Nunca te perdonaré (Recuerda 2) 11
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DORIAN

¡Será capulla! No dejo de recordar con rabia la irrupción de Ashley en la carrera, cómo logró escaparse hace dos sábados y consiguió que me negaran la entrada en el circuito de Warren Travis de por vida.

Y sí, catorce jodidos días después sigo recordando su desplante, odiándola cada vez más, con unos deseos inmensos de devolverle el golpe.

Pero no tengo ni idea de cómo hablar con ella porque la semana pasada intenté colarme en la carrera y me fue imposible.

Saber que estaba ahí y no podía entrar fue como si me quemaran la piel con ácido. Necesitaba verla, joder.

Me machaco todavía más en la máquina de remo, la fuerzo al máximo, con un peso casi extremo.

Quiero quemar mi rabia y mi frustración, por eso me levanto cada día a las seis y me paso dos largas horas en el gimnasio del complejo, tras agobiantes noches de poco sueño donde la única constante es Ashley.

Robert y Dustin han intentado averiguar qué le pasó a Warren ese día, por qué me niega la entrada en su circuito de nuevo y los dos seguratas apostados en la entrada tienen órdenes de no dejarme pasar.

Ambos sabemos que el público flipó con mis habilidades en la pista y quieren repetir la hazaña.

En este tipo de carreras los dos primeros clasificados ganan mucha pasta, y en las apuestas también se intercambia un montón de dinero.

Nos hemos hecho bastante amigos desde ese día. Ashley los dejó boquiabiertos, como a mí en esa primera carrera que compartimos en el circuito de Elberta hace años, cuando descubrí de lo que es capaz de hacer al volante.

Entonces solo me cegaba mi deseo de vengarme de mi padre, de sus puños, de las palizas y de su forma de hacerme sentir un mierda siempre. Pero ahora… Solo está ella. Ashley…

¿Por qué cojones no desaparece de mi cabeza?

Resoplo con mucha rabia y fuerzo mi cuerpo desafiando la física para mover los remos a una velocidad demasiado alta para ese peso.

Pero me la suda el pinchazo que siento en los cuádriceps, en los bíceps, los tríceps y en un montón de músculos más.

Intento arrancarme a Ashley McGregor de la mente y del corazón, y si para ello he de machacarme hasta la extenuación, lo haré sin dudarlo.

Quiero hablar con ella. Hundirme en su interior, besarla, abrazarla, tenerla...

Sí, joder, mi cabeza es un puto mareo constante, oscila entre la rabia y el deseo.

Por suerte, mis nuevos amigos no se percataron de los lazos entre Ashley y yo, porque de momento quiero mantenerlos ocultos, como hace ella con la capucha.

Es mi oscuro secreto, uno que me llena de contradicciones y se me agarra al corazón para acelerarlo y retorcerlo con sentimientos para nada centrados.

Una hora, y bastante esfuerzo físico después, sigo fustigándome con los mismos pensamientos bajo la ducha de mi apartamento, mientras mis manos hacen un trabajito ahí abajo.

Tengo la sensación de que la maldición de Ash se ha quedado asida a mi cuerpo, como lo hizo hace años la de mi padre. Es como si solo pudiera funcionar focalizándome en una venganza, y a la vez el anhelo de tenerla me volviera un ente cargado de lujuria.

Salgo al salón envuelto en una toalla. El piso está muy solitario desde la marcha de Ralph.

Y lo noto de una forma desquiciante. Llevaba desde muy niño con él a mi lado, y ahora siento el vacío que ha dejado, de la falta de las risas de Juliette al visitarnos los fines de semana, de las tardes de peli con Ralph, de la compañía.

Van a venir el próximo finde , y hoy hemos quedado para comer en Dallas, antes de la fiesta en casa de Robert, pero no es lo mismo.

Les va bien en su nueva vida, y no puedo evitar sentirme cabreado por mi exclusión de ella. La mía está más vacía que nunca. Es como si me tocara volver a empezar desde cero. Y eso me lleva inexorablemente a Ashley a todas horas, a recordarla y a añorarla.

Cuando los veo juntos, tan bien, tan felices, tan capaces de iniciar este proyecto en común, es como si las piezas de mi corazón se resquebrajaran hasta convertirse en polvo. Nunca había creído en el amor, ¿por qué narices estoy celoso de ellos y es Ashley en quien pienso en estos momentos?

El sonido de mi móvil me despierta de mis ensoñaciones. Me doy un golpe en la pierna para castigarme y camino con decisión hasta mi habitación, donde respondo a Bella, con quien he quedado un par de veces estas últimas semanas para tomar café y con quien he hablado otras tantas por teléfono.

Ha venido a algunos de mis partidos, acompañada de sus amigos, y me cae de puta madre, es menos complicada que cierta fugitiva profesional, aunque de momento no ha habido nada de toqueteo, ni besos ni gilipolleces de esas, porque, muy a mi pesar, mi corazón sigue empeñado en latir solo por una chica y mi polla es una ingrata que se niega a ponerse firme con otra.

