Nunca te perdonaré (Recuerda 2) 17 #2
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Terminamos bastante mejor de lo que esperaba y nos pasamos media hora repasando las jugadas para la Fiesta Bowl del día 1. Tras una larga ducha, pongo rumbo al circuito para mi cita secreta con Ashley.

La música del coche me ayuda a tragarme las cosquillas de la anticipación.

Llego a las tres de la tarde. El sol está en su apogeo e impacta en el parabrisas para cegarme bastante.

Los coletazos de la resaca me hacen arrugar el ceño al sentir los rayos traspasar las gafas de sol cuando me paro en la garita de entrada para descubrir si sigo siendo un indeseable o Ashley ha cumplido su promesa.

Sonrío cuando me dejan pasar y otra vez siento cómo la anticipación me dispara el pulso.

Warren me espera frente a su despacho, lo veo al apearme del coche y caminar hacia allí. Está apoyado en la pared de al lado de la puerta, mirando la pantalla de su móvil con interés.

—Así que ahora ya no soy una persona «non grata» —comento, deteniéndome frente a él—. ¿Me vas a hacer el honor de dejarme competir?

—Y te ayudaré a tirarte a tu novia —apostilla con retintín—. Así que déjate de gilipolleces y olvida los rencores.

—¿Dónde está? —pregunto con anhelo mal reprimido.

—Entra. —Señala el interior de su despacho—. No tardará en aparecer.

La decoración del lugar es bastante decente, mucho más de lo que imaginaba. Warren no suele ir vestido con elegancia ni parece el tipo de tío que tiene un despacho molón, pero las apariencias engañan. Me fijo en la pared, hay una copia de un diploma universitario.

—¿Abogado? —Levanto mucho las cejas, mirándolo. Ha entrado detrás de mí y ha cerrado la puerta para evitar miradas curiosas—. ¿Por Harvard?

—Esa es una de mis muchas virtudes secretas. —Suelta una carcajada—. Heredé el circuito de mi padre, solo trabajo en él los fines de semana, de lunes a viernes soy socio fundador de un bufete en Dallas y me dedico al derecho mercantil. Represento a grandes empresas y corporaciones.

—Flipante. —Silbo para enfatizar mi palabra—. O sea, eres uno de esos trajeados de Suits durante la semana y te disfrazas para ejercer de dueño de un circuito los sábados y los domingos.

Suelta una carcajada y me señala la silla para que me siente.

—Mi hermana se ocupa de llevarlo mientras ejerzo mi otra profesión —explica. Recuerdo a la pelirroja de cuando corrí en el circuito, era eficiente, simpática, resolutiva y muy guapa—. Es una buena vida.

En ese instante Ashley aparece en escena, colándose por la ventana, y nos despierta una sonrisa a ambos.

Me levanto. La mía calienta hasta la última porción de mi cuerpo para demostrar cómo la he echado de menos.

Se acerca, me rodea el cuello con los brazos y me besa con suavidad, solo con un roce de labios que me deja con ganas de más, por eso la cerco con los brazos, la arrimo a mí y profundizo en el beso usando mi lengua para despertar su deseo.

—¡Eh, tíos! —brama Warren—. ¡Aquí no hay cama! ¡Y no estáis solos!

Nos separamos resollando, acompañados de la risa del dueño del circuito, que nos mira divertido, como si le pareciera gracioso de verdad.

En otro momento me habría cabreado, pero en este no soy capaz de pensar en otra cosa que no sea Ashley en horizontal —o en cualquier otra posición que me permita estar dentro de ella—.

Me calienta la sangre de una forma preocupante y borra cualquier pensamiento racional al aparecer en mi radio de visión.

—Warren nos ha ayudado a encontrar un «nidito de amor».

—Ash entrecomilla las palabras con un gesto de las manos.

Luego mete la derecha en el bolsillo de su vaquero y saca un llavero en forma de bala—.

Toma tu copia. —Me la ofrece con una sonrisa—.

Es una pequeña casita en Waco, frente al lago.

—Me da la dirección anotada en un papel—.

Podemos vernos allí, e incluso pasar tiempo juntos. —Baja la voz—. Mucho tiempo juntos…

—Es una buena casa, la verdad —interviene Warren—. La busqué siguiendo las indicaciones de tu chica y me pareció la mejor. Tiene unas vistas increíbles, está amueblada y no es anticuada. —Nos guiña un ojo—. Estaréis a salvo de miradas indiscretas.

Estoy a punto de expresar mi opinión acerca de la seguridad de Ash, pero me callo y me limito a asentir con la cabeza.

No tengo ni idea de cuánto sabe él de su situación, y le prometí a ella ser cauto cuando tuviéramos público.

