Nunca jamás (Harriet Blue 1) 2
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Danny vio desaparecer al soldado bajo la luz tenue y fugaz de la luna, antes de que las nubes la ocultaran; luego lo envolvió una oscuridad absoluta.

Buscó a tientas la puerta de la furgoneta, la del conductor; tiró de ella, empujó con fuerza la luna trasera, rajada transversalmente por la mitad.

Rodeó corriendo el vehículo e hizo lo mismo en el otro lado.

El pánico se adueñó de él. ¿Qué estaba haciendo?

Aunque consiguiera subir a la furgoneta, no tenía las llaves.

Dio media vuelta y echó a correr hacia el noreste.

¿Cómo demonios iba a encontrar nada en pleno desierto?

La luna asomó de nuevo entre las nubes y le permitió vislumbrar la extensión de arena seca y piedras. Tropezó y cayó por una pendiente, entre jadeos y resoplidos, y la arena se le pegó a la cara y las manos sudadas.

—¡Ayúdame, Dios mío! —gritó—. ¡Ayúdame!

Corrió a oscuras, impulsándose con los brazos, enredándose de vez en cuando en la afiladísima vegetación del desierto.

Llegó a lo alto de una loma pedregosa y vio brillar a lo lejos el campamento, ni idea de a qué distancia.

¿Intentaría llegar hasta allí? Voceó, por si lo oía alguno de los que hacían guardia.

Siguió corriendo, con los ojos clavados en el suelo. Todas las sombras y ondulaciones de la arena le parecían armas. Se abalanzó sobre un leño seco con forma de rifle y, arrodillado, hurgó en la oscuridad. El llanto le agitaba el pecho. Era una tarea imposible.

Lo primero que oyó fue un silbido, más agudo y fuerte que el del viento.

Se irguió alarmado. Al segundo silbido lo siguió un fuerte estallido y, antes de que pudiera atar cabos, se vio tendido bocarriba en la arena.

El dolor le subió rápidamente por el brazo, como una abrasión intensa.

Se agarró el codo destrozado, el repugnante vacío que hasta hacía un momento ocupaban el antebrazo y la mano.

Un gemido agudo le nació de la boca del estómago.

Por delante de los ojos irritados le pasaron imágenes fugaces de su madre.

Rodó hasta ponerse bocabajo y se levantó como pudo.

No iba a morir así. No iba a morir en la oscuridad.