Capítulo diecisiete — Junto a la decisión
CAPÍTULO DIECISIETE
JUNTO A LA DECISIÓN
L os días posteriores al tratamiento estuvieron hechos de análisis, cansancio y una cifra que debía bajar. Nicolás se quedó tres días en Chicago. Cocinó arroz, quemó una olla y aprendió que preguntar por mi cuerpo no le daba autoridad sobre él.
—No sé cómo estar hoy —le dije la primera mañana.
—Entonces desayuna antes de decidirlo.
La respuesta me irritó lo suficiente para hacerme comer.
En el laboratorio, la cifra había bajado. Era la noticia que necesitábamos y la que ninguno quería celebrar. Nicolás miró el resultado durante unos segundos.
—Me alivia —dijo—. También me duele.
—A mí también.
No intentamos ordenar las dos emociones.
Cuando él quiso cancelar todo el mes para quedarse, discutimos.
Yo no quería convertir su cuidado en vigilancia; él no quería usar mis límites como excusa para huir del miedo.
Acordamos algo menos limpio: se quedaría hasta el siguiente análisis y volvería cinco días después si yo todavía lo quería cerca.
Antes de irse, me tocó la cara.
—Te quiero.
La frase no pedía una respuesta, pero se la di.
—Yo también.
Cerré la puerta después de verlo desaparecer por el pasillo. El silencio no se pareció al abandono. Fui a la mesa, abrí la libreta y anoté el nuevo resultado.
La cifra bajaba. Mi cuerpo seguía.
Eso era suficiente por ese día.