Nunca es tarde para volver a intentarlo Capítulo 6 Las Fases
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Capítulo 6 Las Fases

Lo recibí el día uno de octubre, a las ocho, puntual como el primero.

Menudo mal rollo me dio al ver la notificación.

Ya casi no me acordaba de aquella historia. Pensaba que todo había sido una broma, que al final no recibiría más, pero vaya que si lo recibí.

Y me cagué viva viéndolo.

Eran las ocho y diez cuando, después de dar un montón de vueltas por mi habitación, conseguí decidirme. Coloqué el iPhone en un soporte del chino que tenía por allí, me senté en la silla del escritorio y le di al play.

Apareció mi ex mejor amiga Jara, plantada en medio de la pantalla, con los brazos cruzados y negando con la cabeza, con el ceño fruncido.

Estuvo así casi diez segundos antes de hablar.

—Alguien es una bocachancla y le ha contado nuestro secreto a demasiadas personas.

—Después chasqueó la lengua unas cuantas veces—.

Pero te entiendo, porque pensabas que a lo mejor era una broma y que este segundo vídeo no llegaría, pero ya ves.

¡Aquí estoy! Y para que no vuelvas a largar de más, te voy a hacer una demostración de mis poderes fantasmales.

Cerró los ojos, se concentró… y de repente en la pantalla aparecieron unas interferencias, el móvil hizo un sonido extraño y la pantalla se apagó.

¡Me dio un escalofrío por la espalda que no veas!

Me quedé esperando y esperando a que pasase algo, pero fue como si el móvil se hubiese muerto.

¡Joder!

¡Jara me lo había escacharrado desde el más allá !

Empujé con las piernas la silla y me acerqué más al escritorio, con el cuello estirado hacia delante. Observé el teléfono, colocado sobre el pequeño soporte. Estiré el dedo despacio, realmente acojonada, con la intención de tocar la pantalla.

Pero de repente apareció una calavera y sonó un grito aterrador por el altavoz.

Pegué un bote sobre la silla que casi toqué el ventilador de techo con la cabeza.

¡La madre que la parió!

Ni escacharrado ni nada. Había grabado una secuencia sin imagen y yo, mema de mí, me pensé que me lo había apagado de verdad. ¡Me acordé de toda su familia mientras ella se reía en la pantalla, con la mano tapándose la boca!

—Tienes que reconocer que ha sido la hostia —siguió hablando sin parar de reír—. Seguro que te has meado encima del susto. Qué lástima no poder verlo, ha tenido que ser épico.

—Tu puta madre sí que es épica, ¡casi me da algo! —protesté yo con el corazón aún en la mano.

¡Genial! Le estaba hablando al vídeo de una muerta.

Como si pudiese oírme.

—Pero ahora tengo tu completa atención, así que puedo explicarte las fases del plan, para que luego, aunque me hayas prometido que no, llames a Liam y a Silvia para contárselo.

Será cabrona, otra vez me había leído la mente.

¡Odiaba que hiciese eso!

—No quiero que le enseñes los vídeos a nadie, y este es el último aviso que te doy. —Se acercó a la cámara y habló con voz grave—: Si lo haces, usaré mis poderes de verdad y entonces sí que te vas a cagar.

Tragué saliva pensando si sería capaz.

Después negué rápido con la cabeza.

¡Qué va! ¡Me estaba vacilando !

—Las fases. —Chasqueó los dedos y apareció la pizarra detrás de ella con un montón de cosas escritas—. Las he puesto ya, porque si tengo que hablar y escribir a la vez me lío todo el rato.

Señaló con un rotulador que llevaba en la mano.

—Fase uno. —Se le dibujó una sonrisa de oreja a oreja—. Yo la llamo: empezar a cuidarte.

La imagen cambió y apareció de nuevo en su cama, sentada y con aspecto más serio.