Ya le enseñaré yo modales a esa, porque ni en broma voy a seguir con el celibato después de la última aparición de Ashley y su cobarde huida.

—¿Vas a ir a la fiesta de Robert? —pregunta Bella, coqueta, nada más darle a la tecla verde—. Es en su casa de Dallas. La mía está cerca y he pensado que ya va siendo hora de pasar a la acción, ¿no crees? Quédate a dormir conmigo esta noche, estoy sola en la mansión…

¿Por qué su invitación a compartir cama me agria la expresión? ¡No me apetece llegar tan lejos con ella! Jodida Ash.

—Llegaré puntual a la fiesta —contesto, sin responder a su proposición—. Robert me invitó hace unos días, y antes he quedado a comer con unos amigos que viven en Dallas.

—Cuento las horas para verte. —Su voz se vuelve susurrante—. Piénsate lo de la noche. Mi cama estará muy agradecida de tener compañía.

Me manda un beso antes de colgar, y otra vez las interferencias de Ashley se interponen en mi mente. ¡Será cabrona!

Pero, a pesar de mi rabia, sé que esta noche no dormiré con Bella.

En una semana empiezan los exámenes finales y después, si logramos llegar a una de las Bowls para disputar la semifinal de los playoffs , tendré siete días libres de entreno, hasta el veintisiete de diciembre, día en el que se inician de nuevo para darlo todo y llegar a la final del campeonato nacional.

Esta noche tengo previsto pasármelo de puta madre, estoy decidido a olvidarme de Ashley, de las horas de estudio que me quedan por delante y de cómo me afectará volver a Elberta para pasar las fiestas con mi familia sin ella.

Miro un segundo al teléfono y me imagino desnudando a Bella, pero mi cuerpo no quiere colaborar, y no es ella la que acaba en mi fantasía…

Mi cabreo alcanza una cota imposible.

Gruño y dejo el teléfono sobre la mesilla para prepararme un batido de frutas y recuperarme un poco del intenso entreno de hoy.

Ralph me ha enviado la ubicación del restaurante de Dallas donde nos encontraremos este mediodía, a una hora un poco tardía, porque saldré del entreno a las diez y tengo tres horas y media hasta allí.

Me apetece pasar un par de horas con mis amigos para ponernos al día.

¡Joder! Nunca imaginé que pudiera echarlos tanto de menos.

Y quiero contarles en persona lo de Ashley, pedirles ayuda, enviarlos a la próxima carrera para que la intercepten.

Ellos son los únicos que pueden hacerlo, y hoy es una ocasión perfecta para explicarles lo que pasó, que la he encontrado, que sigue corriendo como una suicida al volante.

Fliparán cuando descubran dónde está nuestra amiga.

Me visto con la equipación de fútbol, le guiño el ojo al póster de Denton Gardner y vuelvo a pensar en ella, en su habitación de Elberta, en esa foto colgada sobre su cama, en cuando me metía entre las sábanas a su lado por las noches, en su cuerpo abrazado al mío, en su respiración mientras dormía, en su olor…

¡Joder! ¡Estoy fatal!

Robert ha estado investigando acerca de la misteriosa chica de la capucha y sé que sigue corriendo con Warren bajo el nombre de Rebeka Harris.

Según parece, tiene los documentos en regla y es la campeona indiscutible del lugar.

Ha ganado bastante pasta y, como no, ha superado la mayoría de récords en un par de semanas.

El entreno de hoy es bastante duro.

Ayer ganamos con poca ventaja y el entrenador está decidido a hacernos papilla por darles a los contrarios la opción de vencernos.

Llevamos casi toda la temporada invictos, bajar el ritmo es un error.

Comparto con mi equipo algunas tácticas que hemos preparado con Cunning y los motivo tras la charla inicial.

Una vez en el campo, me ocupo de centrar el juego y distribuirlo a las órdenes de nuestro querido entrenador. Y lo hago increíble, anoto un montón de puntos y me doy cuenta de que el mosqueo me ayuda a dar lo mejor de mí en el juego.

Como siempre, las groupies se apostan a la salida del vestuario una vez duchados y listos para enfrentar la noche, deseosas de pasar un buen rato con alguno de los jugadores estrella, y se me echan encima con rapidez.

Hay algunas animadoras que están muy buenas, la capitana es la más insistente de todas conmigo, desde mi llegada no deja de lanzarme insinuaciones nada sutiles.

Usa el trillado discurso de lo bien que pega el quarterback con la capitana de animadoras.

Pero ya cedí una vez a ese estandarte y fue la peor decisión de mi vida.

La rechazo de nuevo y me doy cuenta de un detalle: el antiguo Dorian no hubiera dudado, pero este…

«¡Joder, Ash! ¿Qué has hecho conmigo?».

La furia me invade de camino a Dallas.

Pongo nuestra música rap, la más cañera, la que me trae recuerdos de su sonrisa, de ella en el taller de su casita del bosque, con el mono manchado de grasa y las manos en el motor.

De nuestras guerras de agua con la manguera.

De esos meses idílicos que pasamos juntos y que estropeé dejándola por Sasha.

Y me vengo abajo.