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MADISON
El frío empieza a retirarse de la atmósfera y mi vida parece montada en un tiovivo de colores, de esos donde la felicidad te arranca risas y puedes caminar con la certeza de que por fin estás en el pasaje correcto para alcanzar la serenidad requerida y deshacerte de las malas vibraciones.
Han pasado poco más de tres meses desde que decidí ir a por Dorian a Elberta y abril empieza a colorear los árboles con los tonos primaverales.
El sol calienta el aire. Anoche regresé de un fin de semana idílico en brazos de mi hombre en esa casita frente al lago, viendo cómo la vida puede ser perfecta.
Pero sigo sintiéndome ansiosa. La otra vez, cuando fuimos felices, me rompió el corazón con esa nota, con su escapada a Nueva York con Sasha, con esa declaración de intenciones, pero esta vez soy yo quien oculta, engaña, esconde y traiciona.
Y siento que seguir mintiendo acabará destruyéndonos.
Las notas empezadas por « Recuerda … » vuelven a formar parte de nuestra rutina.
Nos las colgamos en la puerta, las dejamos sobre la almohada, las enganchamos en la nevera, las colocamos en cualquier lugar de la casa que pueda despertarnos una sonrisa.
Y es tan bonito seguir con esa costumbre, iniciar rutinas juntos, guardar en la recámara de la memoria tantos instantes mágicos …
Algunas veces me escapo para verlo en los entrenamientos, ya que ahora no hay partidos, la temporada oficial finalizó en enero, con su victoria aplastante.
Ahora no tienen competiciones oficiales, pero siguen entrenando y jugando partidos entre ellos para no perder la forma e iniciar la pretemporada de nuevo en agosto.
Hay demasiados condicionales enturbiando nuestra vida, y debo ser sincera con él, quizá esa es la verdadera razón de mi inquietud, la necesidad de hablarle de una vez por todas de mi realidad; de Madison Gardner, del peligro.
En mi fuero interno me puse un temporizador, me prometí que si no me dejaba a los tres meses, se lo contaría todo. Pero ahora me da miedo porque no resistiría perderlo.
Y lo que me angustia más es el poco avance para deshacerme de Albert, aunque estoy a puntito de desmoronar un plan de Carl.
Su alianza con Juliette y Ralph no acaba de dar los frutos que pensábamos, mi primo todavía no ha movido ficha con ellos.
Hasta ahora se ha limitado a escuchar los informes de mis amigos acerca de mis actividades en la casa, a reproducir los audios y los vídeos que ellos registran desde sus móviles, a preparar una incursión en la mansión para mediados de mayo y a reunir datos para trazar un plan.
Nuestra vida no ha cambiado demasiado. Por su culpa.
Nos hemos adaptado a las circunstancias y hemos establecido una rutina perfecta para darle lo que requiere.
Actuamos cuando decidimos grabar para Carl, siguiendo un guion preparado para ofrecerle una Madison muy diferente de la real, una chica fría que usa sus horas libres para interesarse por la moda, los realities en la tele, los libros de finanzas, ejercitar su cuerpo y pasarse horas en el garaje de su circuito particular, arreglando el coche.
La Madison construida para mi primo me presenta como una persona poco interesada en tener vida social y apenas atrayente, una frívola adicta al trabajo que vive recluida en su soledad.
Poco puede imaginarse Carl mis escapadas de fin de semana a mi casita de Waco, donde Dorian y yo hemos construido un mundo ajeno a todo para encerrarnos en nuestra burbuja de felicidad.
Esta vez lo siento mío de verdad, entregado, sin esas contradicciones ni esos miedos que acabaron por convertir lo nuestro en una relación llena de toxicidad y dolor.
Aunque están esas preguntas insistentes, los inicios de discusión, sus ganas de conocer demasiado sobre mí.
Y sé que con mi silencio estoy cavando un hoyo profundo que un día nos separará.
Me sacudo a Dorian de la mente, me calo las gafas de sol y miro a través de la ventana tintada para observar la calle de Dallas mientras mi sonrisa perezosa se ocupa de iluminarme, sabiendo que estoy a punto de darle un golpe a mi primo.
Ronald me lleva como cada mañana al despacho, sin entablar ningún tipo de conversación conmigo.
Siempre ha sido un hombre callado y muy profesional, alguien en quien confío.
Mis pensamientos repasan una vez más la situación.
Carl no confía todavía en mis amigos, sin embargo, ha ultimado un plan que podría haberme costado caro si no llego a detectarlo a tiempo.
A veces mis ansias por rastrear los dispositivos ajenos son una invasión total de su intimidad, pero otras consiguen ayudarme a prevenir desastres.
Por suerte, nadie ajeno a mi mundo conoce esa afición secreta por el hackeo ; la habitación informatizada de mi mansión está oculta y solo Tammy, Juls y Ralph conocen su existencia.
Gracias a mi curiosidad innata he logrado desvelar las intenciones de mi primo a tiempo.
