Nunca fuimos solo amigos Capítulo 22
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Capítulo 22

Aclaradas las cosas, la conversación en el coche cambió de rumbo.

Clark me contó en lo que llegábamos al bar de Allison un problema que había tenido que resolver esa misma mañana por una disputa entre dos vecinos que estaban en guerra y habían acabado lanzándose de una casa a otra, huevos, tomates y toda clase de cosas que pillaron a su paso.

La absurda pelea era porque, al parecer, el marido de la vecina miraba a la otra cuando tomaba el sol, desnuda, en su jardín.

La pelea quedó en tablas cuando el marido prometió no mirar (cosa que no se creía ni él) y la otra vecina prometió por su parte ponerse alguna prenda para tapar lo más evidente.

Cosa que tampoco llegaría a pasar ya que todos en el pueblo sabíamos que había declarado abiertamente que era fiel defensora del nudismo.

Clark aparcó el coche en la misma calle en la que estaba el bar de Allison. Esa noche, seguramente su local estaría lleno, pero eso no nos importó: por comer la carne que cocinaba su madre, estábamos dispuestos a soportar un poco de ruido.

Nada más poner el pie dentro del bar no hubo ni una sola persona, pero ni una, que no se girara para mirarnos.

—No sé si ha sido buena idea venir aquí; mañana estaremos en boca de todo el mundo —murmuré más para mí que para que Clark me oyera, aun así, lo hizo.

—Están sorprendidos por verte, pero no conmigo, sino porque llevan años sin verte.

—Sí, claro, será eso —contesté forzando una sonrisa.

Allison nos llamó desde la barra con la mano para que nos acercáramos.

—Pero bueno, ¿a quién tenemos aquí? El sheriff y la mejor vaquera de la zona, esto sí que es una sorpresa.

Allison salió de la barra un momento y me saludó con un beso y un abrazo y a Clark con un asentimiento de cabeza.

—Te dije que me pasaría a verte.

—Y has tardado mucho, aunque te perdono porque por teléfono sí que hemos hablado.

—Sabes que estoy liada.

Allison sabía lo que pasaba en mi casa, no todo, pero si el problema de mi hermana ya que ella misma en su bar había sido de algunos episodios en los que a mi hermana Clark tuvo que llevarla a casa en un estado lamentable.

—¿Cómo va todo?

—Va por buen camino —le contesté, pero con la mirada le dije que ya hablaríamos con más calma.

—¿Y bien venís a cenar, supongo?

—Supones bien. Y creo que he visto una mesa libre. Reagan me adelantó.

Asentí a Clark que supuso que quería un par de minutos son Allison a solas y se marchó a sentarse en la mesa, que di gracias de que fuera una de las más alejadas del resto.

—Reagan, ¿una cita con el sheriff? —dijo Allison levantando una ceja.

—No es una cita. Es una salida de amigos. Sabes que tiene mucha amistad con mi hermana y Tucker y ahora yo he entrado también en ese saco.

Dejarle claro a Allison que Clark y yo solo éramos amigos y que entre nosotros no había nada fue un punto muy grande a mi favor para que los rumores de que éramos pareja no se extendieran por el pueblo de algo que no era cierto ni lo sería jamás.

Allison era algo así como la informadora local del pueblo; no había nada que pasara en Big Timer que ella no supiera, y su palabra valía más que la del alcalde.

Así que a quien le preguntara, porque le preguntarían eso estaba claro, les diría que éramos solo amigos y esas palabras serían ley; todos se las creerían a pies juntillas.

—Pues es una pena, amiga. Haríais buena pareja.

—Eso no va a pasar Allison.

—Bueno, no digas de esta agua no beberé, no sea que luego te toque tragarte tus palabras.

—Lo digo y lo reafirmo, no vamos a ser pareja.

—Pues repito, es una pena, pero si no puede ser, pues no lo es.

Asentí sonriendo, porque la información ya estaba dada y estaba segura de que al día siguiente a la hora de la comida ya sabría todo el pueblo que Clark y yo habíamos estado allí a cenar, pero que solo éramos amigos y sin posibilidad de que eso cambiara como él mismo quería.

—Ve a la mesa, anda, ahora voy a tomaros nota.

—Bien. Por cierto, esta semana seguramente mi hermana, Marta y yo iremos a la ciudad a pasar un día de chicas. Ya sabes: compras, comida y cotilleos varios. Espero que te apuntes.

