Nunca jamás (Harriet Blue 1) 102
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A través del suelo de la plataforma, vi que nuestros agentes tomaban posiciones: uno de ellos intentaba calmar a las mineras histéricas del barracón más próximo mientras se apostaba en la ventana listo para disparar, y otros dos se metían dentro de la estructura de la parte inferior de la grúa.

Whitt y yo seguíamos encogiéndonos con cada disparo cercano; algunos rebotaban sin consecuencias en la estructura de la grúa y otros nos bañaban de chispas.

Whitt disimulaba mejor que yo, que estaba al borde de la conmoción y empezaba a notarme los síntomas típicos de la inactividad: me castañeteaban los dientes, me temblaban las piernas...

, pero, aunque su semblante inmutable negara lo que ocurría a nuestro alrededor, su mano apretaba la mía demasiado fuerte.

—De un momento a otro —masculló, y fue decirlo y cesar el fuego.

Esperamos un segundo o más, y Whitt se levantó de golpe, medio agachado.

—¡Vamos, Harriet! —me dijo.

Debí haber supuesto que, atrapado en aquella anticuada caballerosidad suya, sería el primero en lanzarse de cabeza al peligro, pero, aun así, me sorprendió que se dirigiera a la escalerilla por delante de mí.

No teníamos la certeza de que el tirador estuviera cambiando de posición, o se hubiera quedado sin munición, como esperábamos.

Si uno de nosotros tenía que sacrificarse para demostrar aquella hipótesis, Whitt iba a procurar ser él.

Se deslizó por el borde de la plataforma como una serpiente, apoyándose sobre el vientre, y se agarró a los peldaños.

—Tranquila —me dijo, mirándome un instante—. ¡Vamos!

El disparo le dio en la parte superior de la espalda.

Whitt se desplomó sobre la escalerilla, resbaló y desapareció de mi vista.

Chillé, proferí un alarido agudo y potente, solo interrumpido por mi propia determinación de abalanzarme sobre él y agarrarlo, pero, cuando alcancé los escalones, Whitt ya no estaba.

Lo oí rebotar con un golpe seco y espeluznante en la primera plataforma y caer después a la arena como un saco de patatas.