Nunca imaginé que bailaríamos de nuevo (Sagradas Tentaciones nº 12) Capítulo 25 Volver a nosotras
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Capítulo 25 Volver a nosotras

CRISTINA

Me despierto antes de que suene la alarma, con esa opresión familiar en el estómago que precede a los días importantes. Hoy es el día. En unas horas presento el proyecto piloto de Volver a nosotras en La Casa de las Golondrinas.

Tengo los folios del dossier ordenados sobre la barra, listos para meterlos en la carpeta. Pero antes de coger el bolso, mi mirada se desvía inevitablemente hacia el frutero. Al lado, apoyado contra la madera, sigue abierto el sobre que Alia dejó el domingo antes de marcharse a Madrid.

Al abrirlo, me quedo mirando la fotografía. Nosotras. Una foto de cuando éramos estudiantes. Me acuerdo perfectamente de ese día, aquella noche que bailamos.

Detrás de la foto, con su caligrafía angulosa y rápida, hay una línea escrita a bolígrafo negro:

No fue insignificante. Nunca lo fue.

Me quedo mirando la dedicatoria, sintiendo un vuelco limpio en el pecho. La guardó durante todos estos años. Y la semana pasada buscó una copistería para hacer una copia y dejármela.

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A las siete de la tarde, la salita de la planta superior de La Casa está llena de mujeres. El olor a madera vieja y café de filtro inunda el espacio.

Es el momento. Después de que Núria presente el acto, me acerco al atril.

Respiro hondo, apoyo las manos y empiezo a hablar.

—Este proyecto no nace de un informe cultural —empiezo, y mi voz suena extrañamente clara en el silencio de la sala—. Nace de vosotras. Y de mí.

Las miro una a una. A Carmen, que sostiene su lápiz; a Laura, Noa y otras compañeras de las primeras filas.

—Llevo meses apuntando frases sueltas en las esquinas de los folios de esta casa.

Cosas que decís mientras recogemos las sillas o esperamos a que hierva el agua.

Carmen me dijo un día: «Yo antes pintaba de joven, tenía un caballete precioso».

Juana confesó que escribía relatos cortos antes de que nacieran sus hijos y entrara en la tienda.

Un par de mujeres se remueven en las sillas, sonriendo de lado, reconociéndose en el inventario.

—Al principio pensé que estaba registrando las cosas que habíais extraviado por el camino —continúo, dando un paso hacia delante—. Pero tardé mucho tiempo en comprender que, en realidad, estaba haciendo la lista de mis propias pérdidas. Yo también tenía esos sueños.

Trago saliva. Mi voz de pronto suena más clara de lo que suele ser.

—El primer sueño que recupero empieza hoy, creando este espacio aquí, con vosotras.

Por eso quiero presentaros Volver a Nosotras.

Durante tres meses, cada participante partirá de una pregunta: «¿A qué parte de ti te gustaría volver?

». Habrá encuentros, actividades culturales y pequeños grupos de acompañamiento para convertir la respuesta en algo practicable.

La sala se llena de aplausos. Núria me dedica una sonrisa cómplice desde el fondo de la sala.

Dos horas después, ya de vuelta en mi piso, me siento en el sofá con un té caliente entre las manos. Bruna apoya la cabeza en mis rodillas, buscando mimos.

El teléfono vibra sobre la mesa de centro. Es un mensaje de WhatsApp de Núria. Ha adjuntado una fotografía que me ha hecho dando la charla.

Sin pensarlo dos veces, reenvío la foto al número de Alia.

Cris: Hoy hemos aprobado el piloto de "Volver a nosotras".

Dejo el móvil sobre el pecho, escuchando el tictac del reloj de la pared. No pasan ni dos minutos cuando la pantalla vuelve a encenderse.

Alia: Estás brillante, Cris. Se te ve en los ojos. Enhorabuena. Me muero de ganas de que me cuentes todo el programa.

Sonrío, tecleando rápido mientras muerdo mi labio inferior.

Cris: Te lo contaré mañana. ¿A qué hora te recojo en Sants?

Alia: No te preocupes por venir a la estación, de verdad. Cojo un taxi directo en la parada. El AVE llega a las ocho y cuarto, calcula que sobre las nueve menos cuarto estaré llamando a tu puerta.

Miro la nota de la cocina que sigue sobre la barra.

Cris: Perfecto. La puerta estará abierta. Trae el vino.

Dejo el teléfono y me recuesto en el sofá, contemplando el techo. Mañana seguirán existiendo Madrid, los horarios y todas las preguntas que todavía no hemos respondido.

También existirá una puerta abierta.