Capitulo 61
Enrique cuando miró a Andrés lo abrazó con fuerza y comenzó a llorar como un niño sentía un gran vacío en su pecho nunca Andrés había mirado al Gran Enrique de la torre tan destruido ni siquiera cuando murió su primer amor
Andrés quedó inmóvil por un instante, luego envolvió sus brazos alrededor de Enrique con la misma fuerza, apoyando su cabeza sobre el hombro del hombre que todos veían como invencible. Sentía cómo el cuerpo de su amigo temblaba entre sollozos, y por primera vez en años, no sabía qué decir.
—Enrique... —susurró, apretándolo más fuerte—. Ya estás bien, ya estás aquí.
Había acompañado a Enrique en tantas batallas, tanto en los negocios como en los momentos más oscuros de su vida, pero verlo así, destrozado y vulnerable, le partía el corazón. Sabía que el "Gran Enrique de la torre" se había derrumbado por completo, y que lo único que importaba ahora era encontrar a Victoria y a los niños.
—Yo no la protegí, Andrés —dijo Enrique entre lágrimas, separándose un poco pero manteniendo la mirada fija en su amigo—. Todo fue culpa mía, por querer tenerlo todo...
Andrés le puso una mano en el hombro, con determinación:
—No estás solo en esto. Juntos la encontraremos, y esta vez la defenderemos de todo el mundo si hace falta.
mientras Andrés conducía al apartamento de Enrique el celular de Enrique había comenzado a sonar era su padre contestó rápido Hola padre en este momento no estoy para que me sermonees la acabas de perder no es cierto me imagino que ya te diste cuenta con quién se fue lo sé padre se fue con Arturo Pérez huyendo de mí dale tiempo dijo su padre tratando de consolarlo y no bebas su padre lo conocía muy bien al llegar al apartamento Andrés se dirigió al bar hoy nos tomaremos uno de los mejores tragos que tienes en este bar y mira que yo no estoy despechado pero lo hago por ti
Enrique guardó el celular con una mirada aún nublada por la tristeza y la rabia al escuchar sobre Arturo Pérez. Bajó del auto sin decir una palabra, siguiendo a Andrés hasta el apartamento.
Al entrar, el olor familiar del lugar solo hizo que el vacío en su pecho se hiciera más grande. Mientras su amigo abría el bar y buscaba entre las botellas, Enrique se dejó caer en uno de los sillones del salón, apoyando la cabeza en las manos.
—Arturo Pérez... —murmuró entre dientes—. No puedo creerlo.
Andrés apareció con dos vasos y los colocó sobre la mesa de centro, sentándose frente a él:
—No te dejes llevar por las ideas antes de saber la verdad, ¿vale? Puede que no sea lo que parece. Ahora sí, levanta la cabeza y toma esto —dijo, empujando uno de los vasos hacia él—. Hoy olvidamos por un rato los problemas y hablamos como verdaderos amigos.
después de varias copas lo único que Enrique pronunciaba era el nombre de Victoria recordando la vez que se había quedado dormida en su apartamento su pelo extendido en la almohada lucía perfecta esa imagen había quedado grabada en su mente
Andrés asintió despacio, sosteniendo su vaso mientras escuchaba, sabiendo que en ese momento lo único que necesitaba Enrique era que alguien le escuchara.
—La recuerdo también —dijo con voz suave—. Esa noche en que viniste a buscarme porque no sabías qué hacer, temblaba de la emoción mientras la veías dormir. Decías que nunca habías visto a nadie tan tranquilo, tan... real, a tu lado.
Enrique cerró los ojos, y su rostro se relajó un poco al evocar de nuevo esa imagen:
—Tenía el pelo dorado por el sol que entraba por la ventana... parecía un ángel que se había perdido en mi mundo de sombras —murmuró, pasándose una mano por la frente, tratando de ahuyentar el mareo de las copas y la tristeza—. Yo le prometí que la cuidaría, que nunca le haría daño...
Andrés le puso una mano en el hombro:
—Y lo creíste en serio, Enrique. Lo sigues creyendo. Por eso vamos a encontrarla, para cumplir con esa promesa de verdad esta vez.
me pregunto de dónde conoce a Arturo Pérez, no lo sabías? Mauricio y Arturo son hermanos, y ya sabes qué: Mauricio es cuñado de Victoria. En serio? No lo sabía.
Enrique se quedó helado, soltando un suspiro profundo mientras la información caía en su mente como un cascajo.
—¿Hermano? —repitió con voz ronca por las copas y la sorpresa—. Nunca me lo dijo nadie... Victoria nunca mencionó que su cuñado tuviera un hermano.
Andrés frunció el ceño, pensativo:
—Eso cambia las cosas. Quizás no se fue huyendo de ti, sino buscando ayuda en familia. Quizás Arturo solo la ayudó a ponerse a salvo.
Enrique se incorporó un poco en el sillón, los ojos ahora más despiertos:
—Mauricio siempre fue bueno con ella... si Arturo es su hermano, entonces seguro que la está cuidando. Pero ¿por qué no me dijo nada? ¿Por qué tuvo que irse así sin dejar ninguna señal?