Nunca de nadie Capítulo cincuenta y tres — La primera lectura
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Capítulo cincuenta y tres — La primera lectura

CAPÍTULO CINCUENTA Y TRES

LA PRIMERA LECTURA

L a primera vez que Nicolás leyó una página del libro fue una tarde de julio. Yo había imaginado reglas, advertencias y un protocolo capaz de impedir cualquier daño. Al final bajé con una hoja en la mano.

—Quiero que leas esto.

El fragmento hablaba de la mirada: la de Valeria, la de Tomás, la de los médicos y la mía cuando intentaba verme a través de todos ellos.

Nicolás leyó de pie; no elogió; marcó una frase.

—Aquí me vuelves demasiado correcto.

—Estuviste correcto.

—A veces. También estaba celoso, asustado y quería decidir por ti.

Tenía razón; reescribí la escena sin convertirlo en villano ni terapeuta.

—¿Qué más? —pregunté.

—Explicas dos veces por qué el cuerpo sigue siendo tuyo.

Taché el segundo párrafo.

La lectura no nos volvió transparentes. Discutimos por lo que yo había omitido y por lo que él temía reconocer. Después guardé las páginas.

—¿Dejo la puerta abierta? —preguntó Nicolás al salir.

—Entreabierta.

No lo abrí para invitarlo a todo, sino para que entrara aire.