Nunca fuimos solo amigos Capítulo 15
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Capítulo 15

Clark, que no había dejado de observar la escena en silencio vi como sonreía ante la alegría de Gus y también al ver las sonrisas de mi padre y Tucker que seguramente en los últimos tiempos eran escasas.

Mi amigo se dio cuenta que no nos había presentado y dio un paso al frente.

—Clark.

El sheriff apartó la mirada de mí para mirar a Tucker.

—¿Sí?

—Déjame que te presente a mi cuñada. Ella es Reagan Robinson.

—Reagan, él es Clark Dawson, el sheriff y un buen amigo —dijo girándose hacia mí.

—Creo que ya nos conocemos, señorita.

—Sí, así es —contesté sonriendo.

Mi padre nos miró primero a uno y luego al otro, confundido.

—¿Os conocéis?

—Nos hemos cruzado en la puerta del bar de Allison.

—Encantado de conocerte oficialmente —dijo mirándome fijamente mientras alargaba la mano.

Bajé la mirada hasta su mano. Dudé, solo un segundo, antes de extender la mía para estrechársela.

Fue un leve contacto, el suficiente para que, nada más sentir su piel sobre la mía, ese cosquilleo que había sentido al verlo en la puerta del bar me recorriera otra vez el cuerpo entero y, encima, fue mucho más intenso.

Sentí como un latigazo eléctrico en el brazo que me hizo retirar la mano más deprisa de lo que había pretendido.

—Lo mismo digo —contesté en voz baja.

Y entonces pasó algo que no me esperaba. Levanté la mirada y la crucé con la suya que me estaba mirando fijamente. Y pareció como si todo desapareciera de repente, como si nos hubiéramos quedado solos.

Solo duró unos segundos. Los justos hasta que un carraspeo por su parte me hiciera parpadear y bajar la cabeza.

—Bueno, yo me marcho. Gus, mañana vengo para llevarte al cole.

—Vale. Gracias, Clark.

Asintió sonriendo antes de darse la vuelta para marcharse. Pero en el último momento se dio la vuelta y volvió a mirarme.

—Bienvenida a casa.

—Gracias, sheriff.

—Nos vemos mañana —nos dijo a todos.

—Gracias por todo hijo.

—No hace falta agradecer nada Nolan.

Mi padre asintió sonriendo. Clark se despidió con un toqué de sombrero y todos nos quedamos mirándole en silencio como se montaba en el coche y se iba.

No me había dado cuenta de que estaba conteniendo el aliento hasta que solté el aire de golpe cuando el coche dejo de verse en el camino.

Gus fue el primero en moverse y entró en la casa sin decir nada.

Yo iba a hacer lo mismo, pero al darme la vuelta, mi padre y Tucker, con la misma postura, con los brazos cruzados en el pecho, me miraban divertidos.

Fruncí el ceño. Miré a uno, luego al otro y lo fruncí todavía más al ver cómo se miraban, se decían algo en silencio y volvieron a mirarme sonriendo.

—¿Qué pasa?

Siguieron callados sonriendo.

—¿Qué? ¿Qué pasa?

—No lo sabemos, dínoslo tú.

—No pasa nada.

—Claro.

—Ya.

Los dos hablaron al tiempo antes de soltar una risita.

—No ha pasado nada —repetí.

Tucker se echó a reír y miró a mi padre que estaba aguantándose la risa.

—Nolan, me parece a mí que la vuelta a casa de la niña nos va a traer muchas sorpresas.

—Eso mismo pienso yo.

—¿Sorpresas? De eso nada, dejar de decir tonterías —dije adivinando por fin por dónde iban sus pensamientos.

Mi padre levantó las manos a la vez que se reía.

—Yo no digo nada y lo digo todo. O más bien lo veo.

—¡Papá! —protesté.

Se dio la vuelta con la silla y entró en la casa mientras se reía y murmuraba algo al mismo tiempo que no llegué a entender.

Giré la mirada y el capullo de Tucker seguía mirándome mientras se reía.

—No sé qué os hace tanta gracia. No ha pasado nada.

—Pero pasará.

Puse los ojos en blanco y me giré rápido para entrar en la casa. Pero Tucker se acercó rápido a mí y pegó su boca al odio.

—A mí no puedes engañarme, que no se te olvide que conozco todas tus expresiones y reacciones.

Giré la cabeza.

—¿Qué?

—Y también conozco todas tus miradas.

—Tucker —dije apretando los dientes.

—Reagan lo he visto. He visto cómo le mirabas. Y no lo has hecho como puedes mirar a cualquier hombre.

Un rubor me subió por el cuerpo, haciendo que se me colorearan las mejillas.

—No… no es verdad.

—Sí, es verdad.

—Que no.

—Sí. Reagan, he visto el interés en tu mirada. Y no ha sido lo único.

—No sabes lo que dices.

—Sí que lo sé. Como sé que en tu mirada también había atracción y deseo.

Abrí los ojos como platos.

—¿Qué dices? ¿Estás loco? Eso no es cierto.

Tucker soltó una carcajada fuerte y profunda.

—Ni estoy loco ni estoy ciego; he visto cómo tu cuerpo reaccionaba a su contacto, como también he visto que sentías algo.

—No.

—Sí.

—Tucker, cállate.

—Me callo si quieres, pero porque lo haga no será menos cierto.

—Joder… —susurré.

—Y también he visto algo más —dijo mirándome a la vez que alzaba las dos cejas.

—Tucker, en serio no sigas.

—Solo diré esto último. En los ojos de Clark también he visto que sentía lo mismo que tú, o al menos algo parecido.

Abrí la boca asombrada, no sabía ni qué decir joder.

