Nunca jamás (Harriet Blue 1) 45
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Whitt me siguió al comedor con el móvil pegado a la oreja mientras informaba a su jefe, en Perth, de la desaparición de Amy.

Me encontré a Gabe Carter poniéndose el casco y recogiendo el plato y los cubiertos sucios.

—Amy ha desaparecido —le dije nerviosa—. Quiero un registro completo de la mina. Hay que convocar a todos los mineros y hacer recuento. ¿Cómo activo los avisos?

—Espera..., ¿qué dices? —Gabe meneó la cabeza—. ¿Te refieres a Amy King?

—¡Ha desaparecido!

—¿Cómo lo sabes?

—Fíate de mí, joder —le solté—. ¿A quién tengo que pedirle que me organice una partida de búsqueda por el desierto?

La cara se me había puesto roja y sentía mi cuello en llamas, algo que me sucedía cuando me asaltaba la culpa.

¿Habríamos puesto en peligro a Amy al hablar con ella?

¿La habría visto el asesino salir de la mina con nosotros?

¿La habría considerado una amenaza? ¿Quién andaba por ahí en ese momento?

Había decenas de mineros entrando y saliendo, conduciendo camiones, trabajando en los túneles que brotaban de la veta principal.

No recordaba a nadie en concreto, nadie que me hubiera llamado la atención.

Reparé en que me estaba chascando los nudillos doloridos, mirando al infinito.

—Vale, en la central de Perth ya saben que ha desaparecido —dijo Whitt colgando el teléfono—.

Van a revisar su móvil y sus cuentas y a emitir una orden de búsqueda por Perth y alrededores, pero no mandarán un helicóptero hasta que tengamos la certeza de que no está en la mina.

Una vez esto esté confirmado, harán una petición formal a la directiva.

—Suerte con eso —terció Gabe—. Os va a costar que la directiva evacúe la mina y organice una búsqueda. Si este sitio cierra, hablamos de pérdidas de decenas de miles de dólares por hora.

—No nos precipitemos —le dije a Whitt, más por mí que por él—. Quizá Amy sigue aquí.

—Si no recuerdo mal, esas dos chicas solían visitar el campamento de EarthSoldiers —dijo Gabe—. Cuando no quedaba hierba en la mina, se acercaban unos cuantos. Se llevan bien con ellos. Sé que Tori iba. Puede que Amy haya decidido ir a investigar.

—Ya... —contesté, volviéndome hacia Whitt—. Hay que pasar a verlos. Si Amy no está en la mina, quiero asegurarme de que tampoco anda por ahí.

—Yo me acerco al pueblo por si la han visto allí —se ofreció Gabe—.

Voy a buscar a alguien que me haga el turno.

Si salís al desierto, no seáis bobos —añadió señalándome—.

Llevad teléfono satelital, gorro, protector solar y agua.

Mucha agua. El campamento de EarthSoldiers no estará lejos, pero el desierto tiene lo suyo. No queremos que se pierda nadie más.