Nunca fuimos solo amigos Capítulo 31
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Capítulo 31

Clark

Sentado en esa silla incómoda de hospital, no dejé de preguntarme una y otra vez qué podría haberle pasado a Reagan y por qué Lauren estaba segura de que yo era el culpable de su estado.

Al salir de su casa, horas antes, era cierto que se quedó desconcertada por mi arranque, confundida porque así me lo dijo su mirada.

Incluso nada más salir pensé que había visto dolor en sus ojos, pero luego llegué a la conclusión de que me lo había imaginado o quizá lo había confundido con enfado con dolor.

A cada minuto que pasaba y sin saber cómo estaba, ya que nadie salía a decirnos nada y tampoco teníamos ni idea de qué le había pasado, horas más tarde de habernos visto, para terminar inconsciente. Mi preocupación y mis nervios fueron en aumento.

Arriesgándome a que Lauren me mandara a la mierda me levanté de la silla y me acerqué a ellos para rogarle si hacía falta que me contaran que le había pasado a la mujer que más quería en el mundo.

—¿Qué le ha pasado? —Pregunté en voz baja.

Lauren abrió la boca para contestarme, pero Tucker le agarró el brazo para frenarla.

—No nos corresponde a nosotros decírselo.

—Lo sabrá antes o después. Y mejor que sea antes para que la deje en paz para que pueda estar tranquila.

—¿Qué tengo que saber?

—Que le has roto el corazón.

Negué con la cabeza a la vez que soltaba una risa seca.

—Eso no es posible, ella nunca me ha querido.

—Estás muy equivocado.

—No lo estoy. Su corazón sigue teniendo el mismo dueño que ha tenido siempre —dije señalando con la cabeza a Tucker.

—Eso no es cierto.

—Lo es. Os vi en las cuadras. Vi cómo la abrazabas. Sé que por tu parte no hay nada. Pero no es así por la suya; se aferraba a ti como si fueras su todo.

—¿Cuándo ha sido eso? —preguntó Tucker frunciendo el ceño.

—El mismo día que luego nos vimos en el bar por la noche.

El matrimonio cruzó una mirada y negó con la cabeza a la vez.

—¿Solo por verla abrazarse a mí piensas que es a mí a quien quiere?

—No solo lo pienso, lo sé.

—¡Tú eres gilipollas! —dijo Lauren alterada.

—Clark, la estaba abrazando porque estaba muerta de miedo.

—¿Tenía miedo? ¿De qué?

Lauren se puso en pie, miró a Tucker y le dijo con la mirada que no pensaba callarse más.

—Tenía miedo de perder a sus hijos. Y de que si salían adelante, tener que criarlos ella sola.

—¿Qué? ¿Está embarazada? —Pregunté aterrado al pensar en la dureza con la que la había tratado en la cocina horas antes.

—Sí lo está. De mellizos.

El aire empezó a faltarme. Me agarré el cuello de la camisa y lo retiré de mi garganta sin éxito.

Embarazada… Reagan estaba embarazada.

La mujer con la que llevaba veinte días enfadado.

La mujer a la que había acusado de amar a otro por malinterpretar un abrazo, que no era de amor sino de necesidad, para poder seguir y porque necesitaba apoyo, uno que yo debería haberle dado, pero claramente con mi aptitud le había dejado claro que no era la persona idónea para ello.

La mujer a la que amaba llevaba dos hijos míos dentro de ella y yo la había tratado de la peor de las maneras.

Los ojos se me llenaron de lágrimas; no pude evitarlo.

—Ella dijo que quería que fuéramos amigos —susurré.

—Ella solo se quedó con lo único que podía tener de ti, con las migajas del tiempo que le ofreciste. Tú le dijiste que no querías una relación y ella, decepcionada por tu decisión, se quedó con lo de amigos. Era mejor eso que nada.

Lauren tenía razón.

Reagan, tras mis palabras de que no quería o no podía tener nada más con ella, había elegido quedarse a mi lado a pesar de todo.

Y todo aquel tiempo desde que me di cuenta de que estaba enamorado de ella, yo había pensado que ella no quería tener una vida conmigo cuando había sido yo, gilipollas de mí, el que le había dicho que no podía darle no solo una vida junto a mí, sino que solo quería diversión.

—¿Entonces ella…? —pregunté con miedo.

—Te quiere, Clark —contestó Lauren sonriendo con tristeza.

—¿Desde cuándo? —Me atreví a preguntar.

—Ella pensó que se había enamorado de ti con el paso de los días que pasasteis juntos, pero no fue así. Te quiere desde el principio.

Cerré los ojos ante la confesión de Lauren y sentí cómo todo dentro de mí encajaba y se rompía al mismo tiempo.

Por mi mente pasaron sus miradas, esas que solo fueron para mí, y yo las ignoré.

Cómo me miraba con amor y yo pensé que era deseo. Cómo sonreía nada más verme aparecer por el rancho. Y cómo suspiraba con dolor, pensando que yo nunca sentiría nada por ella, cuando estaba tumbada en mi cama y me miraba de reojo.

