Nunca es tarde para volver a intentarlo Capítulo 50 Afterparty
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Capítulo 50 Afterparty

Llegamos al apartamento a las seis de la mañana después de una fiesta épica.

Nos quitamos la ropa, nos metimos a la cama, nos abrazamos y cuando abrí los ojos, eran ya las cinco de la tarde.

Me quedé loquísima. Había dormido once horas seguidas, sin que me afectase el calor ni los ronquidos del señor Díaz.

—Rey, gírate que pareces un búfalo —le pedí.

Pero su cerebro estaba KO.

No tenía mucho aguante con el alcohol este chico. Solo se había bebido siete cervezas y estaba para el arrastre. Yo con diecinueve años me tomaba las litronas de dos en dos y ni me mareaba. Ventajas de haber tenido una gran envergadura, supongo.

Ahora tenía que llevar más cuidado, porque en cuanto me pasaba un poco, me afectaba súper rápido. Lo que por otro lado también era una ventaja, porque con menos pasta conseguía el mismo resultado.

Aproveché que el míster seguía frito para pillar el móvil e irme al salón.

Quería ver de nuevo la última parte del vídeo de Jara.

Estaba un poco cagada por lo que me había dicho en los últimos diez segundos.

Di al play y volví a escucharla.

—Ya estás preparada para saber toda la verdad, así que ya no recibirás más vídeos en tu móvil. El próximo tendrás que recogerlo en el aula 101B de la universidad el uno de julio a las diez en punto. Te lo entregará mi profesor de Psicología.

Me dejé caer hacia atrás en el sofá .

¿Y este deus ex machina? Parpadeé un par de veces intentando averiguar qué coño pintaba su profesor de psicología en todo este embolado.

Yo me había quedado convencida de que los vídeos me los estaba mandando Rubén, su hermano, aunque mi teoría tenía un pequeño fallo que me jodía admitir.

¿Podía ser que los enviase él?

Sí, podía ser.

Pero… ¿cómo coño pudo saber Jara que moriría exactamente el cinco de marzo?

Si solo hubiese dicho el mes, se me habría colado el dato sin darle mayor importancia, porque si te dicen que te quedan seis meses de vida en septiembre, pues sumas y apañado.

Ya sabes en qué mes la vas a palmar, pero acertar el día, eso ya era más complicado.

Tampoco explicaba cómo había conseguido quitarme el patín.

Ese sí que era un problema de los gordos.

El hermano de Jara vivía fuera de España, en Suecia o por ahí lejos.

¿Podía tener un cómplice? ¿Algún colega que me hubiese quitado el patín? También podía ser. Eso sí, con estudios de cerrajero, porque si no a ver cómo leches lo soltó y lo volvió a dejar en su sitio sin cargarse el candado.

Y así llevaba ya una hora, dándole vueltas.

Cada vez que se me ocurría una teoría, había diez motivos por los que hacía aguas.

—Me da igual lo que diga Roger —murmuré—. Tiene que ser con IA.

Era la única explicación. Me habían colado algo en el móvil que me escuchaba las conversaciones y de esa manera Rubén podía generar vídeos de Jara con cosas de mi día a día. Por eso supo lo de la bachata, el karaoke y que me acosté con Marc.

—Vamos, Nora, tu TFG fue sobre la IA, piensa, piensa —mascullé.

¿Le podíamos meter a una IA toda la información sobre una persona y pedirle que simulase ser ella?

Eso lo había visto yo en alguna parte, en Black Mirror, creo.

Entonces parecía ciencia ficción, pero también lo parecían los libros de Julio Verne y luego mira, todos se hicieron realidad menos el del viaje al centro de la Tierra.

—Con ese te colaste, Julito —reí para mis adentros.

Volví a la habitación sin hacer ruido para no molestar a Hugo. Pillé mi portátil, regresé al salón y abrí Google.

—Vamos a ver, si se puede o no se puede.

Busqué en Instagram la cuenta de Jara.

Estaba en modo conmemorativo, pero podía descargarme alguna foto de ella para mi pequeño experimento.

Hice scroll y vi la cantidad de imágenes que tenía con Hugo, había cientos, pero esas no me interesaban. Necesitaba una en la que estuviese sola.

Vi tres buenas candidatas, así que usé la herramienta de recorte para conseguirlas.

Siguiente paso, ver con qué IA podía generar vídeo.

