12 #3
Dorian resopla con fuerza, se pasa una mano por la nuca y luego niega con la cabeza.
—Ashley está en Texas —anuncia y a mí me sale un «mierda» muy bajito porque ahora viene su explicación, y después la bronca de mis amigos, fijo—. Hay un circuito cerca de Waco donde se celebran unas carreras cojonudas. Dustin no podía correr y Robert me incitó a hacerlo, y yo…
—¿Dustin y Robert? —pregunta Ralph interrumpiéndolo—. Son tus nuevos amigos, ¿no? Los de la fiesta de anoche.
—Los mismos. Aunque quizá deberíamos decir mis examigos después de la pelea…
—Una risa mortificada sale de su boca—. Hace dos semanas me llevaron al circuito de Warren, tenía que ganar unas carreras para hacerme con un puesto ahí.
Bajé a la pista y vi un Mustang parecido al mío entre los participantes.
—Chasca la lengua y sigue divagando, sin explicar los hechos con claridad—.
¿Os imagináis quién bajó del coche? ¡La chica de la capucha!
Os juro que mi corazón se paró en seco. ¡Murió, joder!
—¡Ya estamos con esa chica! —La queja de Juliette me suena a reproche enorme, parece asustada y cabreada—. ¿Le viste la cara esta vez? ¿Puedes estar seguro de que es Ashley?
—Cien por cien. —El gemido de mi amiga no me pasa desapercibido—.
No se quitó la maldita capucha, pero he corrido las suficientes veces contra ella como para saberlo.
Era Ash. Y la muy capulla se escapó. —Su voz se endurece—.
Se metió en el despacho del dueño mientras la esperaba apoyado en su coche, y no salió de ahí.
¡Y me han prohibido volver al circuito! La muy cabrona me ha echado de su vida otra vez.
Hay unos segundos de silencio atronador. Noto el cabreo de Ralph y Juls en la tensión del aire, junto al dolor de Dorian.
—Vale, luego analizamos lo de Ash con tranquilidad. —Ralph es el primero en hablar, y lo hace con más calma de la que imaginaba—. Ahora quiero saberlo todo acerca de la pelea y la relación de Ashley con tu cara partida.
—¡Más bien deberías preguntarte qué coño ha hecho Ashley conmigo!
—El estallido de Dorian nos pilla a los tres por sorpresa.
Se levanta del sillón y empieza a caminar con ansiedad, sin detenerse en ningún momento.
Gesticula con los brazos, se estira el pelo, se pasa las manos por la cara, los agita…
—. Bella estaba en la fiesta, llevamos un tiempo tonteando y anoche se me insinuó con muchísima claridad.
—Se detiene con una expresión de impotencia—.
Y me lie con ella, porque estaba harto de pensar en una capulla que no quiere saber nada de mí.
¡Pum! Escucho el impacto contra mi corazón, seguido del estruendo de resquebrajarse. Pensar en sus labios sobre los de otra, en sus manos tocándola, en sus cuerpos juntos, en cómo entraba en ella… Es como si el aire se detuviera y el tiempo acabara de paralizarse. Duele. Desgarra. Destroza. Hunde.
¿Por qué no puedo erradicarlo de mi interior?
Necesito respirar, arrancarme esta sensación de estar a punto de ahogarme, ese ácido corrosivo que circula por mis venas para derruir cualquier atisbo de felicidad.
—Bella… —La voz de Juls se tiñe de curiosidad—. No me has hablado de ella.
—La conocí hace meses en la universidad —explica Dorian avanzando hacia la cocina, donde empieza a abrir armarios hasta dar con un vaso—.
Es una tía de puta madre. Lista, sexy, guapa, con pasta, clase y sin mierdas de capuchas ni esa manía de ser una escapista profesional.
—Su tono es airado. Llena el vaso de agua en el grifo y se lo lleva a los labios—.
Pero claro, no es Ashley. —Esta última frase la dice con dolor—.
Por eso dije su nombre mientras estábamos en faena.
—Deja el vaso en la encimera y se cubre la cara con las manos—.
