Capítulo 17
Mi respiración empezó a acelerarse; mi corazón empezó a bombear a tal velocidad que podía notar los latidos contra mi pecho.
Oírla decir eso hizo que el mundo se detuviera, que algo se rompiera dentro de mí.
Que los recuerdos de seis años atrás, esos que había tenido ocultos en mi mente, volvieran de golpe. Que ese secreto que no sabía absolutamente nadie me golpeara el pecho como si fuera un gran latigazo.
—Sí lo sé. Lo sé mejor que tú —dije con rabia.
Lauren me miró confundida, dio un paso hacia mí y, por primera vez desde que habíamos empezado a discutir, sus ojos parecieron dejar de soltar chispas.
—¿Qué has dicho?
—¿Te crees que eres la única que ha perdido a alguien? ¿Que eres la única que ha sufrido? No Lauren, no tienes ni puta idea.
Sin poder contenerme, las lágrimas brotaron de mis ojos como si fueran una fuente. Mi hermana había abierto una compuerta que yo pensaba que tenía sellada y las palabras salieron de mi boca sin control, al igual que el dolor, ese que había intentado que estuviera dormido, todo volvió de golpe.
Oí pasos a mi espalda; solo giré un poco la cabeza.
Mi padre, seguido de Tucker, que apareció sin camiseta y con el pelo chorreando de agua, debían haber oído nuestros gritos y habían venido corriendo a ver qué pasaba.
—Reagan…
La voz preocupada de mi padre me sonó lejana; estaba en tal estado que no hice caso a su llamada. Volví a centrar la mirada en mi hermana.
—Has sufrido por haber perdido a un hijo, lo sé. Pero tienes una vida. Tienes un marido que te ama más que a nada. Un hijo maravilloso. Y tienes a papá y me tienes a mí.
A Lauren se le fue el color del rostro al verme abrir con tal dolor que mis palabras se entrecortaban.
—¿Quieres saber lo que tengo yo? Nada, Lauren, eso es lo que tengo.
—Reagan…
—Yo perdí mi vida. Perdí a mi familia. Llegué a una ciudad sola y destrozada. Y allí descubrí que estaba embarazada del mismo hombre que tú.
Cerré los ojos un momento porque no quería ver sus caras, no quería ver cómo reaccionaban al descubrir el secreto que llevaba seis años guardando en lo más hondo de mi mente y de mi corazón.
El silencio tan pesado que había en la cocina se rompió por un sollozo por parte de mi padre.
Abrí los ojos para mirarle.
Tenía la cara desencajada y lloraba de tal manera que se me encogió el corazón. Tucker estaba en un estado parecido y mi hermana se había apoyado en la mesa para no caerse.
Aun así, no me detuve; dejé salir todo el dolor que tenía dentro.
—Hace cinco años tú tuviste un hijo. Yo perdí al mío estando sola y lejos de casa en una puta habitación de hospital.
—Reagan…
—No. No me interrumpas. ¿Sabes lo que me quedó después de eso? Nada. ¡No me quedó nada!
Solté un sollozo muy fuerte y di dos pasos atrás para separarme de todos.
—Tuve que pasar por todo eso sola —dije recalcando el sola—, sin nadie. No pude hablar con nadie, no se lo conté a nadie, me lo tragué sola.
Me abracé a mí misma y negué con la cabeza.
—Así que déjate de hostias y no me hables de sufrir. He pasado seis putos años sola, lejos de todo lo que amaba. He llorado muchísimo; he querido desaparecer. Os he echado de menos más de lo que nunca podríais imaginaros.
Hice una pausa y los miré a los tres por turnos y con rapidez antes de seguir hablando.
—Y perdoné, perdoné todo lo que pasó. Perdoné vuestra traición, perdoné a papá cuando entendí por qué me hizo irme. Y ahora vuelvo, ¿y qué me encuentro?
Solté una risa amarga antes de seguir.
—Me encuentro a una mujer que sí ha sufrido, pero en vez de intentar seguir adelante por su familia, por su hijo, que es lo más grande que nunca tendrá, lo único que hace es ahogar sus penas en alcohol.
Lauren se llevó las manos a la cara y sollozó más fuerte.
—Pues no lo voy a permitir ¿me oyes? No voy a dejar que te mates. Vas a dejar de beber. Vas a hablar, aunque no quieras. Vas a seguir por tu marido, por papá y por Gus, así tenga que obligarte.
Mi padre hizo un amago de mover la silla para acercarse a mí, pero le rogué con la mirada que no lo hiciera. No podía dejar que nadie me tocara en esos momentos.
Porque si lo hacían, me derrumbaría del todo.
