Nunca (Arpías 4) Epílogo 2 #3
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Epílogo 2 #3

La cena comienza en medio de una extraña calma; nadie dice nada sobre lo que ha soltado Jane.

La tía Row reparte comida. El tío Thomas sirve el vino.

Mamá pregunta por la universidad de Claire, mientras el tío Preston discute con Cora porque ha robado una de las patatas antes de que todos estén servidos y el tío Jesse intenta convencer a Terry de que el tenedor no es un arma arrojadiza.

Todo parece normal.

Excepto por las indirectas.

—El pavo ha quedado muy jugoso —comenta la tía Nao.

—Hay cosas que mejoran cuando se cocinan despacio —añade mi madre.

Emma deja caer el tenedor.

—¿Te pasa algo? —pregunta papá.

—No.

—Pareces nerviosa —insiste.

—Estoy perfectamente.

—Tiene la cara roja —observa Jane.

—Hace calor.

—Yo tengo frío —dice Cora.

—Nadie te ha preguntado —le gruñe.

—¿Veis? —interviene el tío Jesse—. Esto es lo bonito de la familia. La confianza. Poder decir cualquier cosa sin miedo a que los demás te juzguen.

La tía Row asiente con solemnidad.

—Exacto. En esta familia aceptamos a todo el mundo tal y como es.

—Aunque oculte cosas —añade el tío Preston.

—O secretos —dice Neva.

—O relaciones clandestinas —remata Day.

Emma se atraganta. Le doy varios golpes en la espalda mientras toda la mesa la observa.

—¿Me he perdido algo? —pregunta mi hermana Everly a la vez que yo trato de frenar lo que sea que esté pasando.

—¿Queréis dejar de hacer eso? —pregunto.

Las sonrisas desaparecen con una coordinación aterradora.

—¿Hacer qué? —pregunta la tía Day.

—Eso.

—Sé más concreta —dice la tía Nao.

—Las indirectas.

—No sé de qué hablas —responde mamá.

Miro a Emma y ella me mira a mí.

—Thomas lo ha contado —susurra.

—Os escuchamos —dice papá.

Emma se levanta de golpe.

—¡Vale! ¡Sí! ¡Olivia y yo estamos juntas!

El grito retumba por toda la sala. Junior da una palmada. Jane también, aunque no sabe por qué.

Durante unos segundos nadie dice nada. Mamá tiene los labios apretados. La tía Row se tapa la boca con una mano. La tía Day observa el techo y la tía Nao se muerde el puño.

Entonces todos estallan en carcajadas.

Todos.

Hasta Thomas.

Emma permanece de pie, mirándolos como si acabaran de perder la razón.

—¿Qué demonios os hace tanta gracia?

—Que por fin lo has dicho —responde la tía Row.

—¿Por fin? —pregunto totalmente descolocada.

—Llevamos esperando este momento casi un año —explica mamá.

Emma vuelve a sentarse muy despacio.

Yo miro a papá y después a mamá.

—¿Cómo lo sabíais? —pregunto.

Todas las miradas se dirigen hacia Everly, que deja el tenedor sobre el plato.

—Nunca se miente a mamá —contesta.

Mi madre levanta su copa en su dirección, orgullosa.

—Ese es mi mantra.

—¿Tú nos viste? —inquiero.

Everly se encoge de hombros.

—Una vez. Bueno, varias.

Emma abre la boca.

—¿Varias?

—No sois muy discretas.

Cora vuelve a reírse.

—Eso puedo confirmarlo.

—¿Y se lo contaste a mamá? —pregunto.

—Claro. Nunca se miente a mamá.

—Creo que esa frase empieza a perder su encanto —masculla Emma.

Resulta que mamá les contó a sus hermanas. Sus hermanas se lo contaron a sus parejas. Claire y Cora ya lo sabían porque convivían con nosotras y, al parecer, la única persona de toda la familia que no había sido informada era Jane.

Hasta esta mañana.

—Yo sabía que había algo —dice Day, mirando a Emma—, pero cada vez que intentaba percibiros, Claire me bloqueaba.

Day sonríe con un orgullo imposible de disimular.

—Mi hija ha conseguido bloquearme durante meses.

—No sé si deberías estar orgullosa —comenta Jesse.

—Por supuesto que sí.

Emma mira alrededor de la mesa.

—¿Entonces nadie está enfadado?

Thomas suspira.

—Estoy un poco traumatizado por la forma en la que me he enterado oficialmente.

Ambas bajamos la vista.

—Lo siento.

—Yo también.

La tía Row se acerca a Emma, se inclina y le besa el cabello.

—Lo único que nos molestaba era que pensarais que teníais que esconderlo.

Emma baja la mirada.

Yo busco su mano debajo de la mesa y entrelazo mis dedos con los suyos.

—Necesitaba tiempo —susurra.

—Y lo has tenido —responde mamá—. Nadie quería obligaros a decirlo antes de que estuvierais preparadas.

—Aunque ha sido divertido veros intentar disimular —añade la tía Nao.

—Voy a matarte.

—Es Acción de Gracias. Sería de mala educación.

Papá levanta su copa.

—Entonces, ¿podemos brindar ya?

—¿Por qué? —pregunta Emma con desconfianza.

—Por vosotras.

Todos alzan sus copas.

Incluso Junior levanta su vaso de plástico y derrama agua sobre Jesse.

Observo a nuestra familia. A mis padres. A mis tíos y tías. A Claire, a Cora, a Jane, a Everly y al pequeño Junior.

Aquí están todos los que llegaron rotos a esta historia, los que decidieron quedarse y las que se incorporaron para hacer más grande la mejor familia que nadie pudiera desear.

Emma aprieta mi mano.

—Te dije que todo iba a salir bien —susurro.

—No presumas.

—Has estado a punto de desmayarte por una indirecta sobre el pavo —le recuerdo.

—Olivia.

—¿Sí?

—Te quiero.

Sonrío y apoyo la cabeza en su hombro.

—Ya lo sé, idiota. Quizás luego te lo diga yo también, recuérdamelo.

—¡Por favor, nada de manos debajo de la mesa! —exclama Thomas.

Las carcajadas vuelven a llenar la habitación y siento que Acción de Gracias es celebrar en un día una vida llena de felicidad.