Nunca jamás (Harriet Blue 1) 61
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Mis puños golpearon el saco de la sala de descanso con un ¡zas!

reconfortante y el impacto me produjo sacudidas en los antebrazos que me subieron hasta los hombros y me cruzaron el pecho.

Retorciéndome, le metí al saco un par de ganchos laterales, retrocedí dando saltitos y le pegué a mi enemigo imaginario en toda la cara.

No me costó centrarme en el entrenamiento: tenía muchos adversarios en la mente.

A Nigel le estaba pegando fuerte en la cabeza por detener a mi hermano.

A Linebacker le estaba dando un golpe a traición en el estómago por reprenderme como si fuera una cría.

A Burns le estaba atizando en los riñones y me lo imaginaba doblándose de dolor y desplomándose en la colchoneta.

Al girarme, vi a tres mineros en la puerta de la sala de descanso, mirándome. Escupí en el suelo y cogí la botella de agua.

—¿Me queréis hacer una foto? —espeté, y se largaron.

Al volver al barracón, vi a Shamma y a otra chica de EarthSoldiers junto a la valla, escondidas detrás de una enorme plataforma elevadora.

Estaban en cuclillas y, con unos prismáticos, estudiaban la zona de camiones entre las ruedas de la máquina.

Seguí su línea de visión, pero no vi nada.

Cuando asomé de pronto por detrás de una de las enormes ruedas de la plataforma elevadora, las dos gritaron de sorpresa.

—Señoritas...

—¡Joder, nos has dado un susto de la hostia! —exclamó Shamma—. ¿Qué te ha pasado en la cabeza?

—Nuestro sospechoso me ha dado un cacharrazo —contesté, palpándome los puntos—. Ninguno de los vuestros estuvo en el campamento anoche, ¿verdad?

Las chicas se miraron. Shamma iba a decir algo, pero su amiga la interrumpió.

—Ocean dice que no ayudemos con la investigación —contestó.

—¿Qué?

—Nos tenemos que ir —añadió tirando de Shamma.

La joven del pelo púrpura se levantó deprisa, mirándose las sandalias enterradas en la arena.

—Quienquiera que sea mató a Danny —masculló Shamma.

—¿Erais pareja, Danny y tú? —pregunté.

—Shamma, vámonos. —La amiga ya reculaba.

—Más o menos —contestó, y me miró a los ojos.

Se agarró al alambre de rombos de la malla metálica y, cuando por fin habló, lo hizo rápido y en voz baja—.

Ocean y un par de tíos estuvieron de looping anoche.

Además, tienen grabaciones de las cámaras, ya sabes, las del blog, de cosas que os podrían ayudar, pero no sé si os las darán. Creen que vais a por ellos.