—Nora, cielo, la única vez en tu vida que te he visto hacer algo productivo fue cuando tu padre se empeñó en que fueses árbitra como tu hermano.

—Asintió con la cabeza—. Y vaya que si funcionó, porque te pusiste en forma y eras capaz de pitar un partido durante una hora corriendo sin sudar…

bueno, sudando a mares, pero aguantabas.

¿Cómo coño sabía ella esas cosas si ya no éramos amigas?

—Seguramente te estarás preguntando cómo sé todo esto y te lo contaré, pero todavía no, porque aún no estás preparada para saber toda la verdad.

Fruncí el ceño y arrugué la nariz. ¿Qué había dicho? ¿Pero de qué verdad me estaba hablando? No entendía nada.

Seguí escuchando a ver qué sacaba en claro.

—Primera misión seria, reto o como lo quieras llamar: debes volver al arbitraje, durante toda la temporada. Sin excusa, rapidito, ya mismo. Así que habla con tu hermano y que te enchufe como sea.

Me llevé las manos a la cabeza.

—¡Pero tú estás loca! —le grité al teléfono, con el dedo apuntando a la pantalla—. Que las cosas no son así. No es tan fácil.

Obviamente no me respondió.

Se quedó de brazos cruzados mirando a la cámara mientras movía la pierna que tenía subida sobre la otra.

Cuando llevábamos casi dos minutos en silencio habló de nuevo.

—¿Has acabado de quejarte o sigo esperando?

Crucé los brazos y maldije para mí misma.

¿Cómo era posible que me conociese tan bien ?

—De momento no hace falta que hagas nada más. Este mes dedícate a prepararte y a volver a arbitrar a los niños pequeñitos, por dos motivos. Primero, porque tienes que ponerte un poquito mejor de forma física.

Cogió aire por la nariz muy despacio y lo dejó escapar por la boca.

—No es por estética, Nora, no es por eso.

—¡Ja! ¡Payasa! —le grité triunfal—. Esta vez no he pensado nada de nada. No eres tan lista como tú te crees.

Se me formó una sonrisa de oreja a oreja y empecé a agitar los codos dando pequeños botes sobre la silla.

—Es por salud, joder… —siguió hablando ella a su bola—.

Y te lo digo yo, que me estoy muriendo con veinte años.

¡Mira a tu abuela! Que lleva desde los cincuenta hecha una mierda, con dolores por todos los lados, las rodillas jodidas y todo por el sobrepeso y no haberse cuidado jamás. ¿Quieres acabar igual?

¡Hostia!

Menuda bronca me acababa de comer sin motivo alguno.

Abrí la boca para responder que eso no era justo. Que yo no me parecía a mi abuela en nada. Ella fumaba, comía fatal, todo frito con aceite de girasol, y yo, yo tenía toda la vida por delante para empezar a cuidarme, pero no me dio tiempo a decirle nada, porque ella siguió hablando.

—Y no me vengas con el cuento de que tienes tiempo, que no hace falta ponerse ya.

—Se dio una palmada en el pecho—. ¡Yo pensaba que tenía tiempo!

Y ya ves. Así que obedece, que sé lo que hablo.

No tienes tiempo, nadie lo tiene. Repito: deja de echar balones fuera y empieza a cuidarte.

Quiero que llegues a viejecita sana sanísima y que des guerra hasta los noventa.

O al menos, que jodas al gobierno cobrando una paga cuanto más tiempo, mejor.

—De repente se puso en pie y gritó—: ¡¿Entendido, soldado? !

Estuve a punto de ponerme de pie yo también y gritar «señor, sí, señor», pero no lo hice porque me dio vergüenza. Era una tontería tener ese sentimiento, no me iba a ver nadie, pero me la dio igualmente .

—Segundo motivo. —Carraspeó un poco—. Dinero. Importante. Por eso lo del arbitraje, porque tendrás un ingreso extra y te va a hacer falta para la fase dos.

—¿Fase dos? —pregunté inconscientemente, inclinándome hacia la pantalla.

