mi verdad en las próximas semanas, ni evitar un arranque de rabia por su parte, porque solo puedo lidiar con una batalla a la vez y la importancia de acabar con mi familia es prioritaria.
Aunque me parta el alma y desmigaje mi corazón al pensar en su reacción.
Ojalá pueda recuperarlo pronto y no cometa una locura. Porque esta vez quien va a romperlo todo soy yo.