—Clark, nunca fui yo quien ocupó su corazón, ni siquiera en el pasado. Ese lugar siempre ha sido tuyo —dijo Tucker con firmeza, dándome el golpe de gracia para destrozarme del todo.

—Yo también la quiero —susurré más para mí que para nadie, pero, aun así, al estar tan cerca, me oyeron.

—Lo sabemos.

Levanté la mirada y los miré. Ambos estaban agarrados de la mano y me miraban sonriendo, pero en sus ojos había tristeza y preocupación.

—He sido un idiota.

—También lo sabemos.

—Pero voy a luchar por ella.

—Te va a costar recuperarla; está muy dolida.

—No importa, así tenga que estar toda mi vida a su lado sin que me perdone, haré lo imposible para que sepa que la quiero.

—Te ha costado verlo, ¿no es cierto?

—Tenía miedo —confesé, sin importarme que supieran mis miedos—. Mi pasado me marcó y no me dejó ver la realidad.

—Los dos estabais marcados por el pasado.

Asentí a las palabras de Lauren porque más ciertas no podían ser.

—Pero juntos podéis dejar ese pasado atrás y tener un presente y un futuro maravillosos —dije Tucker muy serio.

—Lo tendremos —dije con rotundidad.

Durante los siguientes minutos les pedí que, por favor, me contaran todo lo que había pasado.

Me vieron tan desesperado que lo hicieron.

Me contaron cómo Lauren había ido con Reagan al hospital hace tres semanas tras presentar un sangrado excesivo. Cómo allí se enteraron de que el DIU que tenía puesto se había desplazado y por eso se había quedado embarazada.

Lo aterrada que estaba Reagan, pensando que perdería a los bebés. El porqué de que me encontraron en el bar aquella noche con Olivia es que a Lauren le afectó tanto la noticia de que algo malo pudiera pasar que tuvo un momento de debilidad, pero ya pasó.

Lo mal que Reagan llevaba, pasándolo durante tres semanas pensando que la había desechado como un pañuelo viejo y que ya tenía otra amiga en mi vida.

Ahí les dije la verdad sobre Olivia y que nuestra relación era solo de amistad.

Y por fin llegaron al momento, horas antes, en el que a la hora de la comida vieron a Reagan muy nerviosa y afectada.

Cómo les confesó que nos habíamos visto y que, como no le dio tiempo a contarles nada más porque un dolor le atravesó el vientre, Lauren la acompañó al baño y, al ver que estaba manchando otra vez por el ataque de ansiedad que le dio, terminó desmayándose.

—Dios mío… todo esto por mi culpa —dije sin poder evitar echarme a llorar.

—Clark —dijo Lauren a la vez que me pasaba la mano por la espalda para consolarme.

—Como les pase algo a los bebés o a ella, me muero.

—No les va a pasar nada. Son fuertes como su madre. Serán dos vaqueros fabulosos.

Reí a la vez que lloraba ante las palabras de Tucker.

—Ya tenéis claro que serán vaqueros.

—Sí —contestaron a la vez—, siendo su madre quien es, no puede ser de otra manera.

—Entonces lo serán.

Los minutos pasaron de forma agónica. Seguimos hablando hasta que las puertas se abrieron y una doctora que Lauren me dijo mientras nos levantábamos que era la ginecóloga que las atendió la vez anterior, apareció por ellas buscándonos.

—¿Cómo está? —preguntó Lauren ya que yo no era capaz ni de abrir la boca.

—Está bien. Ahora está dormida y así seguirá hasta mañana. Tiene que descansar. El sangrado ha parado y todo se ha quedado en un susto.

—Gracias a Dios.

—Se quedará en observación un par de días. Es por precaución, nada más, así que tranquilos. Luego en casa con que se tome las cosas con calma será suficiente como le dije la otra vez.

—¿Entonces los bebés están bien? —preguntó Tucker.

—Perfectamente, son fuertes y están bien agarrados.

Los tres soltamos el aire que estábamos conteniendo al saber que estábamos bien.

—¿Podemos verla? —pregunté por fin recuperando el habla.

—Por supuesto. Están acomodándola en una habitación. Cuando hayan terminado, vendrán a buscarlos para que pasen.

—Muchas gracias por todo doctora.

—No tienen que agradecerme nada, es mi trabajo.

—Aun así, gracias.

—Sí necesitan algo no duden en decirle a mis compañeras que me llamen. Y si no nos vemos de aquí a que Reagan se vaya, nos vemos en la siguiente revisión que si no hay más sustos será en un mes.

Los tres asentimos y nos despedimos de la doctora.

Volvimos a las sillas.

Me dejé caer en una y bajé la cabeza llevándome las manos a la cabeza.

—Clark todo está bien ¿vale?

—Lo sé. Pero aun así no puedo evitar pensar que podía haberles pasado algo por mi culpa, por haberla alterado.

—No te culpes. No sabías como estaba.

Por supuesto que no lo sabía. Y yo era el único culpable de eso. No es que Reagan me hubiera dejado fuera de todo, había sido yo mismo con mis celos y mi desconfianza el que me había hecho que tuviera miedo de contármelo.