Nunca jamás (Harriet Blue 1) 69
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Dormí a trompicones, saltando de una pesadilla a otra.

Soñé que pedía auxilio desde el fondo del pozo de la mina, que le aullaba al minúsculo círculo gris de luz de la superficie, con las piernas atrapadas bajo el cadáver de Amy.

Cuando no estaba en el pozo, estaba en mi cama, paralizada por el pánico.

Una figura oscura deambulaba por mi cuarto, tocando mis cosas, observando a Whitt mientras dormía.

Un golpe fuerte en el costado del barracón me despertó bruscamente. Whitt no estaba.

Salí de la cama y abrí de golpe la puerta en bragas y camiseta de tirantes. Shamma, la del pelo púrpura, estaba allí, con la gorra calada hasta las cejas.

—Podría meterme en un lío muy gordo por esto —dijo, mirando hacia el fondo de la zona de barracones, y me dio unos papeles.

—¿Quieres pasar? —le propuse.

—No —contestó a la vez que botaba nerviosa sobre los talones—. Me tengo que largar antes de que Ocean se dé cuenta de que he salido del campamento. Nos ha aleccionado a todos para que no hablemos con nadie de la mina hasta nuevo aviso.

—¿Por qué ese empeño en teneros calladitos? —pregunté—. ¿No quiere que pillemos al que está haciendo esto?

—No sé, tía —suspiró la joven—. Yo no me entero de nada. Solo estoy aquí, en el desierto, para que cierren la mina. Intento cumplir mi sueño, ¿sabes? No me apetece verme implicada en asesinatos ni mierdas de esas.

—Shamma... —La agarré de la camiseta para retenerla—. ¿Tú crees que hay alguien en vuestro campamento lo bastante peligroso como para ser responsable de esto?

La joven forcejeó.

—Mira, colega, es en la mina donde está la gente chunga —replicó—. Hace como un mes, yo andaba por aquí haciendo looping y un tío me cogió y me tiró al suelo, superfuerte, tía. Y luego me escupió.

—¿Te escupió?

—En la cara. —Volvió a mirar la valla de reojo—. Me llamó harshee .

—¿Qué es harshee ?

—No lo sé, pero jamás me habían tratado así, ¿sabes?, como si fuera peor que escoria. He estado ya en unas cuantas protestas y es duro, pero no tanto. Yo creo que, si no hubiéramos estado a la vista de todos, ese tío me habría hecho daño de verdad. Me pareció que se lo tomaba como algo personal.

—¿Le viste la cara? —pregunté—. ¿Puedes describírmelo?

Shamma se zafó de mí y salió corriendo, soltándome unos papeles antes de huir.

Los miré y eran impresiones de baja calidad de dos de las cámaras del campamento de EarthSoldiers.

Una de ellas estaba situada en un lado, al fondo de la cueva, sobre un grupo de activistas que dormían en esterillas en el suelo, algunos en grupos y otros solos, despatarrados.

Al principio no entendí qué pretendía dándome aquellas imágenes, hasta que, entre los riscos que se veían por la boca de la cueva, detecté una forma.

Era la figura oscura de un hombre que cruzaba el campamento entre los todoterrenos, con un arma grande al costado.