17
DORIAN
La resaca es una putada. Me palpita en la cabeza, me agria el estómago y me vuelve torpe mientras intento prepararme un desayuno en condiciones.
Solo hace un par de días que he regresado de Elberta, y las ganas de ver a Ashley esta misma tarde me tienen con los nervios deshilachados.
Llevo dos días sin saber nada de ella, preguntándome si todo lo que pasó en la casa del bosque fue real o si volverá a desaparecer como la última vez.
No puedo llamarla, no puedo escribirle. En pleno siglo XXI es una tortura.
Quizá por eso ayer acabé bebiendo más de la cuenta en la fiesta de Zeta Phi para celebrar nuestro regreso a los entrenos.
Me encontré allí con Bella. No la había visto desde la fiesta de Dustin, ni siquiera tengo su nuevo número de móvil.
Cuando la vi entre la gente pensé que lo correcto era acercarme a disculparme por cómo me comporté aquella noche.
Pero después todo se desmadró. En parte por ella.
Y en parte por no haberle aclarado las cosas a tiempo.
Ashley es mi vida, por nada del mundo haría algo para volver a alejarla. Por eso detuve a Bella a tiempo.
Con una taza humeante de café en las manos, un par de comprimidos potentes y unas tostadas con mermelada sobre la mesa, me siento a la barra. Las gotas de agua de la ducha resbalan por mi torso desnudo hasta perderse en la toalla anudada en la cadera.
Escucho el silencio. No puedo soportar la música todavía, es demasiado pronto para enturbiar aún más mis pensamientos, cargados de Ashley y de la cuenta atrás para volver a abrazarla. Estoy dispuesto a luchar para conservar a mi chica. No volveré a cagarla con ella nunca más.
El pitido del interfono me sobresalta.
—He venido a hablar contigo. ¿Me abres? —La voz de Bella es clara y concisa. Y dispara mi ansiedad hasta una cota imposible. ¿Qué hace aquí?
Recuerdos fragmentarios de anoche me asaltan. Bella, la botella parándose en ella, verla caminar hacia mí, sentir cómo se sentaba en mi regazo, me rodeaba con sus brazos el cuello y se lanzaba a darme un beso muy pasional, notar sus manos en mi piel… La separé de mí con contundencia, al segundo.
—No —dije.
Pero ella no se dio por aludida. Me persiguió después, cuando me levanté para poner distancia entre los dos, y sus intentos de llevarme a una habitación culminaron con mi marcha de la fiesta para escapar de ella…
No voy a serle infiel a mi novia cuando apenas hace unos días que la he recuperado. Ni a hacer nada que ponga en peligro lo que tenemos, por muy acojonado que esté ante el desafío de aceptar mi amor por ella.
Dejo la puerta abierta, me trago los dos comprimidos de ibuprofeno y me voy corriendo a mi habitación, donde me calzo unos vaqueros de talle bajo y rebusco entre un montón de camisetas arrugadas la que huele mejor.
«Debo hacer la colada», me recuerdo mirando la cantidad de ropa sucia que hay tirada por el suelo.
Levanto los brazos para meterlos por las mangas y noto unas manos rodeándome por la cintura desnuda y un cuerpo pegado al mío.
Su olor es refrescante, en cualquier otra situación me hubiera puesto cachondo, pero en este instante me repele. Si Ashley se entera…
—Mejor no te vistas —murmura sin apartarse de mí cuando la tela cubre sus manos y las aparto de mi cintura.
Necesito dejarle clara la situación de una vez. No se merece vivir engañada ni pienso llevar esto más lejos.
—Bella, suéltame —ordeno con reproche—. Ya.
Sus manos desaparecen de golpe de mi cintura, como si mi piel quemara. Da un paso atrás y suelta una risa corta, amarga. Me giro para encararla.
—¿En serio vas a rechazarme otra vez? —escupe, con los brazos en jarras y la mirada cargada de rabia—. ¿Qué pasa? ¿Nuestro beso de anoche no significó nada?
Aprieto la mandíbula.
—Bella…
—Ni Bella ni hostias. —Levanta una mano para callarme—. Primero me buscas, luego tonteas conmigo delante de todo el mundo y después sales corriendo como si yo fuera el problema.
Su mirada se endurece.
—Te invito a un café. —Camino hacia la puerta sin calzarme. Escucho un resoplido a mi espalda y sus pasos siguiéndome—. Tenemos que hablar.
—Odio esa frasecita —masculla, herida.
No contesto, no tengo nada que decir al respecto. Estoy decidido a ser sincero con ella y a tirar adelante lo mío con Ash, aunque sea en secreto.
Por una vez voy a hacer las cosas bien, no me acojonaré, ni saldré corriendo ni tendré a Bella engañada en la recámara por si acaso no sale bien. Y, si quiero dejárselo claro, lo primero es salir de mi habitación.
Llego a la cocina y me encargo de servirle una taza de café con un poco de leche y una cucharada de azúcar. Conozco sus gustos por las veces que hemos quedado para tomar algo como amigos.
Dejo la taza delante de ella y me siento en el taburete de enfrente.
—Lo siento —digo.
Bella envuelve la taza con ambas manos. El vapor le roza la cara mientras me observa por encima del borde.