Aunque me frustra mucho no encontrar ninguna conexión con mi tío ni desentrañar su ubicación.
Una vez en el garaje, oculta en mi espacio personal, me despido de Ronald y subo con el ascensor hasta el ático.
Ha llegado la hora de darle un poco de su medicina a mis archienemigos y trastocar todo cuanto han dispuesto para hundirme.
Me preparo mentalmente para la reunión con uno de mis competidores, que, gracias a la intervención de mi querido primo —imagino que alentado por Albert—, intenta quitarme mis acciones con juego sucio.
Descubrí su intrusión en mis sistemas gracias a Carl, el muy imbécil dejó pistas sutiles que supe detectar y seguir hasta encontrar su conexión con Otto Sven, un hombre sin escrúpulos que ha conseguido medrar usando métodos poco éticos.
Tras petar la seguridad de Otto, encontré una carpeta destinada a hundirme.
Un millar de sentimientos me alcanzaron entonces. Ira, perplejidad, dolor y euforia por tener ante mí la evidencia de que podía socavar las estrategias de mi tío anticiparme a ellas, cambiar el curso de los futuros sucesos y darles la vuelta para volverlos en su contra.
No tardé ni dos minutos en atar cabos de sus intenciones cuando me enfrenté a la modificación de algunos documentos que me incriminaban en una trama urdida contra Reynolds Oil.
Eso me llevó al desvío de dinero de la compañía a una cuenta en las Bahamas a mi nombre y a un análisis en profundidad de cómo iban a culparme de algunos delitos graves gracias a la intervención de un hacker muy bueno, pero no tanto como yo.
No lo identifiqué, se había ocultado bien, pero pude hallar pruebas de su intrusión y trazar los propósitos de Otto y mi familia: quieren chantajearme para conseguir mis acciones sin pagar nada a cambio.
A partir de ahí tiré de mi tendencia a hackear a la gente y estudié a fondo cómo darle la vuelta a la situación.
Sonrío al pensar en lo mucho que he encontrado acerca de Otto Sven, un hombre capaz de todo para aumentar su poder y su fortuna.
A su larguísimo expediente de transgresiones se suman las pruebas de sus intentos por desacreditarme, así que lo tengo cogido por las pelotas.
Sonrío, en una hora lo recibiré en mi sala de juntas y esta vez sí voy a dar la cara, porque quiero observar la suya al verse arrestado por las autoridades.
Una vez sentada tras mi escritorio, guardo la documentación en una carpeta, me tomo una taza de café y me preparo para la cita mirando por el cristal de suelo a techo que muestra una vista impresionante de Dallas.
Es uno de mis mejores momentos del día, cuando llego a mi despacho antes de que las oficinas se llenen de gente y me tomo un humeante café deleitándome con la ciudad a punto de despertar.
Juliette entra tras llamar a la puerta. Todavía es pronto para la reunión, lo compruebo en mi reloj de pulsera, así que me giro y levanto una ceja para interrogarla con la mirada.
Los puñeteros micrófonos me han hecho más expresiva porque no me gusta hablarle a mi amiga en un tono severo, a pesar de que ambas sabemos la realidad.
—¿Qué pasa? —pregunto con tosquedad, esgrimiendo una mueca de curiosidad.
—El señor Sven ha llegado una hora antes de la cita, y no viene solo. —Noto el nerviosismo de Juls al segundo. Tiene los labios apretados, el ceño fruncido, arrugas en la frente y una mirada ansiosa—. Ha traído a un abogado.
—Supongo que el letrado tendrá nombre…
—Estoy segura. —Retuerce las manos en la tela de su falda tubo, como si la situación la superara.
La entiendo, nos jugamos mucho en esta reunión y la aparición de un letrado es un mal augurio—.
Pero no me lo ha dicho. Se ha presentado como el abogado del señor Sven y me ha indicado con mucha autoridad que quieren verte ahora mismo.
—Espira con fuerza—. El tío va vestido con un traje de mil dólares y se las da de listo.
Otto Sven piensa que me va a meter el miedo en el cuerpo, por eso se ha presentado una hora antes de la reunión, acompañado por uno de esos abogados carísimos que suelen ganar todos los casos. Pero desconoce a quién se enfrenta.
—Hazlos pasar a la sala de juntas —indico regresando a mi mesa para dejar la taza encima y alcanzar la carpeta.
Sonrío con serenidad para dejarle ver a mi amiga lo poco que me asusta este cambio repentino en el plan.
Ella asiente y fuerza una expresión confiada—.
Ofréceles un café y diles que voy enseguida.
Cuando me quedo a solas, inicio la operación que he preparado para hoy.
Hace una semana le mandé al FBI una copia del expediente de delitos que he reunido de Sven, junto a las pruebas de su intento de sabotearme.
Pacté con ellos el momento exacto de la detención de Otto, tras asegurarse de la veracidad de mi información.