CAPÍTULO 12 ANTES DE LAS CINCO
INÉS
Blanca lee el mensaje antes de que yo pueda ocultarlo del todo.
No sé cuánto ve. No sé si alcanza a leer el nombre de Lara, la palabra filtración o la frase completa que acaba de llegar desde una cuenta desconocida.
Pero algo ve, porque su expresión cambia.
No de forma visible para cualquiera. Su rostro sigue amable.
Solo desaparece una capa muy fina de cordialidad, como si alguien hubiera apagado una luz detrás de sus ojos.
—¿Lara también lo sabe? —pregunta.
La biblioteca se queda quieta. O quizá soy yo la que deja de oírla.
Las páginas que se pasan, los teclados, el murmullo bajo de dos chicas al fondo, todo se aleja hasta convertirse en ruido blanco.
Clara está sentada a mi lado, inmóvil. La hoja sigue en la mesa, con ese texto preparado para mi boca. El móvil está en mi mano.
Y el nombre de Lara acaba de entrar en la conversación como una cerilla.
Bloqueo la pantalla.
—No sé quién me ha escrito.
—Pero menciona a la chica de la polémica.
—No tengo nada que ver con ese mensaje —digo.
—No he insinuado lo contrario.
El silencio cae pesado sobre la mesa. A dos mesas de distancia, una chica levanta los ojos por encima del portátil. Otra finge subrayar. San Griselmo mira incluso cuando parece estudiar.
La directora vuelve a mí.
—Esta situación está escalando más rápido de lo conveniente.
Lo conveniente. No lo justo. No lo verdadero. No lo doloroso.
—Están usando a mi hermano —digo.
La frase me sale con más fuerza de la que esperaba. Esta vez varias cabezas se mueven en la biblioteca. Un par de miradas se levantan. Yo noto el calor en la cara, pero no bajo la voz.
Blanca se inclina ligeramente hacia delante.
—Precisamente por eso conviene evitar que tu hermano se convierta en el centro de un relato que tú no puedes controlar, Inés.
—No quiero controlarlo. Quiero que lo dejen en paz.
—Pero puede que ahora mismo esa sea la única forma de protegerle.
La frase suena razonable.
—Ese texto no lo protege —digo.
Ella baja la vista a la hoja que ha puesto delante de mí.
—Ese texto protege a toda vuestra familia, hay que mirar por el bien común.
—Es que creo que no quiero publicarlo.
Clara deja de respirar un segundo. Blanca no se altera. Eso es peor que si se alterara.
—Comprendo que estés afectada.
—No es eso.
—Claro que lo es. Y es comprensible. Han usado una conversación privada, han nombrado a tu familia y han intentado vincularla con una persona que, desde ayer, se ha mostrado abiertamente hostil hacia ti.
Una persona. Lara desaparece dentro de esa expresión.
—Lara no filtró el audio.
No sé por qué lo digo. O sí. Porque llevo horas bloqueándola y aun así sé que eso no fue ella. Porque su story no sonaba a excusa, sino a límite. Porque si quisiera destruirme, lo habría hecho en el pasillo con una frase más cruel que todas las anteriores y no lo hizo.
—No he dicho que lo filtrara.
—Lo estaba dejando ahí.
—Estoy valorando posibilidades. Deberías hacer lo mismo, esta chica no tiene nuestros valores, ten cuidado.
—Pues valora también que alguien de dentro ha fotografiado la hoja de Blanca Salvatierra. Salió en la cuenta de confesiones antes de que yo llegara a mi habitación. Alguien la fotografió.
—No grabes este texto, como tú quieras, es tu decisión. Pero sí necesitas una respuesta. Y la necesitas antes de que la cuenta anónima publique otra versión. A las cinco tendremos una reunión breve en Comunicación. Te esperamos allí. Sé muy discreta, por favor.
A las cinco. Miro el reloj de la biblioteca. Once y treinta y nueve. La cuenta desconocida había escrito: antes de las cinco. Después será tarde.
—No sé si quiero preparar nada —digo.
—No se trata de querer.
Lo dice demasiado rápido. Por primera vez, algo de ella se descubre. No dura mucho. Enseguida vuelve la voz templada, la mano sobre la carpeta, la sonrisa encantadora.
—Se trata de proteger tu futuro.
Mi futuro. El medio afín. Las prácticas. La voz pública. La chica joven necesaria. La alumna que todavía puede volver a su sitio si no se mueve demasiado.
—A las cinco —repite—. En la sala de Comunicación. Mientras tanto, mejor que no hables con nadie que no sea de confianza.
Sus ojos se detienen en Clara.
—Y que no responda a cuentas anónimas.
Se levanta. Nadie en la biblioteca parece haber escuchado nada, pero todas han escuchado algo. Lo sé por la manera en que las cabezas bajan justo cuando Blanca pasa. Por el modo en que una chica cierra una pestaña del portátil. Por el silencio demasiado limpio que deja detrás.
Cuando la puerta de la biblioteca se cierra, Clara suelta el aire. La cuenta desconocida sigue ahí.
Si quieres saber quién filtra cosas de San Griselmo, mañana a las 11 en la biblioteca de la Politécnica. Lara también lo sabe.
Mañana. No. El mensaje decía mañana porque lo enviaron anoche a Lara, quizá. A mí me ha llegado ahora. La hora, sin embargo, ya está funcionando como una trampa.
—No contestes —dice Clara.
—No iba a contestar.
Abro el chat. Clara me quita el móvil de la mano.
—Inés, cuidado.
—Necesito saber quién es.
