Nunca fuimos solo amigos Capítulo 23
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Capítulo 23

Entré en la ducha y, mientras el agua me caía suavemente por la cabeza, apoyé la cabeza en los azulejos y cerré los ojos.

Y así en esa posición pensé en todo lo que había pasado en las últimas semanas.

Un mes.

Ese era el tiempo que hacía desde que todo empezó a cambiar, no de forma brusca, pero sí lo bastante para que las cosas se notaran y, por suerte, todas para mejor.

Mi padre, con la ayuda de mi hermana, que ya parecía más centrada en su trabajo, había conseguido ya casi del todo poner las facturas y los pagos al día y con las dos ventas de reses que habíamos hecho nos habíamos recuperado bastante del bache por el que estaba pasando el rancho.

A Lauren le estaba costando bastante resistirse a tomar una copa sobre todo cuando se ponía nerviosa, cuando algo la abrumaba o cuando le daba el bajón, pero de momento entre la ayuda de todos y la fuerza de voluntad que estaba poniendo llevaba casi un mes sin probar una gota de alcohol.

Y eso era motivo para que todos, aunque estábamos como halcones vigilándola sin que se diera cuenta, estuviéramos la mar de contentos al ver el gran esfuerzo que estaba suponiendo para ella.

Yo como las cosas en casa marchaban mejor y con la ayuda de Marta, que era como una mamá gallina pendiente de todo y de todos, había podido salir más a los campos y ayudar a Tucker con el ganado para descargarle a él un poco de tanto trabajo.

En ese mes, mi padre había mejorado mucho de su caída y le habían cambiado la escayola por una venda fuerte, por lo que pudo dejar la silla de ruedas y ya se movía por la casa con algo de dificultad, eso sí, con muletas.

Una semana después de la proposición de Lauren de ir de compras, lo hicimos y nosotras dos, Allison, que, por supuesto, no quiso perdérselo, y Marta, pasamos un día en la ciudad totalmente estupendo.

Compramos, comimos, pasamos por la peluquería.

Pero sobre todo nos reímos y eso fue lo mejor porque nos hacía mucha falta a todas.

Lo único que no había cambiado nada en ese mes había sido mi relación, si es que podía llamársela así, con Clark.

Después de aquella primera cena en el bar de Allison, los siguientes tres sábados repetimos la misma salida. Cena, charla y luego pasamos la noche entera en su casa enredados entre las sábanas.

La amistad había crecido y nos llevábamos de maravilla, pero eso era lo que teníamos amistad y sexo los sábados y algún día suelto que nos había pillado el calentón y cuando había venido por la tarde a ver a Tucker y a Lauren habíamos acabado en su coche echando un polvo rápido y después él se iba a su casa y yo a la mía.

¿Me lo pasaba bien con él? Pues sí, era un hombre con el que se podía hablar de cualquier cosa, divertido, atento y que sabía escuchar.

Hasta cuando había silencio entre nosotros, estaba de lo más a gusto con él.

Pero también, como predije que pasaría, había acabado enamorándome de él como una tonta y saber que para él solo era el pasatiempo de los sábados y algún día suelto dolía en el alma.

Pero no podía decir nada ni quejarme al respecto.

Clark había sido totalmente sincero y me lo había dejado claro desde el principio ni podía ni quería una relación de pareja así que cuando estaba con él sonreía, aunque por dentro me muriera de pena anhelando algo que nunca iba a llegar.

En casa todos me habían preguntado varias veces, sobre todo mi hermana, que tal iban las cosas entres nosotros, y como no quise decirles la verdad porque sabía que se decepcionarían un poco simplemente contestaba bien, por el momento somos buenos amigos.

Que no era mentira del todo o más bien era la verdad.

Pero claro, ellos esperaban la respuesta de que llegara el día en que les dijera que éramos pareja y que lo nuestro iba en serio.

Pues por desgracia eso no iba a pesar ni en un futuro cercano ni nunca.

Clark estaba muy cómodo con lo que teníamos y yo pues aguantaba como podía.

Solté un largo suspiro, apagué el agua y salí para enroscarme la toalla en el cuerpo. Me sequé el pelo allí mismo en el baño y salí a la habitación para vestirme antes de bajar para empezar con la jornada del día.

