Nunca te perdonaré (Recuerda 2) 15
51%

15

DORIAN

No pienso marcharme de la casa del bosque hasta la hora de la cena.

Dejarla me duele; algo en mi interior me alerta acerca de su escapismo profesional.

La busca el FBI, está huyendo y no será fácil mantenerla cerca, pero esta vez lo voy a dar todo para no perderla de nuevo.

La separación ha sido muy dura y no quiero volver a sentirme así.

Busco algún momento para hablar con ella a solas, aclarar las cosas y suplicarle que no desaparezca de nuevo.

Sin embargo, Ralph y Juliette no nos dejan aire, están en medio durante horas, se apropian de nuestro tiempo como si no les importaran mis miradas insistentes ni mis intentos por mantener una conversación con ella en la intimidad.

Seguimos en el salón de la casa del bosque, sentados en los sofás, escuchando un poco de música mientras nos ponemos al día de nuestras vidas.

La de Ashley se llena de datos imprecisos, solo algunas pinceladas de sus últimos meses, desde que el FBI descubrió su paradero en Elberta y escapó antes de ser cazada —conste que esa parte me chirría un poco, no comprendo la ausencia de agentes en nuestras vidas ni cómo es posible que desapareciera sin dejar rastro—.

Menciona un par de hackeos ilegales cuando le pregunto de qué la acusan —otra vez con vaguedades—.

Y, al intentar averiguar dónde ha estado estos meses, apenas me da información.

—De aquí para allá —musita—, pero siempre cerca de ti —añade, llenándome de una extraña mezcla de emociones.

Siento su mirada en mis ojos, su incomodidad y, a la vez, su necesidad, tan intensa como la mía.

Mi inseguridad acerca de sus intenciones de futuro se agrava cuando la interrogo acerca de dónde vive y qué va a hacer a partir de ahora.

—¿Dónde estás viviendo ahora? —insisto.

Se muerde el labio y baja la mirada.

—No tengo un sitio fijo. —Lo dice con inquietud, como si se reservara una parte importante.

Es tan poco concisa, tan inconsistente en su respuesta, que me agarrota los músculos. Y exploto, porque de repente la rotura de la separación vuelve a desmigajarme el corazón, disparando oleadas de ira.

—¿Estarás aquí mañana? —pregunto con una furiosa rabia tiñendo mi tono—. ¿O volverás a largarte con una nota? —Mi cabreo es imparable; la ira me agarra el corazón y revive el dolor—. ¡Ya basta de huir, Ashley! —grito sin medir mi tono—. ¡No puedes desaparecer cuando te da la puta gana!

Me levanto del sofá con un movimiento enérgico, me acerco a ella con el dedo índice levantado. Ella sigue sentada, con los ojos estudiando su regazo, como si no se atreviera a levantarlos para enfrentarse a mí.

—Debo regresar a Texas mañana a primera hora —explica, casi sin voz—.

He venido a explicarte que esto no puede ser, que lo nuestro es imposible.

—Ahora sí, levanta la mirada con lentitud, hasta posarla en la mía.

Se retuerce el jersey con las manos temblorosas—.

Me voy a pasar la vida huyendo, escondiéndome, y tú debes conseguir tus sueños.

—Se le llenan las mejillas de lágrimas—. Te lo mereces.

Me la suda la presencia de Juls y Ralph, hacer un número, quedar como un auténtico gilipollas. No la perderé. No de nuevo. Vivir sin ella no es una opción.

Me acerco mucho a ella, tanto que su calor se cuela por la piel para impactar en mi cuerpo y escucho su respiración acelerada, sus resuellos.

—Quédate conmigo —suplico—. Pasemos las vacaciones juntos. Ash, no vuelvas a abandonarme.

—Yo… —Aprieta los labios—. No es tan sencillo…

Levanta la mano como si fuera a apartarme, pero la deja caer.

La abrazo. Ese temblor en su cuerpo, las lágrimas, los jadeos cargados de dolor, su desesperación. ¿Por qué nos hacemos esto? ¿Por qué en vez de ser felices nos alejamos?

Pasamos unos segundos quietos, abrazados.

Su cuerpo palpita entre mis brazos; el mío responde igual. Hay un millar de sentimientos flotando entre ambos, llenando la atmósfera, creando esa burbuja de anhelo donde llevamos viviendo desde su irrupción en mi vida.

—No te fallaré otra vez —susurro dándole un beso en el cabello—. Créeme. Haré lo necesario para mantenerte a mi lado. Te quiero, Ash. Mucho. Demasiado.

Escucho cómo mis dos amigos salen del salón para darnos una parcela de soledad para encarar la dolorosa conversación que viene a continuación.

Ashley posa sus ojos en los míos. Los tiene húmedos, cargados de lágrimas, de palabras, de dolor. Y de amor. Porque, a pesar de todo cuanto nos mantiene separados, el amor crepita entre nosotros como una sentencia cruel a su intención de alejarnos.

—No puedo volver a pasar por lo mismo, Dorian.

—Su voz está rota, como si el peso de la realidad le ahogara las cuerdas vocales—.

¿Cuánto tardarás esta vez en asustarte y hacerme daño?

—Cierra un segundo los ojos y los abre con una inspiración profunda—.

