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Aparté a empujones a los hombres y mujeres horrorizados que intentaban apelotonarse a mi alrededor a la entrada de la mina.
Debía de tener muy mal aspecto, porque algunos cogieron el teléfono y gritaron instrucciones.
Me dio igual. Volví derecha a nuestro barracón.
Habían llamado a Whitt, claro, porque salió a mi encuentro vestido solo con el pantalón del pijama de rayas, y con un grueso vendaje blanco en el brazo que le había arañado la bala.
—¡Joder! —exclamó cuando me acerqué a él—. Blue, ¿estás...?
—No, no estoy bien. Ese tío está aquí. Acabo de...
Yo estaba... en la mina. —Me notaba una opresión en el pecho.
Sabía que era por la conmoción. Lo había visto montones de veces en mi trabajo.
Si conseguía aguantar, se me pasaría. Me lo aporreé fuerte para que el aire se moviera—. Hay un agujero... El asesino...
La conmoción es distinta en cada persona: a algunos les da el hipo, a otros les castañetean los dientes, otros se derrumban, se quedan catatónicos. El organismo no puede gestionar la sobrecarga de pánico absoluto, la adrenalina que entra en el sistema circulatorio. Tosí y me erguí.
—Blue, siéntate.
—No, no, que el asesino está aquí...
—¡Siéntate!
—¡Necesito... un transmisor!
Whitt me agarró por los hombros y me miró a los ojos. Me habló muy despacio.
—Tienes un agujero en la cabeza del largo de mi dedo índice.
Lo miré. Me enseñaba un dedo.
—Ah.
Me senté en los escalones del barracón. Whitt entró corriendo a por una toalla de manos con la que me apreté la sien derecha. No me sentía la herida. Tenía frío.
—¿Qué hago? —preguntó.
—Evacúa la mina. Pon el campamento... en confinamiento. Que vuelva la directiva. Pídeme un sanitario. Ve a por mi móvil. Busca a Gabe. Él nos ayudará.
Whitt entró enseguida en el barracón a buscar su móvil.
Se había corrido la voz sobre el asalto y los mineros iban saliendo despacio de sus barracones para curiosear.
Vi a dos de las bilbis en la ventana de enfrente.
Saludé, sin saber si me daba más vergüenza que rabia.
Al agachar la cabeza, observé que tenía la blusa y los pantalones empapados de sangre.