Ese día tanto Tucker como yo habíamos quedado en empezar más temprano de lo normal porque por la tarde no iríamos a los campos.

Las navidades estaba a la vuelta de la esquina, a tan solo una semana y Gus actuaba ese día en la escuela y estaba emocionadísimo porque íbamos a ir a verle todos como cantaba un villancico vestido de estrella que era el papel que le había tocado ser.

La casa estaba en completo silencio, cosa normal ya que aún ni siquiera había amanecido.

Me contuve la risa mientras con sigilo bajaba las escaleras pensando en Molly. Si mi amiga pudiera ver la buena cara que tenía a esas horas, estaba segura de que alucinaría.

Pero es que, claro, no era lo mismo levantarse para hacer algo que me encantaba antes de que amaneciera que hacerlo para ver ocho horas de galletas y más galletas pasar sin prisa por una cinta mientras me tocaba estar oliendo su olor día tras día durante seis años.

Al llegar a la puerta de la cocina, oí un murmullo y eso me hizo fruncir el ceño, porque esperarme que Tucker estuviera allí no era de extrañar, pero que hubiera alguien más, eso sí que me pareció raro.

Era cierto que Marta, al final, por insistencia de mi padre para que no estuviera todos los días yendo y viniendo al pueblo, hacía ya dos semanas que se había quedado definitivamente a vivir con nosotros, y era madrugadora, pero no tanto.

Abrí la puerta despacio y entré.

—¿Pero, Lauren, qué haces levantada a estas horas? ¿Te encuentras mal?

Mi hermana se giró al oírme y solté el aire que estaba conteniendo al ver cómo me sonreía, eso sí, con cara de sueño y el pliegue de las sábanas todavía marcado en una de sus mejillas.

—Estoy bien, pero me he despertado al oír a Tucker moverse en la cama y he bajado a haceros compañía mientras desayunáis.

Me senté a su lado y asentí con la cabeza sonriendo.

—¿Ya está listo el disfraz del pequeño?

—Sí, Marta lo terminó ayer por la tarde y menos mal que me he echado una mano porque la aguja no es lo mío.

—Pero si lo has hecho casi todo tú sola. Si me hubiera tocado a mí, te aseguro que hubiera parecido cualquier cosa menos una estrella.

Lauren soltó una risita y negó con la cabeza.

—Algún día te tocará, así que ya te puedes poner a practicar.

La sonrisa que tenía en la cara al oírla decir eso se me borró tan rápido de la cara sin que pudiera detenerla que los dos se dieron cuenta de que algo pasaba.

Porque su comentario iba dirigido a cuando yo tuviera hijos supuestamente con Clark, pero lamentablemente eso no iba a pasar nunca.

—Regan, ¿qué ocurre?

—Nada, ¿por qué tendría que pasar algo?

—Venga ya, deja de tomarnos por tontos. Llevas un mes esquivando esta conversación.

—No esquivo nada.

—Sí, lo haces. Cada vez que te preguntamos qué tal con Clark, sales huyendo como si te persiguiera el demonio y cuando decimos algo relacionado con el futuro, tu mirada cambia.

Qué mierda era que los dos me conocieran tan bien.

—Es tarde, deberíamos irnos ya o andaremos pillados de tiempo —dije mirando mi reloj.

Me fui a levantar del taburete, pero mi hermana, que debió adivinar mis intenciones, fue más rápida y me agarró del brazo para impedírmelo.

—Ni te muevas. Y habla de una vez. ¿Qué coño pasa? Y ni te molestes en decir que nada. Sabemos que pasa algo y no de unos días para acá, sino desde el principio.

—No sé de qué me hablas —dije desviando la mirada.

—Reagan, el primer sábado que salisteis, tus ojos brillaban de emoción y estabas muy ilusionada. Pero cuando volviste al día siguiente, ese brillo ya no estaba y la ilusión había disminuido.

—No pasó nada. Estamos bien.

—Lo estará él porque tú no lo estás. He visto cómo, cuando crees que nadie te ve, le miras con anhelo y sonríes de forma triste. Y eso, mirando a tu pareja, no debería ser así. Así que repito, ¿qué pasa?

