Nunca fuimos solo amigos Capítulo 20
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Capítulo 20

Los siguientes tres días desde la discusión con Lauren y mi revelación de lo que había cuando me marché a Dever marcó un antes y un después en nuestra familia.

Ese mismo día todos dejamos las cosas estar y no volvimos a hablar de nada relacionado con los problemas que teníamos. Todos necesitamos esa tarde y esa noche para digerir lo que había pasado y pensar con calma en ello.

Lauren se sentó con papá en el salón pasándolo mal a ratos porque se vio clarísimo que necesitó varias veces levantarse para tomar una copa, pero hizo un esfuerzo titánico y, aun sufriendo, se contuvo.

Tucker se marchó a los campos a regañadientes porque, aunque no lo dijera en voz alta, estaba muy afectado al enterarse de que había perdido un segundo hijo y, aunque no fuera de su mujer, dolía igual.

Y yo me dediqué en exclusiva a pasar la tarde con Gus.

Estar con mi sobrino, montando, jugando y riendo me dio ese soplo de aire fresco que necesitaba para desconectar y no pensar demasiado en todo lo que había pasado esa mañana.

Aunque lo que no se me fue de la cabeza fue la conversación que había tenido con Clark y los besos que nos dimos.

Al día siguiente ya la historia cambió.

El primero con el que tuve una larga conversación fue con mi padre. Quiso que le contara todo lo que pasó y lo hice, aunque para no darme más motivos para sufrir lo resumí bastante.

Lloró, claro que lo hizo.

Y es que saber por lo que había pasado yo sola le pesó muchísimo, pero lo tranquilicé lo más que pude y le pedí que por favor ni se le ocurriera cargar con ese peso. Me prometió que no lo haría y ambos quedamos en que era mejor dejar el pasado donde debía estar en el pasado.

Que sí, que lo que pasó no se me olvidaría en la vida, pero como me aconsejó mi padre, eso solo podía servirme para ser más fuerte, pero no tenía que ser una cosa que me marcara de por vida y que no me dejara disfrutar de las cosas buenas que estaba seguro de que me estaban por llegar.

Otra de las conversaciones que fue dura fue la que tuve con Tucker mientras los dos estábamos solos en los campos.

Como era de imaginar saber que habíamos perdido un hijo le afectó muchísimo porque, aunque no estuviera enamorado de mi me quería mucho como así me lo repitió varias veces y también me dijo que ojalá ese niño hubiera llegado a nacer porque para él hubiera sido ser padre de un niño que viniera de los dos al igual que lo era de Gus.

Al igual que a mi padre le pedí que debiésemos dejar el pasado atrás y mirar hacia delante.

Ya no podíamos hacer nada al respecto con todo lo que pasó, así que lo único que podíamos hacer era seguir y mirar hacia delante.

Pero sin duda la conversación más dura y con la que ambos lloramos muchísimo fue la que tuve con Lauren dos días después de nuestra discusión.

Estuvimos durante horas encerradas en mi habitación.

Allí le costó, le costó un mundo abrirse y contarme todo por lo que había pasado y cómo se sentía, pero lo hizo.

Con mucha paciencia por mi parte y poniendo un poco de ganas de salir de ese pozo que por fin se dio cuenta en el que estaba metida, empezó a hablar y eso fue como abrir la compuerta de una presa, le salió todo.

Me habló de lo confundida que se sintió al tener a Gus. Lo frustrada que se sintió porque no entendía por qué no quería ni siquiera acercarse a su hijo sabiendo en su interior que lo quería más que a nada.

Luego me habló de lo mal que siguió durante meses.

Me contó lo bien que se sintió cuando salió de ese estado y lo contenta que estuvo viendo que por fin había salido de esa depresión que se presentó para robarle tanto tiempo de estar junto a su hijo.

Habló de esos meses con mucho cariño contándome cientos de cosas con las que reímos y lloramos al mismo tiempo.

Pero tras eso llegó el momento en el que se empeñó en querer volver a ser madre.

Ahí me confesó que ese deseo, aparte de porque, como siempre había querido, quería tener más hijos y ser una gran familia también lo hizo, y eso nunca lo había dicho en voz alta, porque tenía una culpa dentro que no la dejaba parar de haberse perdido los primeros dos años de Gus.

Me confesó que era como si teniendo otro hijo pudiera compensar lo que no le dio a mi sobrino.

