Nunca jamás (Harriet Blue 1) 6
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Salí furiosa de la sala de interrogatorios, dándole con la puerta en las narices a mi jefe.

Crucé con determinación toda la comisaría hasta llegar a la sala de investigación de Homicidios mientras decenas de ojos me miraban.

Abrí bruscamente la puerta y vi al desgraciado de Nigel Spader plantado delante de un inmenso tablón de corcho atestado de fotos, papeles y retratos robot pinchados con chinchetas.

Al ver que me acercaba, se encogió pensando que iba a pegarle, pero me contuve y, en lugar de eso, le arrebaté de un tirón la carpeta que llevaba en la mano.

El contenido salió volando por todas partes.

—¡Capullo llorica! —le dije, amenazándolo con un dedo—. ¡Llorica y asqueroso... gilipollas!

Estaba tan cabreada que no me salían las palabras, y eso sí que era raro en mí.

Me costaba respirar. Me ardía la garganta.

No pude contenerme y agarré a Nigel, que me miraba asustado, por la pechera de la camisa arrancándole dos puñados de vello pectoral rojizo y tirándolo al suelo.

Alguien me cogió el puño antes de que pudiera golpearlo.

Dos hombres tiraron de mí para que lo soltara y al tambalearnos caímos sobre una mesa llena de cafés y platos con magdalenas. La vajilla se hizo añicos en el suelo.

—¿Cómo te has podido equivocar tanto? —le grité—. ¿Cómo se puede ser tan inútil? ¡Serás patético...!

—¡Vale ya! —El comisario se interpuso entre los dos y me agarró del brazo—. Inspectora Blue, o se comporta o hago que la saquen de aquí.

Quedé de pronto libre de todos los brazos que me retenían y me tambaleé.

Me reventaba la cabeza. Entonces lo vi. Las tres chicas, los retratos de las autopsias al lado de las fotos facilitadas por las familias, en las que salían sonrientes, al sol.

La huella de una mano en una garganta. Una foto de la mano de mi hermano.

Un mapa de Sídney en el que se había marcado con chinchetas dónde vivían las víctimas, sus familias, mi hermano; dónde se habían encontrado los cadáveres de las jóvenes.

Fotos del interior del apartamento de mi hermano, pero no como yo lo conocía.

Habían sacado de los armarios y de los cajones cosas que yo no había visto jamás.

Porno. Cajas y cajas de revistas, deuvedés, fotos, una cuerda, un cuchillo.

Una camiseta ensangrentada. Fotografías de personas que observaban las escenas del crimen.

El rostro de mi hermano entre la multitud.

Y en medio de todo aquello, una foto de Sam.

La arranqué del tablón y puede ver que estaba doblada por la mitad.

Al desdoblarla apareció mi cara. Era una foto en que aparecíamos los dos juntos.

El flash se reflejaba en los ojos azules de mi hermano.

Estaba claro que nos parecíamos: la inspectora Harry Blue y el asesino del río Georges.