Pero no se esconde bajo la capucha ni parece ocultarle demasiado a su nuevo «amigo».

Una oleada de celos me atraviesa, y lo flipo, porque nunca había sido tan posesivo con nada ni con nadie.

—¡Me encantó la casa cuando la vi! —exclama ella—. Es pequeñita, pero tiene de todo y es perfecta para los dos.

—¿Vives ahí? —pregunto con la emoción de poder verla cuando me apetezca, de contar con un medio para comunicarme con ella, para tener la potestad de encontrarla no solo a su antojo, sino al de ambos.

No me extraña que tenga fondos para mantenerla, ya en Elberta descubrí que sus actividades ilegales en la red le dan un rédito de narices.

Ashley se muerde el labio en un gesto muy característico de ella, me lanza un beso y me guiña un ojo, negando con la cabeza.

—Esa casa es solo para nosotros dos —asegura—. Warren la usará con sus «ligues» también. Es un buen trato.

Le echo un vistazo al dueño del circuito. El tío está bien conservado, tiene musculitos y eso, además de cerebro, y parece un rompecorazones de los que van por la vida pisando fuerte. Le dedico una expresión guasona.

—Así que eres de esos —comento con socarronería—. De no liarte con nadie en serio mientras pruebas a varias tías…

—No tengo ningún problema con comprometerme —admite él—.

Pero mientras encuentro a la adecuada, me lo paso bien.

—Mira un segundo a Ashley y los celos vuelven a agriarme el estómago—.

Aunque cuando aparezca, no lo dudaré, me lanzaré de cabeza a por ella y nada ni nadie nos separará.

Soy un luchador, en los tribunales y en la vida.

—Me consta. —Esa respuesta de mi chica dispara un tic nervioso en mi párpado, ¿por qué me molesta la complicidad entre ellos?

Se conocen hace muy poco. Ash está conmigo, ha buscado una solución para vernos, está a mi lado, pero me siento amenazado por su familiaridad, y no tiene puto sentido—.

Encontrarás a una chica que valga la pena, ya lo verás.

—Eso espero. —Ya está con otra miradita a Ashley, de esas que desnudan, y me estoy empezando a cabrear—.

Bueno, al lío. Podéis ocupar vuestra casita hasta las cinco.

Luego os quiero compitiendo y dando espectáculo ahí fuera.

Hoy vienen unos ricachones con ganas de gastarse la pasta, y de las apuestas me llevo un buen pico para mantener todo esto en marcha.

Ashley hace algo que me provoca un tirón en el corazón y me llena de ira.

Se acerca a Warren, se pone un poco de puntillas para encaramarse a él y le da un beso en la mejilla.

Él sonríe y yo estoy a un tris de partirle los morros, pero me controlo apretando los puños y dirigiéndole una mirada fulminante.

—Gracias —musita ella, apartándose de Warren para caminar hacia la ventana—. No lo olvidaré. —Se gira hacia mí—. Te veo en un momento. No tardes. —Me lanza un beso antes de desaparecer por la ventana.

Me acerco un poco a Warren y dejo salir el cabreo.

—Es «mi» chica —recalco el «mi»—. Ni se te ocurra imaginarte siendo algo más que su amigo, porque soy muy poco paciente con los capullos.

Suelta una carcajada y sus ojos me observan llenos de diversión.

—No me interesa de esa forma, tío, relájate.

—Su tono está teñido con su risa—. Está loca por ti, lo supe desde la primera vez que huyó por esa ventana.

Y a mí no me interesan las tías pilladas por otro.

Solo me cae bien y me mola su destreza con los motores, por no decir lo que me hace ganar en la pista.

Nos hemos hecho amigos, aunque me ha contado muy poco acerca de ella.

—Pero te ha permitido verla sin la capucha —recalco—. Ashley no suele mostrarse así de abierta con los demás.

—¿Ashley? —Escuchar su desconcierto me hace darme cuenta de que acabo de meter la pata hasta el fondo. ¡Joder! No soy bueno en esto de mantener a mi novia a salvo—. ¿Rebeka se llama Ashley en realidad?

No me pasa desapercibida la curiosidad en su tono.

—Bueno… —Vale, joder, ahora es cuando no sé cómo salir del atolladero—. Habla con ella, ¿vale, tío? Como si no me hubieras escuchado ese nombre…

—Le pega, la verdad. —Me guiña un ojo—. Ya me enteraré. Soy muy bueno en mi trabajo, suelo calar a la gente, y «Ashley» oculta un montón de cosas, solo me queda descubrirlas.

—Nos vemos.

Me voy hacia la puerta para largarme cuanto antes a ver a mi chica. Deberé contarle que acabo de meter la pata…