—Así tenga que cerrar el bar, no me lo pierdo por nada del mundo.

Me eché a reír y negué con la cabeza mientras caminaba entre las mesas hasta llegar a la más alejada, en la que Clark me esperaba y me sonreía viéndome llegar hasta él.

Contra todo pronóstico y aun con esa sensación de decepción bullendo dentro de mí, la cena fue mucho mejor de lo que esperaba.

Hablamos mucho mientras alabábamos la buena mano que tenía la madre de Allison para preparar la carne, la que realmente estaba deliciosa.

La conversación fue amena. Hablamos de los años que pasé en Denver, de la fobia/asco que había llegado a desarrollar contra el dulce en general y las galletas en particular. De Molly y su familia, de mi infancia en el rancho.

Clark, por su parte, me contó sus inicios en el ejército, lo duro que fue porque él esperaba algo muy distinto, aunque con el paso del tiempo amó su trabajo.

De sus padres, que fallecieron en un accidente cuando él tenía solo veinte años, de sus años de matrimonio y de su exmujer no dijo prácticamente nada, solo algún comentario suelto. Y también de lo bien que estaba desde que era el sheriff del pueblo y de la buena acogida que le habían dado todos.

—Es tarde, ¿nos vamos?

Giré la cabeza y vi que tenía razón. En el bar apenas quedaba media docena de personas y Allison, junto con la camarera que estaba de turno esa tarde, estaban recogiendo.

—Sí, se nos ha pasado el tiempo volando.

Era totalmente cierto, habíamos estado tan a gusto hablando que ninguno de los dos se había dado cuenta de cómo pasaba el tiempo y de lo tarde que se había hecho.

Nos despedimos de Allison y del resto que quedaban allí y salimos al aparcamiento.

Para la época del año en la que estábamos, ya noviembre, no hacía demasiado frío; aun así, corría una brisa que hizo que nada más salir me estremeciera.

Clark, ante mi gesto, me pasó el brazo por el hombro y me pegó a él. No me importó que lo hiciera; es más, me gustó mucho, pero di gracias a que la calle estaba desierta, así no nos vería nadie que pudiera sacar conclusiones equivocadas.

Me llevó así hasta el coche y paró en la puerta por la que yo tenía que subir.

Antes de que la abriera, nos quedamos mirándonos y ese deseo contenido que llevábamos arrastrando toda la noche se impuso.

A la vez nos lanzamos el uno al otro para literalmente devorarnos la boca el uno al otro. Mis manos se aferraron a su camisa con fuerza para pegarle más a mí y las suyas bajaron por mi espalda hasta llegar a mi trasero el que apretó fuerte para pegarme aún más a él.

El beso siguió, no fue nada delicado como los que nos habíamos dado las veces anteriores, fue puro fuego. Una lucha de lenguas y saliva en la que parecía que los dos queríamos salir vencedores.

Clark bajo una de sus manos y la metió por la parte baja de mi falda. Me acarició primero el trasero y sin demora la llevó a la parte de adelante.

La pasó varias veces por encima de mis braguitas presionando para que notara bien su tacto.

Mi respiración empezó a acelerarse con ese toqué y sin poder evitarlo me humedecí. Clark lo notó a través de mis braguitas y sonrió contra mi boca.

Ilusa de mi pensé que pararía. No lo hizo. Retiró las braguitas a un lado y con dos de sus dedos me apretó el clítoris haciéndome soltar un jadeo contra sus labios.

—Clark… estamos en la ca… calle…

—Lo sé, sé silenciosa si quieres, pero no me pienso mover hasta que te corras.

Oírle decir eso hizo que el calentón que tenía aumentara y cuando metió de golpe dos dedos en mi interior tuve que besarle para ahogar mis jadeos en su boca y que medio pueblo no me oyera.

Sus movimientos para nada fueron lentos. Me folló con los dedos de forma desesperada hasta que me sin remedió acabé dejándome ir.

Esperó a que me calmara un poco y que dejara de jadear para separarse un poco de mi boca. Sacó la mano de debajo de mi falda y sin dejar de mirarme se llevó los dedos que lucían brillantes por mis fluidos hasta la boca y los chupo hasta relamerse.