Y todo fue bien.

Todos en la casa estaban ilusionados con el próximo nacimiento de la niña que venía en camino, pero me dijo que en papá y Tucker siempre vio cómo la miraban con miedo, pensando que la historia con Gus podría repetirse.

Y no se repitió; pasó algo peor. Al perderlo, la depresión volvió con más fuerza que nunca.

Eso dio paso a que no supiera cómo superarlo, no supiera con quién hablar o qué hacer y la primera copa llegó un día sin más.

Luego llegó una segunda, una tercera y luego llegó un momento en el que ya no pudo parar o no quiso porque mientras estaba hasta arriba de alcohol parecía ser el único momento en el que el dolor desaparecía.

La hice ver que ese dolor no desaparecía si no, que simplemente se camuflaba por unas horas y aunque le costó terminó por darme la razón.

Me pidió que le contara también todo lo mío. Lo hice y compartimos entre lágrimas el mismo dolor por la pérdida y ahí abrazadas nos prometimos estar la una para la otra.

Le hice ver que, aparte de que nosotros íbamos a estar para ayudarla a salir de eso en lo que se había metido, también necesitaba ayuda profesional.

Ellos entendían mejor por el proceso que estaba pasando y habiendo dado el paso más importante que era reconocer que tenía un problema lo siguiente y bajo manos de profesionales que le dirían los pasos que tenía que seguir sería duro eso no lo dudaba nadie, pero también más fácil seguir un camino no para borrar el dolor porque ese no desaparecería nunca, pero si para aprender a vivir con él.

Ese día estábamos ya terminando la conversación cuando Marta vino a buscarnos para que bajáramos a comer.

Al vernos como estábamos, se sentó con nosotras y nos habló como si de una madre se tratara.

Y en realidad estaba segura de que así la acabaríamos viendo porque la ternura con la que trataba a Gus, la paciencia que le dedicaba a Lauren y la fortaleza que nos transmitió, diciéndonos que podíamos contar con ella para lo que hiciera falta, nos hicieron sentir que sería un gran apoyo para nuestra familia.

Nos dijo sin cortarse un pelo que sabía todo lo que había pasado porque mi padre se lo había contado y que ella, con la voz de la experiencia que dan los años y el haberse quedado viuda siendo apenas una jovencita, iba a ayudarnos a seguir así nos tuviera que arrastrar por los pelos por todos los campos.

Cogió a mi hermana de la mano y la pidió que hiciera lo que tenía que hacer para dar el primer paso para volver a ser la misma.

Que no era otra cosa que deshacerse de todo el alcohol que había en la casa.

Eliminar la tentación era algo muy importante y aunque le costó Lauren supo que era lo mejor no solo para ella si no para todos y ella misma con una bolsa de basura en la mano fue recorriendo la casa y metiendo una a una todas las botellas de whisky y otras cosas que había.

Todos juntos, porque así era como tenía que ser, siendo una familia unida, fuimos con ella hasta el contenedor que estaba a la entrada del rancho para ver como daba ese gran paso y lo tiraba.

Allí mismo vivimos un momento muy emotivo cuando Tucker después de tirar la bolsa la beso, la abrazó y le dijo cuento la amaba y que daría la vida por ella y porque estuviera bien.

Sabíamos que el proceso sería duro.

Pero juntos estaba segura de que saldríamos no solo de eso si no que las cosas a partir de ese día empezarían a ir mucho mejor.

Clark pasó por la casa esos tres días no solo por la mañana y a medido día para llevar y traer a Gus a la escuela, si no, también a última hora de la tarde al terminar su turno.

No estuvimos solos porque no pudo quedarse mucho rato, pero sí que sentados en el porche junto a mi hermana y Tucker mientras tomábamos una limonada le contamos esos días los avances que habíamos hecho.

Por su puesto su despedida fue con un beso por su parte y con algunas palabras subidas de tono susurradas en mi cuello diciéndome las muchas ganas que tenía de que llegara el día de nuestra cita.

Hablamos de la cita y quedamos que no iríamos a un restaurante de la ciudad de esos de categoría.

Los dos preferíamos algo sencilla y más cercano así que nuestra elección fue el bar de Allison para cenar una parrillada de carne que ambos sabíamos que su madre que aún la ayudaba lo hacía de lujo.