—Lauren, son las cinco y cuarto de la mañana; tenemos mucho trabajo y poco tiempo, así que no puedo perderte en decirte algo que no pasa. Todo está bien, somos amigos, lo pasamos bien y ya está.

—¿Amigos? Vosotros sois una pareja.

—No.

—Sí.

—Te digo que no, que solo somos amigos. Y lo seguiremos siendo, punto.

Los dos cruzaron una mirada y se hablaron entre ellos. Ni idea de lo que se dijeron, pero Tucker asintió y mi hermana soltó un suspiro.

—¿Ese es el problema, no es cierto? Que solo sois amigos, pero tú quieres ser algo más.

—Lauren, déjalo, ¿quieres?

—No pienso dejarlo. Estamos la una para la otra, ¿recuerdas? Tú me ayudas y yo hago lo mismo. Así que dime qué pasa.

No podía seguir escurriendo el bulto y seguir negando algo que ellos ya no se creían y ver la preocupación con la que me miraron hizo que claudicara y hablara por fin contando la verdad.

—Clark no quiere una pareja; fue lo primero que me dejó claro y yo acepté. Así que eso es lo que hay, somos amigos que lo pasan bien.

Hice una pausa para intentar tragar saliva a ver si el nudo que se me había puesto en la garganta bajaba; no hubo suerte, así que seguí hablando.

—¿Que yo quería algo más? Pues sí, sería absurdo negárselo más porque al parecer me conocéis muy bien, pero él no, así que ya está todo explicado.

Volvieron a cruzar una mirada y ambos fruncieron el ceño.

—¿Y hasta cuándo va a durar esa supuesta amistad? —preguntó Tucker muy serio.

—Pues supongo que hasta que se canse o encuentre otra amiga que le interese más.

—Joder, Reagan… —dijo mi hermana visiblemente contrariada.

—Sabía lo que había cuando acepté ese trato, así que cuando acabe, solo me quedará aceptarlo y punto.

—Pero tú estás enamorada de él y ni te atrevas a negarlo.

—Eso no es importante.

—¿Cómo que no?

—Pues como que no. Clark no tiene la culpa de que yo sea una estúpida que se haya enamorado de un hombre que nunca podrá quererme y que solo me ve como una mujer con la que pasarlo bien. Él fue claro y sincero desde el primer momento.

—Quizá si habláis de esto… yo veo cómo te mira, no creo que solo seas diversión para él. Creo que también siente algo por ti, pero creo que tiene miedo por todo lo que le pasó con su exmujer.

Solté una risa amarga.

—Ya está todo hablado. Él no puede ni quiere tener pareja. Y te aseguro que no siento ni sentiré nunca nada por mí que no sea amistad, así que os pido por favor que dejemos este tema ya. Demasiado intenso para que no hubiera salido ni el sol.

—Pero es que cuando lo dejéis… —dijo mi hermana con miedo.

—Me tocará llorar, lo sé. Es algo que tengo asumido que pasará desde el primer día, pero también sé dónde me metía, así que lloraré, me pegaré una hostia como un piano, caeré y me volveré a levantar porque el parecer ese es lo que el destino quiere para mí.

Que me caiga y me levante una vez tras otra.

—Si yo hablo con él…

Ni siquiera le dejé a Tucker que terminara esa frase porque eso sí que no lo iba a consentir.

—No quiero que habléis con él. Esto es algo entre nosotros, así que os pido por favor que no intervengáis. Solo con saber que estáis ahí me vale.

—Sabes que eso lo haremos; siempre estamos aquí para lo que necesites.

Asentí.

—Pues necesito que os quedéis al margen. Así que prometedme los dos que no diréis ni una palabra de este tema ni a Clark ni mucho menos a papá o a Marta.

Se miraron, fruncieron el ceño, estando de acuerdo entre ellos en que no querían aceptar lo que les estaba siendo, pero al final no le quedó más remedio que prometérmelo. Con esa promesa y más ligeros al haber hablado por fin con ellos, nos fuimos al campo para empezar el día.