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Me deslicé por la escalerilla, más que bajar por ella, hasta la segunda plataforma.
Todo mi mundo se tambaleaba. Las extremidades no me respondían.
Antes de caer en la cuenta siquiera de lo que estaba haciendo, del peligro en que me estaba poniendo, ya reptaba por la primera plataforma hacia la última escalerilla.
No sabía si el tirador seguía disparando.
Me pitaban los oídos y un zumbido grave que lo ahogaba todo.
Whitt yacía inmóvil en la arena, con las piernas dobladas y los brazos en cruz. Me agarré a la escalerilla, tropecé y me cogí a un poste metálico para no caer de bruces en la arena. Andaba como borracha.
No venía nadie hacia el espacio extenso y yermo a los pies de la grúa en el que se encontraba mi compañero. Los disparos los habían hecho retroceder, de modo que solo podían observar, preguntándose si él estaba muerto, si yo sería la siguiente.
Me daba igual. Pensaba acercarme a mi compañero.