Nunca jamás (Harriet Blue 1) 92
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Ya era de noche cuando empecé a oír ruido. Whitt canturreaba, según él, para olvidarse de que se estaba haciendo pis.

—¡Calla, calla! ¡Escucha!

—¡Eeeooo! —se oyó a alguien gritar en medio del viento—. ¡Eeeoooooo!

—¡Socorro! —chillé yo. Subí la escalerilla lo más rápido posible, con todo el cuerpo entumecido de estar sentada en aquel espacio tan reducido y con aquel calor—. ¡Ayuda! ¡Estamos aquí!

Aporreé la escotilla. Whitt se levantó y golpeó la escalerilla en la que yo estaba subida.

—¿Tú crees que nos conviene hacer esto? ¿Y si son ellos?

—Me da igual que sean ellos —repliqué—. Yo voy a salir de aquí. ¡Socorro! ¡Ayuda!

Se hizo el silencio. Seguí berreando, confiando en que la visita me oyera. Empezó a caer un chorro de arena por los orificios de bala. Continué aporreando la escotilla, aguzando el oído en el silencio agobiante que se producía entre mis esfuerzos.

—¿Dónde coño estáis? —preguntó una chica.

—¡Ay, Dios, estamos aquí! —grité—. ¡Debajo del coche! ¡Ayúdanos!

Dos voces, intrigadas y algo asustadas; luego el crujir de la retirada de la arena que cubría la escotilla. Me sorprendió la cantidad de ella que el viento había traído durante nuestro cautiverio. Al cabo de un minuto o así, vi un ojo azul que me miraba.

—¿Qué cojones es esto?

Shamma levantó la piedra que retenía la escotilla, giró la tapa, la retiró y cayó de espaldas cuando salí a gatas del pozo.

—¡Madre mía! ¡Gracias! ¡Un millón de gracias! —Me desparramé en la arena al lado de la joven activista—. Ay, eres la mejor persona del mundo.

—¿Qué coño hacíais ahí dentro? —preguntó Shamma—. ¿Dónde está Richie?

—Lo han detenido —contesté, inspirando el aire limpio del desierto—. No tardará en volver. Hemos bajado a curiosear y nos hemos quedado atrapados. ¿Y tú qué haces aquí?

—Hemos venido a por hierba, ¿a qué si no? —rio Shamma—. No podemos entrar en la mina. Ha pasado algo.

—¿Qué ha pasado? —pregunté.

—No sé —respondió la cría encogiéndose de hombros y enroscándose en la oreja una rasta de color púrpura—. No han parado de dar avisos por megafonía en toda la tarde.