Y no pude acabar. ¡Joder! —Se destapa un poco los ojos y les lanza una mirada cargada de ansiedad—.
La muy capulla no se me levanta si no es con Ashley.
Y claro, Bella se cabreó y me mandó a un par de amigos para que me partieran la cara por haberla engañado.
Porque, ¿a quién se le ocurre llamarla Ashley cuando estaba a punto de tirármela?
—Bueno, ella tampoco estuvo muy a la altura si consiguió que te dieran una paliza —puntualiza Ralph—. Tan buena tía no es…
—Ella solo se cabreó y se lo explicó a sus amigos, y a ellos se les fue de las manos. —Veo cómo le da un larguísimo sorbo al vaso de agua—. O sea, a mí solo me increparon, pero quizá me puse un poco gallito…
—Vamos, que sacaste los puños como un campeón —ironiza Juliette.
—Dustin y Robert no levantaron ni un dedo. Tampoco lo hizo Bella, así que me largué, y llevo desde entonces bebiendo en bares. Ese carnet que nos hizo Ashley hace un tiempo es cojonudo, me consigue alcohol en cualquier parte.
Hay una pausa en la conversación. Dorian se termina el agua, llena otro vaso, se lo bebe de una sentada y camina un poco zozobrante hasta sentarse en uno de los sofás.
—Necesito que la encontréis —dice con un tono somnoliento, como si el alcohol de su sangre le indicara la necesidad de dormir la mona—.
Id esta noche al circuito donde sigue corriendo, hablad con ella, conseguid información de dónde está.
—Se le cierran los ojos, como si el sueño lo fuera venciendo por segundos—. Localizadla, por favor.
—¿Y si no quiere saber nada de nosotros? —aventura Juliette, claramente asustada—. Las pistas que ha dejado hasta ahora son bastante contundentes. Se escapó, te han prohibido el acceso al circuito…
—No me hagas suplicar, Juls. —Suena destrozado, y esa realidad me parte el alma—.
Trémela de vuelta. Por favor. Yo lo he intentado todo, incluso esperar a ver su coche aparecer a la hora de salir del circuito, pero ni así.
Desconozco cómo se mueve porque su Mustang se queda ahí y todavía no he descubierto cómo se larga o llega.
—Vale, tío —acepta Ralph ante una mirada fulminante de su novia—. Pero ahora deberías dormir un poco.
Dorian asiente y se estira en el sofá con la mirada velada por el sueño y el alcohol .
—He bebido José Cuervo toda la noche —susurra cuando Ralph lo tapa con una manta—. Me recuerda a Ash. ¿Por qué no puedo quitármela de la cabeza? No lo entiendo, tío. Estoy enfermo.
El dolor me recorre las entrañas. A pesar de la inminente discusión con mis amigos, es como si todas mis decisiones se tambalearan.
Los dos estamos sufriendo, y eso debe terminar.
No puedo seguir negándome mis sentimientos ni mis deseos.
Espero hasta que su respiración es regular, sin moverme, sin dejar de mirarlo, sin ser capaz de rebajar mis jadeos acelerados ni los latidos demasiado intensos que me aporrean las venas y pulsan en mil lugares de mi cuerpo.
Está tan cerca, pero a la vez tan lejos…
Y, de repente, lo sé, entiendo que no puedo continuar luchando contra mi amor, aunque eso signifique convertirme en una posible arma contra nuestra serenidad.
Debo acabar con esta situación de cuajo, encontrarle una solución para siempre.
—Ya puedes salir. —No me he dado cuenta de que Juliette ha entrado en la habitación y me está hablando—.
Va a dormir durante unas horas. Evitaremos que pase a tu zona mientras esté aquí, pero después vamos a tener una larga charla los tres.
Solo puedo asentir, con un millar de lágrimas humedeciéndome los ojos.
Salgo de puntillas y me acerco a él un segundo, con el corazón latiendo demasiado rápido, rompiéndose, haciéndose añicos.
Le acaricio la mejilla con delicadeza y me quedo mirándolo un instante antes de desaparecer en mi habitación cargada de determinación.
Ha llegado la hora de tomar cartas en el asunto.