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Gabe vio que la figura verde de Harry disparaba a su izquierda, sin dejar de correr, y en sus gafas de visión nocturna brotó del arma de la inspectora una explosión blanca.
Se había deshecho del silenciador. ¿De qué iba?
¡Menuda imbécil!, desperdiciando munición para asustarlo y obligarlo a ocultarse.
Apretó el paso, disparando de vez en cuando mientras corría, con la única intención de recordarle que le pisaba los talones y no se iba a acobardar.
Miró un instante hacia la mina, una nebulosa lejana escasamente iluminada desde abajo, con la punta de la inmensa grúa apenas visible a modo de ojo titilante en lo alto de un montón de peñascos.
No habría más de tres kilómetros hasta allí.
Harry lo habría conseguido si hubiera corrido lo bastante rápido.
Pero no. La inspectora Blue no. Ella jamás pondría en peligro la base por salvar el pellejo.
Prefería morir allí fuera antes que hacer algo así.
El soldado sonrió mientras corría. Desde luego Blue merecía puntos extras.
¿Una heroína condecorada sacrificándose por los suyos? Iba a ser una buena presa.
Su sonrisa se desvaneció al ver iluminarse la colina.