—Quiero a mi hermana de vuelta. Quiero que vuelva esa mujer fuerte, esa que tuvo los ovarios necesarios para irse sola a otra ciudad a estudiar. Quiero de vuelta a la mujer que se enamoró de mi mejor amigo. Quiero aquí a la Lauren que tienes que ser. Quiero que vuelva mi otra mitad.
Di otro paso atrás y ya estaba cerca de la puerta.
—Así que, si estás sufriendo, me lo cuentas —dije golpeándome el pecho—. Si necesitas llorar, lloramos —otro golpe—, porque yo te entiendo mejor que nadie y estoy aquí para ti.
Ya no podía más; sacar todo ese dolor me había dejado agotada.
Mi padre se acercó despacio, sin querer invadir. Solo alargó su mano y me la ofreció, dándome la opción de ser yo quien se la cogiera.
Lo hice, por supuesto que lo hice, necesitaba ese apoyo, pero hasta que no toqué su piel no supe cuánto lo había necesitado de verdad.
Lloraba muchísimo, más que yo incluso.
—Hija… ¿cómo no me lo dijiste?
—No… no… pude, papá.
—¿Cómo has podido comerte todo esto tú sola? Dios mío, Reagan…
Tucker se puso a mi otro lado y agarró mi otra mano. Me la apretó fuerte.
Me pidió entre sollozos que le contara cómo había pasado todo. Tampoco era largo de contar, así que lo resumí en un par de minutos.
A las dos semanas de llegar a Denver, una noche ya instalada en el apartamento en el que viví durante seis años, me desperté con mucho dolor en el vientre.
Con mucho esfuerzo me vestí con lo primero que pillé, llamé un taxi y cuando conseguí montarme le pedí que me llevara al hospital. Esperé tres largas horas en la sala de espera a que me atendieran.
Y no lo hicieron porque fuera mi turno, sino porque mis pantalones se empezaron a empapar de sangre y allí mismo me desmayé.
Cuando me desperté al día siguiente, me dijeron que había tenido un aborto espontaneo seguramente provocado por una situación de estrés o porque estaba destinado que tenía que ser así.
—Dios, Reagan, lo siento muchísimo.
Sonreí con tristeza a Tucker al decirme eso.
—Supongo que no estaba en mi destino ser madre. Solo estaba en el vuestro.
Me separé y les solté a los dos para dar otro paso atrás. Mi padre me miró con miedo.
—Solo necesito salir.
—Reagan…
—Necesito respirar y calmarme.
Fui hasta la puerta de la calle; los tres me siguieron en completo silencio. La abrí, pero antes de salir giré la cabeza y miré a mi hermana.
—Esto no se acaba aquí. Tú y yo vamos a hablar. Me vas a contar todo. Vas a salir de esta mierda. Y no vas a tomar una copa más.
Asintió entre lágrimas y solté un poco de aire al ver que había determinación en sus ojos.
Sí que quería salir, pero no había sabido cómo hacerlo.
No sabía cómo parar.
Pues ahí iba a estar yo para tirar de ella; me prometí antes de girarme y salir corriendo hacia los campos.
Corrí y corrí todo lo que me daban las piernas mientras dejaba salir en forma de lágrimas todo el dolor que llevaba dentro.
Ese dolor que tenía retenido y que al parecer no dejé salir en su momento estaba saliendo ahora de golpe, de forma atropellada y sin pedir permiso.
Era cierto que no había pensado en contar nunca lo que pasó, ni a mi padre, que era la persona en la que más confiaba en el mundo, ni por supuesto a Tucker ni mucho menos a mi hermana,
Pero Lauren me había puesto tan al límite que mi boca había sido más rápida que mi cabeza y me salió todo solo.
Y dolía, dolía muchísimo.
Llevaba tanto tiempo intentando convencerme de que lo tenía superado que hasta me lo había creído, pero no había sido así.
Pero en ese momento allí en el campo llorando de manera desgarradora me di cuenta de que no lo había superado, solo había aprendido a vivir con ello.
Llegué a una parte alejada de los campos y me dejé caer de rodillas mis pulmones ya no aguantaban más el ritmo al que había estado corriendo y necesité coger varias bocanadas de aire.
Cuando conseguí recuperarme un poco, me arrastré por el suelo y me senté contra el tronco de un árbol.
Cerré los ojos y apoyé la cabeza hacia atrás.
Necesitaba calmarme antes de volver.
Y sabía que no había mejor lugar para hacerlo que ese.
Allí en las tierras en las que había nacido, en las tierras en las que había crecido y en las que había sido tan feliz y donde había vivido los mejores momentos de mi vida.
Sí, también viví uno de los peores, pero había decidido días atrás que ese momento malo no podía empañar todo lo demás, así que solo quería quedarme con lo bueno y dejar de una vez toda la mierda que había rodeado mi vida y todo el dolor atrás para poder vivir tranquila.