—Después de ponerte en forma —continuó explicando—, viene la parte de ponerte guapa, y para eso tienes que renovar el armario, pero tranquila, que lo vamos a pedir todo a Shein, que en esa web hay cada cosilla que vas a alucinar.

Apreté los puños.

La fase dos no me gustaba nada.

Cada vez que iba de tiendas me deprimía. Todo me quedaba mal. Salía de casa con Silvia, nos íbamos al centro comercial Aqua, y cuando llevaba diez minutos allí ya me agobiaba y me entraba ansiedad, así que acabábamos en el Taco Bell comiendo como cerdas.

—…enviaré al final del próximo vídeo unas capturas con combinaciones para cada temporada del año, ¿de acuerdo?

Mierda, me había perdido una parte y no sabía lo que había dicho.

Bueno, no era un problema, podía volver a verlo.

—Y de apoyar a Hugo, de momento, olvídate. Eso ya llegará en la fase cuatro.

—¡Madre mía! ¿Cuántas fases hay aquí?

Empezó a agitar las manos y a sonreír.

—Eso es todo hasta el mes que viene. —Después de despedirse empezó a lanzar besos hacia la cámara—: Besitos, besitos, muchos besitos y amor desde el más allá.

—Giró la cabeza hacia un lado y volvió a mirar a la cámara—.

Voy a ver dónde se pide el turno para la esteticién aquí en el cielo, que esto es muy grande y todavía voy un poco perdida.

Me llevé una mano a la cabeza y apreté los labios.

—¡Joder, Jara! ¡Que te estás muriendo! —le chillé—. No gastes bromas con esas cosas.

Pero ya no estaba, el vídeo había terminado.

¿Cómo leches podía tomarse a cachondeo su propia muerte ?

Me dejé caer hacia atrás en la silla y me quedé pensando en el vídeo, en lo que me había dicho, en las fases, en Hugo, en todo. Y sobre todo en mi hermano, al que no veía desde hacía un mes.

¿Le llamaba? ¿Le mandaba un WhatsApp?

No, mejor a la antigua usanza.

En persona. Era fácil encontrarle.

El viernes hablaría con él.

Al día siguiente de recibir el vídeo, desoyendo las advertencias de Jara, volví a llamar a Liam y a Silvia para que se trajesen un par de pizzas del DIA para cenar y así poder enseñarles la nueva entrega.

Y me pasé un huevo con ellos, lo sé.

Pero no pude evitarlo.

Cuando llegó la parte en que Jara decía que iba a usar sus poderes, yo reaccioné de la siguiente manera.

—No, no, no, ¿esto qué es? ¡Es diferente! ¡Antes no ha salido esto! —Me agarré al antebrazo de Silvia y le clavé las uñas—. Hostia, nena, tengo mucho miedo, ¿qué es esto?

Los dos se miraron extrañados.

Y cuando se apagó el móvil, se quedaron mudos.

—Liam, tú que eres el hombre —le recordé, dándole un toque en la rodilla—. Haz algo.

—¿Yo qué? —respondió en voz baja—. No, mejor no.

Pasaron unos segundos y entonces la calavera apareció.

Pegué un chillido que ni las de la ópera.

Silvia saltó del sofá y Liam se cayó al suelo. Se alejó de la mesita de centro hacia atrás empujando con las piernas, como en las películas de miedo, hasta que se chocó con la pared.

—¡Me cagüen la madre que te parió! ¡Pedazo de loca! —me gritó Silvia—. ¡Casi me da un infarto por tu culpa!

Yo empecé a mearme de risa doblada sobre mí misma.

No sabía cómo iba a acabar toda la movida de los vídeos, pero de verdad que tuve que felicitar a la difunta por una de las noches más divertidas de mi vida .

—No sé cómo lo consigues, Jara —bromeé mirando a la pequeña pantalla del iPhone—. Pero eres muy grande.