6 #2
—No vuelvas a exponerte de esa manera —solicita con la voz más calmada—. Si quieres verlo como Ashley, planifiquémoslo para que salga perfecto. Ya sabes que si necesitas mi ayuda para hablar con él sin peligro, estoy dispuesta a todo. Pero no cometas más locuras.
—Vale. —Asiento con los dedos cruzados en la espalda.
Juls suspira y se deja caer en la silla que hay frente a mi mesa.
Yo vuelvo a girarme hacia las pantallas en absoluto silencio.
Ambas permanecemos calladas un par de minutos, interiorizando la situación.
Sé reconocer el rumbo de sus pensamientos sin necesidad de preguntarle, la conozco demasiado.
Está convencida de que debería darle una oportunidad a Dorian.
Pero yo no lo tengo claro, no sé si sería capaz de enfrentarme de nuevo a uno de sus desplantes, a esa toxicidad de antes.
A su forma despiadada de hacerme pagar cada uno de mis actos.
—¿Cómo sales de casa? —pregunta Juliette de repente, con una voz alarmada—. ¿Te pueden pillar tus primos?
—Hay una puerta secreta escondida en el garaje del circuito —explico—.
Cuando mi abuelo descubrió quién era Albert en realidad, la instaló, junto al equipo de seguridad.
Y mi padre compró una moto con los fondos ocultos hace mucho tiempo para moverse con libertad si quería salir de aquí.
—Mencionar a mi padre me produce una sacudida en el corazón.
Él fue el precursor de tener siempre una gran cantidad de dinero imposible de rastrear por si alguna vez era necesario.
Y mis dotes informáticas fueron las responsables de ocultar muchas de sus operaciones secretas, como la compra de la moto, el pago del garaje donde la guardamos y otras muchas transacciones similares—. Algunas veces me llevaba con él…
Los recuerdos regresan. Esas tardes de sábado abrazada a mi padre mientras conducía hacia algún paraje solitario donde pudiéramos pasar unas horas solos y felices.
A lomos de esa moto recorrimos de forma anónima muchos lugares.
Nos perdimos en las montañas, en las playas, en algunos pueblos.
Tomamos helados, tacos, zumos, batidos y un sinfín de comida diferente y sabrosa.
Disfrutamos de nuestra compañía mientras Garrett y Simon gozaban de su intimidad.
Salir de la mansión Reynolds sin sentir el peso de la Madison pública, sin tener que fingir, siendo yo misma, era tan maravilloso.
—Bueno. —La voz de Juliette me devuelve a la realidad—. Como mínimo has tomado alguna precaución. Pero ¿estás segura de que tus primos no conocen la existencia de esa salida? Porque he visto a Candy en las gradas hoy, y estaba muy interesada en Ralph y en Dorian.
—Sabíamos que intentaría acercarse a ellos —admito limpiándome las lágrimas con la manga del jersey—. Eres la novia de Ralph, han de corroborar una y otra vez lo que le dices a Carl. Es normal que se fije en ellos.
—Pero ¿y si ha visto el gesto de Dorian? ¿Y si te ha descubierto en las gradas?
—Iba con una capucha y vestida en plan motera, es imposible que me reconozca.
Frunce los labios, no muy convencida.
—Yo sabía que eras tú.
—Es muy diferente. Tú sabes dónde estoy, qué hago, cómo me muevo. Y conoces toda la historia, cómo soy en realidad. Has pasado años conmigo, Juls, con mi verdadero yo —razono—. Tanto Dorian como los demás no van a imaginarse nunca que sea Ashley. Lo más lógico es pensar en una admiradora.
—Dorian puede atar cabos —insiste—. Y eso sería un grandísimo peligro porque no tenemos ni idea de cómo reaccionaría.
—Se muerde el labio con ansiedad—. Queda con él en un lugar adecuado, preparemos un encuentro y dile la verdad.
Te quiere mucho. Estaba dispuesto a ir a un psicólogo, a empezar algo público contigo, a llevarte con él…
—¡Basta! —la corto, levantando una mano. No quiero entrar en el mismo bucle de siempre—. No puedo hacerlo. Ya lo sabes.
Asiente con una mirada triste.
—Ambos estáis sufriendo por tus decisiones —susurra.
—Deberías valorar nuestra historia antes de seguir insistiendo. Porque no son solo mis decisiones, las suyas también pesan.
Asiente y aparca su insistencia.
Pasamos lo que queda de tarde en la piscina, tomando el sol y charlando un poco acerca de su fin de semana en Austin.
La imagino en esa fiesta de fraternidad, bailando desinhibida hasta las tantas, pasándolo bien con Ralph, y se me forma un nudo en el estómago al darme cuenta de nuevo de que me estoy perdiendo un sinfín de experiencias de una chica normal de mi edad.
—Jugamos al beer pong y fue divertidísimo —explica entre risas—.
En esa fraternidad tienen una mesa de ping-pong y muchas ganas de emborracharse.
Cogí el puntillo enseguida, y Ralph también.
Conocí a mucha gente, bailé un montón y me quité a varios moscones de encima.
Repetiré, seguro. Aunque el sábado se me pegaron las sábanas y el dolor de cabeza fue infernal hasta media tarde.
—¿Y Dorian? —No debería preguntarlo, lo sé, pero no soy capaz de resistir la tentación y son mis labios los que pronuncian su nombre.
Ella me mira con tristeza. Intuye mi necesidad de saber de él, de tenerlo cerca, de besarlo, de tocarlo, de…
—Se fue pronto a casa —dice—. Está bastante jodido…
—¿Ralph sigue con esa cantinela de venirse a vivir aquí? —No la dejo continuar con un alegato que ambas sabemos a dónde conduciría, a la misma y machacona conversación—. Porque he estado pensando en ello y tengo una muy buena solución.
—Lo tiene decidido y ya lo conoces, es un terco de narices. —Asiente, aunque su expresión muestra disconformidad ante mi negativa a continuar hablando de Dorian—. No quiere dejarnos solas aquí, tiene miedo.
Cuando le conté toda la verdad, Ralph entendió mi forma de actuar y la de Juliette, pero alegó que habíamos sido muy temerarias al meterla en mi casa.
Y más al dejarla mantener una «amistad» con Carl y sus antecedentes.
Le da miedo que nos explote en la cara. Y lo entiendo, de verdad, pero hemos tomado muchas precauciones.
Sin embargo, la idea de tenerlo aquí, a nuestro lado, construyendo un muro de amistad, es perfecta y reconfortante.
A veces la soledad es desesperante y Juliette se merece estar al lado de su novio.
—Tengo un plan —informo—. Nos aprovecharemos de tu amistad con Carl para traer a Ralph a nuestra casa.
—¿Cómo?
Abre mucho los ojos, interesada, y yo sonrío porque mis palabras le van a gustar.