—Vamos, Googlecito, échame un cable con esto —le pedí al buscador.

Me sacó una lista de varias, pero todas eran de pago, aunque me ofrecía la oportunidad de hacer alguna prueba gratuita. Sin embargo, aunque tenía una foto de Jara, no tenía imágenes de su habitación, ni sabía las proporciones correctas.

Entré a ChatGPT.

—Necesito una imagen de fondo de un dormitorio juvenil que tenga un escritorio, con una silla de oficina negra y unas baldas con libros. Y una lata de Monster, de las naranjas —le escribí.

Lo que me generó no se parecía en nada a la habitación de Jara, pero tampoco importaba mucho. Rubén le podía haber pedido a su madre que le enviase una foto del dormitorio por WhatsApp, yo no.

Y solo quería hacer una prueba.

Abrí los tres primeros resultados en diferentes pestañas, subí la foto de Jara y la del dormitorio .

¿Cómo empezaba el primer vídeo? La verdad, no me acordaba del todo, creo que era gastándome una broma sobre que su muerte había sido simulada.

Perfecto, ya sabía qué pedir:

—Utilizando las imágenes que te he subido, genera un vídeo de diez segundos de una chica española, con acento de Valencia, que saluda a la cámara y dice la siguiente frase: «todo lo relacionado con mi muerte, fue un engaño».

No era muy específico, porque no le había indicado la cadencia de la voz, el ritmo, si se le tenía que notar la respiración, me faltaba ponerle la hora que era, el formato de salida.

¡Menudo desastre de prompt!

Así me iba a generar una mierda.

—Las cosas de calidad requieren tiempo —me dije a mí misma.

Empecé a añadir todo lo que consideré necesario para que el resultado fuese el mejor posible.

Le puse hasta el diámetro del obturador.

¡Me tenía que salir un vídeo hiperrealista!

Le di a generar y aquello me escupió que iba a tardar cinco minutos.

—Perfecto —afirmé levantándome de un salto—. Momento cafecito.

Preparé la cafetera italiana y me hice un café con leche enorme, en una de las tazas nuevas de M&M’s que Emma compró en Madrid un fin de semana que se fue con Roger.

Volví al salón y me senté en el sofá.

El vídeo ya se había generado.

Moví el dedo sobre el panel táctil y le di al play.

—Todo lo relacionado con mi muerte fue un engaño —dijo una chica en pantalla que se parecía muchísimo a Jara.

—Joder —gruñí—. Se parece, pero el acento no tiene nada que ver. En vez de Valencia parece colombiana y no ha hecho ni una pausa. Gracias a Dios que es gratis, porque si me llegan a cobrar por esto, los demando.

Probé con la segunda web.

—Tot el relacionat amb la meua mort va ser un engany —soltó otra chica, que no se parecía nada a Jara y además no paraba de temblar sobre la silla, como si hubiese un terremoto.

¡Eso sí, el acento lo clavó!

El mejor «valenciano apitxat» que había escuchado en mi vida.

El problema es que Jara hablaba en castellano, pero con acento valenciano, ¡joder! Aquella IA no había entendido nada o, directamente, había hecho lo que le daba la gana.

Se me hundieron los hombros al comprobar que mi teoría más firme empezaba a tambalearse.

Aun así, decidí probar con la tercera.

—Todo lo relacionado con mi muerte. —Hizo una pausa, cogió aire y siguió hablando—. Fue un engaño.

Se me heló la sangre.

Era clavada a Jara.

La voz sonaba muy parecida, quizás un poco más aguda, pero poco.

Y a nivel de vídeo, daba auténtico miedo: pestañeaba, se le movía el pecho al respirar, se le plegaba la ropa al mover las manos, hasta se le contraían los músculos de los brazos con cada gesto.

Miré el nombre de la web: Seedance.

¿Ver bailes?

Vaya nombre más raro.

Comencé a navegar por internet buscando vídeos generados con aquella herramienta y cuando llegué a YouTube aluciné en colores.

Había una entrevista, generada por completo por IA, tan real que era imposible notar la diferencia con una auténtica.

Tragué saliva y miré a mi iPhone 12, que descansaba sobre el sofá.

—Así que Rubén y Seedance —maldije cruzando los brazos .

Ahora solo faltaba saber qué app me habían colado en el móvil para espiarme.

—¡Ale, Nora, a seguir investigando!