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Linebacker soltó una carcajada desdeñosa.
—Esta es tu idea de operación secreta, ¿no? —le espetó—. Superprofesional. Me mandas al maricón ese para que me saque de aquí y luego te pones a revolverme las cosas como un buitre carroñero.
Whitt entró en el barracón, y la vergüenza que sentía desapareció de inmediato al ver el enorme rifle negro que había en la cama.
—¿Te importaría explicarnos esto? —le dije a Linebacker señalando el arma.
—Parece un arma —contestó, sonriendo sin ganas.
—Interesante —dije yo, sonriendo también—, porque, si no recuerdo mal, la única arma permitida es la de la garita de guardia.
—Muy lista —replicó el otro.
—¿La de la garita sigue bajo llave?
—Por supuesto.
—Entonces, ¿qué cojones es esto? —le solté.
Fue a coger el rifle y yo me levanté como un resorte y amartillé la pistola. Whitt también había sacado la suya y la sostenía firme con ambas manos en la culata y el cañón casi pegado a la oreja de Linebacker.
—¡Ni se te ocurra moverte!
—¡Manos arriba!
—Muy bien —contestó Linebacker, inmóvil, con la mano a escasos centímetros de la culata del rifle—. Cógelo tú, entonces.
Lo pensé por un momento y bajé la pistola con cierta desconfianza.
Cogí el rifle y agarré el cerrojo. Intenté echarlo hacia atrás y descubrí que no encajaba, le faltaba el resorte.
Al deslizar el dedo de forma natural hacia la guarda del gatillo, vi que no había gatillo.
Volví el arma de lado. La ranura del gatillo estaba vacía.
Linebacker reía satisfecho y yo me quedé con el rifle en las manos, contemplando el lustroso cuerpo negro.
—Ya no eres tan lista, ¿no, niña?
—¿Dónde están las piezas que faltan?
—No existen —respondió con desdén—. Tengo un colega en el ejército que me va mandando el arma por piezas.
Cada seis semanas pide una pieza de repuesto a la armería para no despertar sospechas y me la envía por correo.
Le falta el gatillo, el percutor y el resorte del cerrojo.
Dentro de..., yo qué sé, tres meses..., tendré el arma completa y sin registrar.
—¿Y para qué quieres un arma así sin registrar?
—¡Para venderla, lerda! ¿Tú sabes lo que le puedo sacar a un arma de ese calibre imposible de rastrear? —Me miró con los ojos entornados—. ¿Eres cortita o qué? —Observé el revoltijo de cosas de la cama. Linebacker cogió el rifle y me apuntó a la cara—. ¡PUM! —bramó y empezó a reírse a carcajadas.