Capítulo veintiocho — La extensión
CAPÍTULO VEINTIOCHO
LA EXTENSIÓN
E l museo extendió la exposición tres meses. Acepté con una condición: ni el ataque de Andrés ni el caso de Valeria se convertirían en programa, campaña o anzuelo para prensa.
Elaine me pidió un ensayo. No una confesión, dijo, sino una reflexión sobre aquello que la exposición ya planteaba antes del escándalo. Escribí sobre la diferencia entre custodiar y poseer, y sobre el derecho a tocar un archivo sin creer que todo contacto exige abrirlo.
Nicolás leyó una versión y marcó una sola frase.
—Aquí explicas lo que la escena ya dijo.
Lo odié un minuto. Después la borré.
Viajé a Asheville durante un fin de semana. El estudio grande seguía cerrado y Nicolás trabajaba en piezas pequeñas; no intentamos convertir la visita en ensayo de convivencia; cocinamos, discutimos, hicimos el amor sin repetir la coreografía de Miami y dormimos con la ventana abierta.
Al preparar la maleta dejé una camiseta en un cajón.
—No significa mudanza —advertí.
—Es una camiseta, Clara.
—Conozco tu capacidad de volver peligrosa una camiseta.
Nicolás sonrió y cerró el cajón.
Me fui sin recuperarla.