Germán.
La abrí.
La carta era corta. Dos párrafos en un papel de cuaderno, con el margen torcido, como escrita rápido con miedo a equivocarse.
**Texto para personas que necesitan audio descripción**
Gracias por mostrarme que el silencio no es lo que sobra cuando no hay nada que decir. Es lo que queda cuando ya no necesitas llenar el espacio con nada m´ss para saber que estás bien.
Aquí aprendí a amar el mar y a escucharme.
No lo había hecho nunca. Tú no lo hiciste con palabras, que tampoco usas demasiadas, sino sentándote a mirar el océano sin pedirme que dijera nada.
Me llevaré nuestro tiempo juntos siempre y, cuando tenga preguntas, sabré dóde encontrar las respuestas: en cada latido de mi corazón.
Gracias por enseñarme que la respuesta no está en lo que dices, sino en lo que escuchas cuando por fin te callas.
Cuídate y cuida ese mar tuyo, que lo merece.
Tuya siempre.
Elena
◆◆◆
Lo doblé. Se lo devolví.
Germán lo cogió y volvió a meterlo en el sobre con el mismo cuidado.
—Es tuyo si lo quieres —añadió.
—No. —Negué despacio—. Es vuestro, os pertenece.
Él asintió y yo pensé un rato en la foto de mi madre en la pared. Antes de mí. Fuera de mí. Siendo solo ella.
Entonces sonó el teléfono de Brody.
El tono cortó el aire como una piedra contra un cristal. Brody lo sacó del bolsillo, miró la pantalla y me miró a mí.
—El repartidor.
Me levanté. Le di dos besos a Germán sin calcularlos, que fue lo más honesto que hice en toda la mañana. Cogí a Brody del brazo y Mila gritó un «esperadme, que voy con vosotros».
Salimos corriendo.
Bueno. Yo salí corriendo, incluso por las escaleras. Brody salió a paso largo, que en él venía a ser lo mismo .
Cuando llegamos a la casa, lo hicimos al mismo tiempo que el repartidor.
—Gracias, Ramiro —comentó Brody, mientras yo me quedaba congelada con el resultado entre los dedos, incapaz de hacer otra cosa que mirar el segundo sobre del día.
—Venga, hija, ¿a qué esperas? —me instó Mila.
Los dedos me temblaban.
—No sé si puedo…
Brody y yo nos miramos, él tampoco se movía.
—Vaya par… Muy bien, si no lo hacéis vosotros, lo haré yo. Anda, trae.
La prima de mi madre me arrebató el papel, lo rasgó y sacó el informe. Se puso a leerlo y de pronto alzó el rostro desencajado, con una cara que me hundió el estómago antes siquiera de que abriera la boca.
—No. Puede. Ser.