—Eso no es cierto.

—Lo es.

—Te digo que no. No me ha mirado de ninguna manera.

—Lo ha hecho Reagan y lo sabes igual que yo.

—Oh Dios mío… —dije antes de resoplar.

—Clark viene mucho por aquí, pero creo que ahora va a venir todavía más.

—No digas tonterías.

—No son tonterías. Pero da igual, tú misma podrás comprobarlo y me acabarás dando la razón.

—Eso no va a pasar.

—Ya lo veremos —dijo zanjando la conversación y pasándome el brazo por los hombros para que entráramos en la casa.

Fuimos directamente a la cocina para comer. Allí ya estaban mi padre y Gus esperándonos.

Me centré en hacer lo que tenía que hacer y, con esfuerzo, aparté esos ojos verdes de mi mente. Porque no podía permitirme pensar en ellos ni en su dueño.

Había vuelto para ayudar a mi familia, a mi padre con su pierna, a mi hermana con su problema y a Tucker con el rancho; no podía permitirme distraerme con nada más.

Y lo peor de todo, no podía permitirme enamorarme y tuve claro, mientras veía a Clark marcharse por el camino en su coche, que si empezábamos a relacionarnos, porque, como me había dicho Tucker, venía mucho al rancho, eso iba a ser imposible de evitar.

Porque sí se lo había negado a mi amigo, pero era cierto todo lo que me había dicho. Con solo cruzar dos miradas con el sheriff podía asegurar que me atraía y mucho y que cierta parte de mi cuerpo se había puesto contenta y en alerta mientras lo miraba.

Nos sentamos a comer y, al probar el guiso que había hecho mi hermana, todos pensamos lo mismo. Que estaba para tirarlo a la basura, pero justo en el momento en el que Gus fue a decirlo, Lauren entró tambaleante por la puerta y todos callamos y comimos lo que pudimos en silencio.

Al terminar de comer, Tucker volvió a los campos; mi padre se fue al despacho que estaba anexo a la casa para preparar las cosas que se traería a la casa para ponerse al día con la tarea al día siguiente.

Lauren, al ver lo que hacía mi padre, le agradeció la ayuda alegando que era mucho trabajo y que sería mejor hacerlo entre los dos.

Que dijera eso me dijo que ella misma era consciente de que no estaba haciendo las cosas bien.

Pensé que tenía que tener una gran conversación con ella, pero decidí dejarlo para unos días más tarde cuando ya estuviera bien instalada en la casa y hubiera cogido el ritmo del plan que había hecho con mi padre.

Como habíamos quedado, Gus hizo la tarea del colegió que no era otra que repasar la lectura de dos hojas que le habían dado. Era fácil, ya que estaba recién aprendiendo a leer, así que entre que era espabilado y que se moría de ganas de salir a montar, terminó enseguida.

De la mano fuimos hasta las cuadras.

La sensación que me recorrió por el cuerpo al verme de esa manera con él caminando por las tierras del rancho fue algo que no se podía explicar con palabras porque verme con ese pequeño de esa manera me hizo pensar en algo.

Algo en lo que hacía años que me había prohibido pensar porque si lo hacía probablemente hubiera acabado peor incluso que mi hermana.

Pensé en que perfectamente ese niño que llevaba de la mano podía haber sido mi hijo y no mi sobrino.

Eso hizo que un dolor muy grande se me instalara en el pecho y que, mientras caminaba con Gus a mi lado, que no paraba de hablar de todo, los ojos se me aguaran pensando en lo que pudo ser y no fue, porque estaba escrito que así tenían que pasar las cosas.

—¿Tía?

—¿Sí?

—¿Estás bien?

—Sí —contesté forzando una sonrisa y mintiendo para que no se preocupara, ya que me estaba mirando de forma rara.

—Es que parece que estás triste; tus ojos están con agua como los de papá algunas veces cuando mira a mamá.

Dios mío… en ese momento me di cuenta de que era pequeño pero muy listo y que se enteraba de todo lo que pasaba en la casa, aunque no tuviera la capacidad de comprender ciertas reacciones y por qué tanto sus padres como el mío las tenían.

—No estoy triste, solo emocionada porque voy a montar contigo —dije, resolviéndole el pelo para que riera.

—Yo estoy que no me lo creo todavía, llevo soñando con esto ni sé el tiempo.

—Pues ya no tienes que soñar más, porque hoy ese sueño se hará realidad y espero que todos los demás que tengan también lo hagan.

—¿Tú has cumplido los tuyos?

Cerré los ojos y tragué saliva ante su pregunta, que me hizo sentir una fracasada, ya que todos los sueños que tuve alguna vez se esfumaron como una cortina de humo.

Mi sueño era vivir feliz en esas tierras con el hombre que amaba, formar una familia y enseñar a mis hijos a amar esas tierras como mi padre había hecho conmigo. A la vista estaba que eso no había pasado y no tenía esperanza alguna de que eso pasara nunca.

La vida que yo pensé que tendría no podía haber sido más distinta, pero era lo que me había tocado y no podía hacer nada, así que no me había quedado más remedio que aguantarme y seguir.

—Voy a cumplir ahora uno. Enseñarte a montar es uno de ellos —contesté sin saber qué otra cosa decir.

La hora que pasamos subidos en el caballo fue uno de los mejores momentos que había vivido en años y le di las gracias a Gus en silencio porque sin saberlo me había devuelto una felicidad que creía perdida.

El día se nos pasó volando y cuando me quise dar cuenta estaba tumbada en la cama, cansada, nerviosa por la incertidumbre de lo que pasaría los siguientes días y con la imagen de esos ojos verdes que no se marchaban de ahí por más que quería en primer plano en mi mente.