—¿Qué sientes exactamente? —Le da un sorbo al café, con su mirada puesta en mí, cargada de resentimiento—.
Porque estoy descolocada, ¿sabes? Contigo es un tira y afloja de lo más desconcertante; tan pronto me besas como me sales con el trillado «tenemos que hablar».
—Suelta un resoplido y deja la taza en la encimera con un golpe seco—. Llevamos meses tonteando.
La última parte se tiñe de cabreo.
Apoyo los antebrazos en la barra y bajo la mirada un segundo.
—Siento no haber sido totalmente sincero contigo.
—Respiro despacio, buscando las palabras adecuadas para explicarle la situación sin poner en peligro el secreto de Ashley—.
Cuando me vine a Austin estaba muy enfadado con la que entonces era mi exnovia.
—Veo la mueca que hace y me doy cuenta de que quizá no ha sido la mejor manera de empezar.
Carraspeo y lo intento de nuevo—. Estoy enamorado de ella, desde hace demasiado tiempo.
Y cuando me dejó solo con una nota antes de venirme a la universidad, quise destrozarla, olvidarla, mandarla al infierno…
Bella arquea una ceja y se recuesta un poco en el taburete.
—La has visto en las fiestas —deduce con un tono dolido.
Paso una mano por mi nuca. Me cuesta hablar así, sin engañar ni ocultar mis sentimientos, pero a la vez es liberador porque estoy dando salida a mis verdaderos pensamientos, a mi dolor, a lo que sentí cuando Ashley desapareció y a mi euforia ahora que la he vuelto a encontrar.
—La quiero —admito.
Me encojo ligeramente de hombros. Ella gira la taza entre los dedos.
—Necesito intentarlo de nuevo con ella.
Es como si otro se hubiera metido en mi cerebro. Jamás había sido tan transparente con mis sentimientos hacia Ashley. Y admitirlos ante otra persona me sienta de narices. Bella se queda mirándome unos segundos en silencio.
—¿Qué habría pasado si no la hubieras visto de nuevo? —inquiere al fin, con una herida abierta en la voz—. ¿Habrías seguido tonteando conmigo para ver si la olvidabas?
Muerdo una tostada antes de responder. El crujido rompe el silencio entre los dos.
—Desapareció después de esa nota —explico—. No dejó dirección, ni teléfono ni nada, solo se largó de mi vida sin darme ninguna explicación. —Trago con dificultad—. Me prometí arrancármela del corazón y vengarme de ella si alguna vez la volvía a ver. Pero no he podido.
Bella chasca la lengua.
—Habrías seguido eso de «un clavo saca a otro clavo»… —Apoya un codo en la barra—. No funciona, te lo digo por experiencia .
Hay algo en su voz que me hace levantar la vista.
—Aunque me llamaras Ashley la única noche que hemos llegado lejos, anoche pensé que lo habías superado… —Baja la mirada a la barra—. Me hice ilusiones.
—Lo siento —susurro—. Lo mío con Ash es complicado.
Bella da otro sorbo al café y se encoge de hombros.
—Te entiendo… —murmura—. Pero a veces no sale bien.
Le coloco una mano sobre la suya.
—¿Tu ex? —inquiero.
—Jason —pronuncia con un asentimiento—. Lo mío no es tan dramático como un ghosting , más bien fue el cliché ese de mierda de pillar a tu novio con tu mejor amiga en la cama. —Me mira con tristeza—. Los perdí a los dos de golpe, por eso luché para olvidarlos.
—Pero no funcionó… —deduzco.
—Al contrario. —Esboza una sonrisa triunfal—.
Me abrieron los ojos a muchas cosas, entendí mejor algún que otro discurso de mi hermano y de mi padre, me endurecí y empecé a batallar por lo verdaderamente importante.
—Atisbo frialdad en su discurso, como si se lo creyera y a la vez la lastimara—.
Ahora sé que los sentimientos muchas veces son un obstáculo para conseguir tus metas.
—Sus ojos brillan un segundo con fuego, luego vuelven a convertirse en hielo—.
Me vengué de ellos, y lo disfruté. Hundí el futuro de Jason en la universidad, me encargué de sacar los trapos sucios de Rose a la luz y me largué de Dallas con la cabeza bien alta.
Veo cómo se quiebra un segundo para recomponerse al instante. Le da un par de sorbos al café y suspira.
—Podemos ser amigos —propongo pasados unos segundos, sin querer ahondar en su pasado de momento—. Me caes bien y no querría perderte.
—Lo intentaremos —contesta con mucha vaguedad—. Aunque me llevará un tiempo. Me gustas de verdad.
No hablamos más, nos limitamos a acabarnos las bebidas en silencio, hasta que anuncia que ha quedado con su hermano para comer y se va dejándome con un regusto amargo. No me da su nuevo número de teléfono ni yo se lo pido, ambos sabemos que es necesario distanciarnos un tiempo.
El entreno de hoy es duro de cojones. Se nota la fiesta de anoche y la falta de compromiso de algunos chicos.
Tanto el entrenador como yo les damos caña, porque, a pesar de mi resaca, yo sí soy capaz de darlo todo y demostrar mi buena forma.
Por suerte todavía tenemos cinco días para ponernos a tono con más de tres horas diarias en el campo y otras tantas en el gym.