¿No te das cuenta? Eres incapaz de mantener una relación de verdad sin salir corriendo en algún momento, el miedo al compromiso te vence, es más fuerte que tu amor.

Y no quiero exponerte a algo así, ni tampoco debo arriesgar mi corazón.

—Arquea los labios en una sonrisa muy triste—.

Al fin estás donde querías, tienes ante ti ese futuro soñado, puedes llegar a los Dallas Cowboys al terminar la facultad, eres una de las estrellas del equipo, los has llevado a la Fiesta Bowl.

¿Qué pasará si lo dejas todo para seguirme?

¿Cuánto tiempo conseguirás mantenerte a mi lado sin sentir la amargura de haber renunciado a tanto por mí?

—Me la suda todo si no puedo tenerte, Ash.

—Siento cada una de sus palabras clavarse en mi corazón—.

Podemos hacer que funcione, encontrar la manera de no renunciar a nada, continuar juntos en secreto.

Pero no puedo perderte otra vez; tú eres mi sueño, el verdadero, el que lleva atormentándome desde tu huida.

—Le coloco la frente sobre la suya—. Estoy enamorado de ti y no sé cómo hacerte entender que quiero estar contigo, pase lo que pase.

Las lágrimas siguen manando con facilidad de sus ojos azules. Ahora que los tengo cerca y puedo verlos bien, sin esas lentillas grises de antes, descubro pequeñas motas amarillas en el iris; parecen estrellas perdidas en el firmamento.

—Te vigilan —susurra—. Saben que viví en tu casa, no han venido a interrogaros porque desaparecí y piensan que es mejor mantenerse a distancia por si me acerco a vosotros.

—Inspira y sus brazos me cercan por el cuello para acercarme más a ella—.

Si lo intentamos, si nos arriesgamos, será peligroso, difícil y muy complicado.

Deberíamos mantenerlo en secreto, buscar maneras ingeniosas para vernos, ocultarnos siempre.

Y estar preparados por si nos descubren y he de volver a huir.

—Haré lo que haga falta para estar contigo —aseguro—.

Llevo meses sin acostarme con ninguna tía, me has dejado incapacitado para cualquier otra porque solo estás tú.

Te necesito, Ash. Y me da igual dejarlo todo para seguirte y protegerte si con eso te tengo a mi lado.

Porque, joder, no vivo si tú no estás en mi vida.

—¿Y si…?

La beso para acallar los condicionales de mierda, dispuesto a todo para estar con ella, a todo.

Me dan igual sus reparos, su miedo, si me voy a acojonar en poco tiempo, los sacrificios.

Vivir sin ella ha sido lo peor, y no pienso volver ahí.

La convenceré, y conseguiré no asustarme esta vez porque el calvario de su marcha me ha demostrado hasta dónde está implicado mi corazón.

Y más al volver a sostenerla entre mis brazos.

Me siento en el sofá sin abandonar sus labios, palpándola, escuchando sus gemidos y los míos, subiendo la temperatura otra vez. Cuando nos tocamos el mundo se incendia, se convierte en llamas de necesidad que nos abocan a devorarnos, como si solo estuviéramos completos al fundirnos en uno solo.

—Dorian —susurra entre jadeos—. Ralph… y… Juls.

Intenta advertirme de que no estamos solos. Y tiene razón, lo sé, debo rebajar la intensidad de mi manoseo, no seguir desnudándola, tocándola, deseándola hasta ese punto donde pierdo el sentido. Pero me es tan difícil detenerme…

—Te quiero. —Mis labios lo pronuncian con un tono ansioso, uno cargado de anhelo, renunciando a esos «te odio» de antes, exponiendo mi verdad—. Por favor, Ash. No me dejes solo otra vez, no lo soportaría.

—Ni yo tampoco. —Me ciñe con los brazos en mi cintura—.

Te quiero muchísimo, Dorian. He muerto cada día separada de ti.

Estaba tan mal que me tapaba con una capucha y me arriesgaba a todo por venir a verte.

Pero lo que mi corazón no soportará jamás es volver a una relación tóxica donde no somos felices y solo nos dañamos.

—Confía en mí. —Le dejo un reguero de besos en el cuello—. Estoy dispuesto a quedarme a tu lado sin miedo.

—¿Estás seguro?

—Estos meses sin ti no he levantado cabeza, no he sido capaz de vivir.

—Llego a sus pechos y los beso sobre la ropa—.

Sé que te quiero, Ash. Dame una oportunidad.

—Hago algo que en mi puta vida me creí capaz de hacer: suplico, y me la suda sonar como un panoli.

Ashley es mi perdición—. Por favor. Eres tú, Ashley.

Tú eres todo cuanto quiero. ¡Joder! No puedo quedarme sin ti otra vez. No puedo.

Mis manos le levantan la camiseta para acceder a su piel. Siento un chispazo al tocarla, es como si nunca estuviera saciado de ella, como si no fuera capaz de dejar de notar cómo mis dedos se deslizan por su cuerpo mientras mi boca le humedece la ropa sobre uno de sus pezones y escucho sus gemidos.

—Si… lo… hacemos —susurra entre jadeos—. No podemos… dejarnos ver juntos… Es peligroso.

—Entraría en el infierno por ti, Ash. ¡En el jodido infierno!