—Sí. Y también necesitas no entregar tu ansiedad a una cuenta desconocida que ha elegido escribirte justo cuando estaba aquí Blanca, a lo mejor no es casualidad.
—¿Qué hago entonces?
Clara mira la pantalla. Se queda callada. Demasiado.
—¿Clara?
—Voy a hacer algo que quizá te enfade.
—Eso no es una respuesta.
—No. Es una advertencia.
La veo con su móvil, escribiendo.
—¿Qué has hecho?
No contesta enseguida. Ese segundo me basta para entender que ya lo ha hecho.
—Clara.
—He escrito a Noa.
—¿Quién es Noa?
—La compañera de piso de Lara.
Me quedo mirándola.
—¿Perdón?
—La encontré anoche.
—¿Cómo que la encontraste?
—Instagram. Lara la etiqueta en fotos. No era precisamente una investigación del CNI.
—Le has escrito a la compañera de piso de Lara.
—Sí.
—Después de que yo bloqueara a Lara.
—Precisamente porque bloqueaste a Lara.
Me levanto tan rápido que la silla hace ruido. Dos chicas miran. Me da igual.
—No tenías derecho.
—Lo sé, Inés. Pero alguien está filtrando cosas desde dentro, tú estás encerrada aquí y Lara, nos guste o no, fue la primera que dijo públicamente que usar tu intimidad como entretenimiento estaba mal.
—Lara me llamó peligrosa delante de medio San Griselmo.
—Sí. Y luego dijo que lo del audio estaba mal. Las personas pueden hacer una cosa horrible y una cosa decente en el mismo día. Tú deberías saberlo.
La frase me golpea. Pero sé que no lo dice para herirme, sino para ayudarme.
Me siento otra vez. Las piernas me tiemblan.
—No quiero que Lara se meta más en esto.
Clara me mira con una mezcla de ternura y cansancio.
—Creo que ya está dentro.
No respondo.
La biblioteca se mueve alrededor de nosotras con su calma falsa. Una chica imprime apuntes. Otra recoge un cargador. En la mesa de al lado, dos alumnas de Derecho susurran sobre una práctica. Todo podría ser normal si yo no tuviera la sensación de que cada móvil encendido es una boca esperando.
Clara abre su propio teléfono y me enseña un chat.
CLARA:Soy Clara, compañera de habitación de Inés. Sé que no nos conocemos. Necesito contactar con Lara sin escribirle por Instagram. Es urgente.
La respuesta de Noa aparece debajo.
NOA:Esto suena a una estafa con mejor ortografía.
CLARA:Ojalá. San Griselmo acaba de filtrar un audio donde sale el hermano de Inés. Hay más cosas. Lara publicó sobre ello.
NOA:Dame dos minutos.
Leo los mensajes con el corazón demasiado rápido.
—¿Te ha contestado?
—Hace veinte minutos.
—¿Y?
Clara baja la vista.
—Le he dado mi número.
—Clara.
—Y le he dicho que no vinieran a San Griselmo.
—¿Vinieran?
—No sabía si vendría Lara sola o con ella. No es el punto.
Me llevo las manos a la cara.
Lara con Noa. Lara recibiendo mensajes sobre mí. Lara sabiendo que estoy en medio de esto. Lara sin poder escribirme porque yo la he bloqueado. Lara en Chamberí, quizá riéndose de mí, quizá enfadada, quizá pensando que me lo merezco un poco, o quizá no.
Mi móvil vibra. Número desconocido. No es la cuenta de Instagram. Es un SMS.
No hables en Comunicación a las 17:00. Van a grabarte.
Me quedo helada. Clara lee por encima.
—¿Quién es?
—No hay más datos, número oculto, o al menos desconocido.
—Puede ser una trampa —dice Clara, muy bajo.
—Todo puede ser una trampa.
—Exacto. Por eso no vas a ir sola.
El móvil de Clara vibra. Mira la pantalla.
—Es Noa.
Me enseña el mensaje.
NOA:Lara está con alguien que dice tener capturas. Biblioteca de la Politécnica. Dice que si Inés tiene reunión a las 5, no vaya sin saber esto antes.
Debajo, otro mensaje, recibido justo después.
NOA:Y Lara dice que no intentes arreglarlo grabando. Literalmente: “si graba ahora, la van a usar”.
Miro la hora. Once y cuarenta y ocho.
—Tengo que ir a la Politécnica —digo.
Clara abre los ojos.
—Perdona, ¿qué?
—Antes de las cinco. Necesito saber qué tienen.
—Inés, Blanca acaba de verte recibir un mensaje que mencionaba a Lara. Si desapareces ahora del edificio y alguien te sigue…
—Entonces no puedo salir por la puerta principal.
Clara se queda quieta. Yo también. Acabo de decirlo como si fuera una opción real. Quizá lo es. Clara cierra su libro despacio.
—Habrá que salir por el patio de servicio.
Guardamos las cosas rápido. Demasiado rápido para parecer normales. Clara mete la hoja en su carpeta. Yo guardo el móvil y el cuaderno. Al salir de la biblioteca, noto varias miradas clavándose en la espalda.
Cruzamos el pasillo lateral, bajamos una escalera estrecha y llegamos a una puerta junto al cuarto de limpieza. Clara empuja la barra metálica.
La puerta no se abre.
—No —susurra.
Vuelve a empujar. Nada.
—Está cerrada.
Miro el pasillo vacío detrás de nosotras. Vacío, salvo por la cámara pequeña en la esquina del techo, con su luz roja encendida.
—Mierda, Clara. No sé si nos habrán visto. Y encima ahora la puerta está cerrada.