CAPÍTULO 7 RUIDO DE FONDO
LARA
Inés me ha bloqueado.
Miro la pantalla como si hubiera una forma técnica de discutir con ese dato.
No la hay. Un bloqueo es una puerta cerrada desde el otro lado.
No importa cuántas veces pulses. No importa si tienes razón, si no la tienes o si solo querías decir que no fuiste tú quien grabó el vídeo. El sistema no acepta entrada.
Me quedo en mitad de la acera de Chamberí, con el móvil en la mano y la sensación bastante desagradable de haber perdido una conversación que ni siquiera quería tener.
Eso es lo que más me molesta. Que quería tenerla.
La calle sigue funcionando a mi alrededor con una falta de consideración ofensiva.
Una mujer sale de una panadería con una barra bajo el brazo.
Un perro pequeño ladra a una moto. Dos adolescentes se ríen mirando un móvil.
En una terraza, un camarero recoge vasos con esa violencia limpia de quien lleva demasiadas horas de pie.
Yo estoy parada junto a un portal, bloqueada por una chica de San Griselmo que hace vídeos sobre instituciones y que acaba de convertirse, contra toda lógica, en la persona que más ruido hace dentro de mi cabeza.
El móvil vibra. Noa.
NOA:¿Sigue viva la católica del canal?
Escribo:
LARA:Me ha bloqueado.
La respuesta tarda tres segundos.
NOA:Normal.
LARA:Gracias por el apoyo.
NOA:No digo que me parezca bien. Digo que has entrado en su universidad, la has desmontado delante de testigos, luego alguien ha subido una story insinuando tensión sexual y tú pretendías que te mandara un sticker de buenas tardes.
Aprieto la mandíbula. Noa no necesita estar delante para resultar insoportable.
LARA:Yo no subí la story.
NOA:Ya. Pero vamos, que no me extraña que ahora mismo no quiera verte ni en pintura.
Me meto el móvil en el bolsillo y camino sin rumbo.
Noa tiene razón en parte, y las verdades parciales me molestan casi más que las mentiras completas.
Yo fui a San Griselmo a hacer una pregunta.
También fui a verla reaccionar. No hace falta mentirme.
Quería atravesar la pantalla impecable de Inés.
Quería que su gente la viera dudar un segundo.
Lo conseguí. Luego alguien convirtió ese segundo en entretenimiento. Hay una diferencia. No sé si la diferencia me absuelve.
Llego al piso veinte minutos después. Noa está en la mesa del salón con el portátil abierto, un refresco y una bolsa de patatas. Tiene la cara de las malas noticias: seria de verdad, sin ironía de protección.
—Tienes que ver esto —dice.
—Si es otra story, no.
—Es otra story.
—Entonces no.
—Lara.
Me quito la mochila y la dejo en el suelo.
—Noa, me ha bloqueado. Fin del experimento. Enhorabuena a todos los participantes.
—No es de ella. Es de San Griselmo.
Eso me detiene. Noa gira el portátil hacia mí. La cuenta de confesiones está abierta. Fondo negro. Letras blancas.
Dicen que La Línea Clara ya prepara respuesta.
La siguiente story aparece sola. Una foto borrosa de una hoja. Aun así, se lee el título:
La claridad también es permanecer firme
Debajo hay frases sueltas: “defender el respeto frente a la provocación”, “una opinión no es una agresión”, “la familia no debe redefinirse desde la presión emocional”.
Me quedo mirando.
—¿Qué es eso?
—Parece un guión —dice Noa.
Parece una hoja institucional. Una respuesta prefabricada. Una manera de coger a Inés por la nuca y colocarla de nuevo delante del aro de luz antes de que pueda pensar por sí misma.
Me acerco al portátil.
—¿Quién ha subido esto?
—La cuenta de confesiones.
—No, ¿quién lo ha filtrado?
—Alguien de dentro, obviamente.
San Griselmo empieza a parecerme menos una universidad y más un estómago enorme: traga rumores, los mezcla con moralina, los digiere despacio y luego devuelve versiones limpias de cosas sucias.
Inés está ahí dentro, graba ahí dentro, sonríe ahí dentro.
Y yo he entrado esta mañana como una idiota a darle más comida.
La rabia me sube por el cuello. Noa me observa.
—No pongas esa cara.
—¿Qué cara?
—La cara de voy a hacer algo justo y muy mal pensado.
—Han filtrado una hoja suya. Y encima todo el mundo va a pensar que es cosa mía.
Noa se inclina hacia atrás.
—¿Eso es lo que te preocupa?
No contesto. Porque sí.
Y no. Me preocupa que piense que fui yo. Me preocupa que no pueda escribirle para decirle que no. Me preocupa que esté en algún despacho de madera con una mujer elegante explicándole cómo debe pensar.
Me preocupa Inés. Qué asco.
—No me mires así —digo.
Me siento frente al portátil y abro Instagram en mi móvil. Entro en la cuenta de confesiones. Hay respuestas públicas en otras cuentas, capturas, comentarios.
Esto ya es demasiado.
La Línea Clara haciendo damage control jajaja.