—Estás deliciosa, vaquera, pero no he tenido suficiente. Te he follado con mis dedos, ahora quiero hacerlo con mi boca y después entrar en ti para darte fuerte hasta que grites mi nombre ¿Vamos a mi casa?

Joder con el sheriff y parecía modosito pensé mientras sin poder decir ni una palabra por lo cegada de deseo que estaba asentí con la cabeza aceptando su proposición.

Diez minutos después, porque su casa estaba muy cerca del bar, llegamos y ya en la misma puerta, la que cerró con el talón de un golpe después de dejarme pasar, me acorraló contra la pared.

—Necesito verte desnuda —me pidió antes de darme un beso feroz.

Ni cinco minutos después, en el suelo de la entrada, toda la ropa que mi hermana me había dejado había caído prenda por prenda. Y también la ropa interior.

—Joder eres preciosa vaquera y toda mía.

Ojalá esas palabras fueran ciertas, pensé con tristeza mientras me dejaba hacer. Porque estaba claro que a Clark le ponía eso de mandar y ser él el que llevara el control de la situación.

Volvió a devorarme la boca hasta que nos faltó el aire y cuando se retiró me sonrió de una manera traviesa y lobuna a la vez que prometía muchas cosas.

Se retiró un poco hacia atrás y se dejó caer de rodillas a mis pies y, sin darme tiempo siquiera a pensar en lo que haría a continuación, me agarró una pierna, la colocó en su hombro y se lanzó a devorar mi sexo como si llevara siglos sin comer.

Las primeras pasadas fueron lentas, pero enseguida los dos necesitamos más y unos segundos después metió su lengua en mi interior y con una destreza que yo nunca pensé que un hombre pusiera tener me folló con ella de tal manera que cuando me dejé ir en su boca tuve que agarrarme con fuerza a sus hombros para no caerme allí mismo por lo lasa que me quede teniendo un orgasmo super intenso.

—Segunda parte cumplida, ahora voy a follarte fuerte y quiero al menos que me des dos orgasmos más. Date la vuelta y apoya las manos contra la pared.

Me hizo gracia su petición por la seriedad y el énfasis que puso en sus palabras, así que solté una pequeña risita.

—Me vas a cachear.

—Te voy a hacer mucho más; esto solo será un adelanto de todo lo que tengo pensado hacerte hasta que amanezca o hasta que me pidas clemencia.

—Soy una vaquera, ¿recuerdas? Tengo resistencia.

—Pues vamos a comprobar cuánta tienes —dijo antes de girarme el mismo y ponerme mirando hacia la pared.

Apoyé las manos y me incliné un poco; eso pareció gustarle, porque mientras oía cómo se desabrochaba los pantalones con rapidez, pasó su mano por mi trasero despacio, para un segundo después, palmeármelo con la fuerza justa para hacerme jadear.

Me agarró por las caderas para levantarme un poco y sin pensarlo me embistió desde atrás de una sola estocada.

No fue delicado, tampoco esperaba que lo fuera.

Desde que entró en mí, solo las cuatro primeras estocadas fueron lentas, en las que entró hasta el fondo, salió del todo y repitió el movimiento.

Al ver cómo mis caderas le buscaban pidiendo más, empezó a embestirme con fuerza a la vez que con una mano me sujetaba y con la otra me masajeaba el pecho parándose en mi pezón para pellizcarlo y tirar de él.

En el hall solo se oían mis jadeos, los suyos y el golpear de nuestros cuerpos.

El tercer orgasmo de la noche me llegó en esa misma posición, pero a Clark todavía, como me había dicho, le quedaba volver a sorprenderme para conseguir ese cuarto allí mismo.

Salió de mí, me giró, me agarró por el trasero y me levantó para que enroscara mis piernas en su cintura y mientras me besaba volvió a entrar en mí.

—Vamos, vaquera, córrete conmigo una vez más, apriétame.

Los hice. Contraje mi vagina para que notara más estrecho mi canal y eso hizo que acelerara el ritmo y que sus embestidas se volvieran totalmente frenéticas y salvajes.

Solo hicieron falta dos minutos más para que ambos alcanzáramos el clímax, juntos, yo chillando su nombre y él con un gruñido animal que, lejos de asustarme, me calentó todavía más.

En esa misma posición, sin salir de mi interior, siquiera me llevó hasta su cama, de la que no salí hasta que, como me había prometido, amaneció.