Nunca te perdonaré (Recuerda 2) 5 #3
22%

5 #3

Otra vez la voz en mi cerebro susurra insistente la posibilidad de tenerla cerca, de que sea ella quien me ha encontrado.

Recreo a la chica de la capucha, las sensaciones que me produce, la forma en la que mi cuerpo reacciona a su presencia, y me prometo seguirla la próxima vez para descubrir su rostro.

Si es ella, si está aquí, si la tengo tan cerca…

Un par de horas después estoy sentado a la mesa de una hamburguesería cercana al campus con los chicos de mi equipo, Juliette y algunas parejas.

No les he contado a mis amigos la sospecha que planea por mi cerebro, prefiero corroborarlo antes de hablar.

Cenamos en un ambiente distendido y me voy relajando para permitirme pasarlo bien por unas horas.

La farra de hoy se celebra en una de las fraternidades de la universidad donde residen un buen número de futbolistas.

Como siempre, está llena de alcohol, desfase, música, bailoteo, jugos para beber, desfiles de animadoras y grupies con poca ropa…

La casa es grande, con jardín, piscina y un enorme salón donde solo han dejado los sofás y algunos muebles donde apoyar las copas.

Juliette y Ralph no tardan en ocupar la pista de baile tras darle buena cuenta a su primera ronda de chupitos.

Mis amigos se mueven muy bien, siempre les ha gustado danzar durante horas al ritmo frenético de la música, y es un buen antídoto contra la ansiedad, así que a Juls le irá de narices.

Hace poco, a mí también me encantaba. Pero ahora prefiero tomarme algo en el jardín y dejarlos desfasar a solas.

Me alejo un poco del ruido de la fiesta. La insidiosa voz de mi cerebro me martillea sin piedad. Verlos ahí, divirtiéndose como antes, me trae recuerdos dolorosos.

Mi relación con Ashley siempre fue un secreto. No podíamos decir en voz alta que salíamos: era mi hermana de acogida. Pero Ralph y Juls lo sabían, y venían muchas veces con nosotros a la casa del bosque y montábamos fiestas o bailábamos a la luz de la luna entre risas.

Hay unos peldaños en la solitaria entrada trasera. Me siento en uno de ellos y le doy un trago a mi cerveza.

—¿Un mal día? —Una voz de mujer me aparta de mis reflexiones. Estoy en un recodo bastante apartado de la acción y no esperaba compañía.

Levanto la mirada y me encuentro con la rubia que fue a por Ralph hace unas semanas, al salir del entreno.

Como en esa ocasión, no lleva ni un pelo fuera de lugar, viste con ropa de marca, lleva las uñas pintadas con maestría, el maquillaje justo para realzar su belleza natural…

, y eso me cabrea. Ya tuve una de esas en mi vida y me salió mal de narices.

—Preferiría estar solo —suelto con rudeza, sin mirarla siquiera.

—Vaya, eres un borde. —No se corta ni un poco a la hora de decir lo que piensa ni de sentarse a mi lado e ignorar mi afrenta—. No sé qué problema tienes, pero no deberías tratar así a los demás.

—¿Por qué? —La repaso con la mirada y compongo una mueca de desprecio—. Conozco a las de tu clase, solo os importa el aspecto, el dinero y las gilipolleces. Paso.

—¡Qué profundo! —Suelta una carcajada—. No sé quién te ha jodido para pensar así, pero no me conoces y no puedes opinar tan a la ligera sobre alguien de quien ignoras incluso el nombre.

—Acompaña sus frases con una sonrisa—. Soy adicta a la moda, tengo pasta y me la gasto en mi aspecto, aunque también estudio Derecho, me gusta salir a pasarlo bien, no le hago ascos a los planes atractivos y suelo interesarme por un montón de cosas, no solo por mi aspecto. Que también.

—Genial para ti. —Sigo en modo sarcástico.

—Has venido con Brown y su novia… —Señala el interior de la casa—. Parece muy simpática. ¿Te escondes aquí para evitar estar con ellos?

—¡Qué va! —La miro con un conato de ira—. Los conozco de toda la vida, hemos crecido juntos, son pareja desde siempre y nunca he tenido ningún problema con eso. Estoy aquí porque quería pasar un rato tranquilo. A solas.

Coloca su mano sobre la mía, ignorando mis intentos de evitarla y mi última indirecta.

—A mí también me va la tranquilidad. —Su tacto cálido me molesta, así que me deshago de su mano y la fulmino con la mirada.

Ella contesta arqueando los labios hacia arriba, como si mis gestos solo le dieran alas para no rendirse—.

Venga, cuéntame algo de tus amigos. La chica de Ralph no va a esta universidad, ¿verdad?

—Trabaja en Reynolds Oil, es la asistente personal de Madison Gardner —explico, dándome cuenta de que quiere información para ver si puede ligarse a mi amigo. Y decido ser yo quien la disuada—. Y Ralph está loco por ella. No tienes ninguna posibilidad.

—¡Qué fuerte! ¿Trabaja para Madison Gardner? —suelta, impresionada—. ¿Y se lleva bien con ella? ¿Cómo es? Esa chica es tan escurridiza…

—Juliette no la soporta. —Mis cuerdas vocales deciden exteriorizar mi opinión sobre la maldita Madison Gardner—. La trata fatal y es muy exigente con ella. Pero el trabajo está bien y no lo va a dejar.

Noto una mueca de decepción en la rubia. Enseguida se repone y seguimos hablando un poco más acerca de la misteriosa Madison, de lo poco que se sabe de ella, de cómo Juls se queja de su carácter, de la forma en la que se esconde, incluso en su casa…