La han pillado tonteando con la ingeniera y ahora toca vídeo de familia tradicional.
San Griselmo nunca decepciona.
Tonteando. La palabra me da ganas de tirar el móvil por la ventana.
Abro mi perfil. Noa me ve.
—¿Qué haces?
—Contestar.
—Lara, si publicas algo ahora, vas a echar gasolina.
—Ya hay fuego.
—Y tú siempre has tenido una relación absurda con los cortocircuitos, pero normalmente no hay una chica reprimida de San Griselmo en medio.
Me levanto.
—No voy a dejar que crean que filtrar esto es activismo.
—Nadie ha dicho activismo.
—Da igual. Hay gente celebrándolo como si lo fuera.
—Puede que sea acoso y puede que Inés siga siendo responsable de lo que publica. Las dos cosas pueden existir a la vez.
—Ya lo sé.
—Pues escribe como alguien que lo sabe. No como alguien que quiere que una chica que la ha bloqueado piense que es buena.
—Joder, odio que tengas razón… Es cierto —digo, sin fuerza.
—Después de comer. Ahora escribe bien.
Noa me tiende la mano.
—Dame el móvil.
Se lo doy. Me siento otra vez, furiosa con ella, conmigo, con San Griselmo, con Inés, con la cuenta de confesiones, con todas las personas que han decidido que una imagen borrosa es una verdad suficiente.
Escribo en notas, porque si lo hago directamente en Instagram me conozco y acabo publicando algo con demasiada rabia.
Primer intento:
Filtrar material privado de alguien para humillarla no os hace mejores que los discursos que criticáis.
Noa lee por encima.
—Bien, pero suena a comunicado de sindicato estudiantil.
—Gracias.
Segundo intento:
Criticar un discurso público es legítimo. Grabar a dos personas en un pasillo y convertirlo en encuesta no lo es. Filtrar una hoja interna tampoco. No confundáis señalar daño con fabricar espectáculo.
Noa se queda callada.
—Ese.
—¿Seguro?
—Ese.
Lo copio en una story. Fondo negro. Letras blancas. Sin mencionar a Inés. Sin mencionar San Griselmo. Sin mencionar que tengo el estómago cerrado desde que vi la hoja.
Antes de publicarlo, me detengo. Noa me mira.
—¿Qué?
—Si lo subo, la meto más en el centro.
—Ya está en el centro.
—Y puede pensar que intento quedar bien.
—Pues que lo piense.
Pulso publicar.
La story aparece. Durante los primeros segundos no ocurre nada.
Después entran visualizaciones. Rápido. Demasiado rápido. Cuentas que no conozco. Gente que debe de estar siguiendo el incendio con palomitas.
Abro la radio de Rosario para no mirar más. Necesito manos. Tornillos. Algo que se pueda ajustar. La radio sigue abierta sobre la mesa, con la carcasa a medio poner y el dial ligeramente torcido. Cojo el destornillador pequeño y aprieto un tornillo que no necesitaba apretar.
Noa me observa desde el sofá.
—La vas a romper más.
—No.
—Lara.
Suelto el destornillador.
El móvil vibra sobre la mesa. Lo miro. No puede ser Inés. Me ha bloqueado. Es una respuesta a mi story.
Una cuenta desconocida.
@san_griselmo_confesiones:Qué rápida defendiendo a La Línea Clara. ¿Ya no te parece tan peligrosa?
Siento que se me endurece la mandíbula. Noa se acerca.
—No contestes.
No contesto. La cuenta vuelve a escribir.
@san_griselmo_confesiones:Tenemos más vídeos. Mejor no te hagas la noble.
Noa suelta una palabra bajísima. Yo miro la pantalla. Más vídeos. ¿Qué significa más vídeos? Del pasillo. Del debate. De Inés entrando en el despacho. De la hoja. De quién sabe qué.
Escribo:
LARA:Borrad lo que habéis subido.
Noa me agarra la muñeca.
—No.
—Suéltame.
—No les des conversación.
Pero ya lo he enviado. La respuesta llega casi al instante.
@san_griselmo_confesiones:Qué bonito. La ingeniera dando órdenes. Mañana subimos el audio.
El audio. Se me queda la boca seca.
—¿Qué audio? —pregunta Noa.
No puedo responder. La cuenta envía otro mensaje. Un archivo de audio. Doce segundos. Noa y yo nos quedamos mirando el icono como si fuera una bomba pequeña.
—No lo abras —dice.
Lo abro. Primero se oye ruido de pasillo. Voces lejanas. Pasos. Luego mi voz.
—Tú eres peligrosa.
Después, la voz de Inés.
—No sabes nada de mi hermano.
Silencio.
Mi propia voz, más baja.
—Entonces quizá no deberías publicar como si supieras tanto de los hermanos de los demás.
El audio termina. Noa no dice nada. Yo tampoco. La cuenta escribe una última vez.
@san_griselmo_confesiones:Esto cambia un poco el relato, ¿no?
Miro el móvil. Y entiendo, tarde, que San Griselmo no solo tiene hambre de Inés. Ahora también me ha mordido a mí.