Nunca (Arpías 4) Epílogo 2 #2
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Epílogo 2 #2

—Pues recuérdame que lo haga en algún momento. Ahora tengo que ir arriba antes de que lleguen mis padres.

Su sonrisa se esfuma y me empuja con fuerza.

—Eres imposible, joder —se queja, y pasa por mi lado para dirigirse a la salida.

La intercepto cuando está a punto de marcharse. La sujeto de nuevo por la cintura, acerco mi cuerpo al de ella y la empujo contra la pared mientras pego mis labios a los suyos.

Como ya esperaba, Olivia recibe mi beso empujando su lengua contra la mía. Cuando recorro su mandíbula con la boca, la escucho gemir bajito y me olvido de mis padres, de mis locuras de adolescente y cualquier otro problema que exista en el mundo.

El planeta Tierra podría explosionar en este mismo instante y no me importaría. Estoy donde quiero estar y con la única persona que quiero quedarme. Pasar mis últimos segundos de vida bebiendo de su jodida piel es todo lo que podría desear.

Lamo su cuello y lo araño con los dientes mientras cuelo las manos bajo su vestido. Amaso su precioso culo y la pego más a mí.

—Creí que tenías prisa —la escucho susurrar con un jadeo ahogado.

Regreso la mirada a su rostro. Dejo solo una mano en su culo y con la otra la sujeto del pelo a la altura de la nuca. Doy un pequeño tirón y ella gime en alto.

—Puedo hacer que te corras muy deprisa.

Se muerde el labio inferior y esboza una sonrisa provocativa.

—Me va a encantar que lo intentes.

Vuelvo a besarla con ímpetu. Solo aparto mi boca de la suya el tiempo suficiente para quitarle el vestido y mi boca regresa a la suya. Deslizo las manos por todo su jodido cuerpo. Sus tetas, los costados, la cintura y acabo introduciendo una mano en sus bragas.

Hundo los dedos entre sus pliegues empapados y me trago un nuevo gemido. Olivia empieza a mecerse contra la mi mano. La conozco bien. Sé que no tardará en llegar al orgasmo. Estoy a punto de colar un dedo en su interior cuando escucho una voz a mi espalda.

—¿Qué estáis haciendo?

Dejo de besarla y me aparto de golpe.

—¡Jane! —exclamo al ver a mi hermana pequeña junto a la puerta. Aunque lo peor viene cuando me fijo en la persona que está justo a su lado—. Thomas…

Mi padre me mira a mí, después a Olivia, que sigue pegada a la pared en ropa interior y con mi mano enterrada en sus bragas.

—¡Dios Santo! —exclama, y me apresuro a sacar la mano.

Thomas tira de Jane, le cubre los ojos con la mano y aparta la mirada de nosotras.

—Thomas… Esto no es. Yo… —Bufo con fuerza.

Acaba de pillarme con la mano en las bragas de Olivia. ¡No hay forma de explicarlo, maldita sea!

—Tu madre está arriba. Eh… Os esperamos. No tardéis —dice antes de dar media vuelta y salir del apartamento empujando a Jane delante de él.

Solo soy capaz de volver a respirar de nuevo cuando escucho cómo el montacargas empieza a moverse. Me giro hacia Olivia y ella suelta una profunda carcajada.

—¡¿De qué demonios te ríes?!

—Esto ha sido inesperado.

—Y bochornoso —mascullo.

Mi Chispi rodea mi cuello con los brazos y deposita un beso en la punta de mi nariz. Me encanta que haga eso, y lo sabe.

—Todo va a estar bien. ¿Quieres que hable yo con Row?

Niego con la cabeza. Mi madre y Olivia tienen una relación muy cercana y especial, pero prefiero ser yo quien se lo cuente.

—Toca ser valiente por una vez —susurro tras resoplar con fuerza.

—Esa es mi chica.

Me besa de nuevo, esta vez en los labios, y se aparta para ponerse el vestido. En cuanto ha terminado, se dirige a la salida.

—Chispi… —la llamo. Se gira a medias y me mira por encima del hombro—. Te quiero.

La sonrisa que ilumina su rostro me deja sin aliento.

—Ya lo sé, idiota. No tardes.

Me lanza un beso y sale del apartamento, cerrando la puerta a su espalda.

Olivia

Decido esperar a Emma para coger el montacargas y ella me lo agradece dándome un beso tan profundo que casi hace que volvamos dentro.

Cuando entramos en la planta común, todas las conversaciones se detienen de golpe. Quince pares de ojos se clavan en nosotras y, durante un segundo, solo se escucha el borboteo de alguna cazuela en la cocina y el golpeteo insistente de Junior contra la mesa con una cuchara de madera.

Emma se queda petrificada a mi lado.

—Actúa con normalidad —murmura sin mover los labios.

—No sé si eres consciente de que decir eso hace que resulte imposible actuar con normalidad.

—Sonríe —me ordena, y suena tan mandona como el tío Tom.

—¿Por qué?

—Porque estás poniendo cara de culpable.

La miro enarcando una ceja.

—Yo no soy la que tenía la mano dentro de las bragas de alguien cuando apareció su padre.

Emma gira la cabeza hacia mí con los ojos muy abiertos.

—Habla más alto. Creo que Preston no te ha oído —se queja.

—Os he oído perfectamente —responde el tío Preston desde el otro extremo de la sala.

Emma cierra los ojos.

Yo también.

Tal vez aún estemos a tiempo de bajar al apartamento, atrancar la puerta y fingir que hemos huido del país.

Espero que alguien diga algo sobre lo ocurrido, pero ese momento nunca llega.

—¡Ya era hora! —exclama la tía Row desde la cocina—. Pensaba que tendría que ir a buscaros.

Emma palidece.

Thomas, que está colocando unos platos sobre la mesa, carraspea sin mirarnos.

Me pregunto si pasará el resto de su vida evitando el contacto visual conmigo.

No puedo culparlo. Yo tampoco sé cómo volver a mirar a un hombre que hace apenas unos minutos me ha visto medio desnuda y pegada a una pared con los dedos de su hija jugando a apretar el timbre.

—Estábamos… —Emma se detiene—. Vistiéndonos.

Cora se atraganta con su bebida.

Claire le da un golpe en la espalda, aunque la sonrisa que intenta ocultar deja bastante claro que no está preocupada por su supervivencia.

—Eso es lo que suele hacerse antes de salir de casa —comenta la tía Nao con tranquilidad.

—Gracias por la información —responde Emma.

—De nada, cielo.

Hay algo raro.

No sé exactamente qué, pero lo hay.

Neva está cortando pan mientras sonríe demasiado. Evan la ayuda a colocar las bebidas con una expresión de absoluta inocencia que no engañaría ni a Junior, y eso que Junior está intentando meterse la cuchara por la nariz.

Day me observa desde el sofá. Es una mirada profunda, demasiado profunda.

Siento la tentación de esconderme detrás de Emma, aunque sería una estrategia ridícula teniendo en cuenta que Day es perfectamente capaz de percibir lo que siento sin tocarme. Claire se acerca a nosotras y me entrega una copa.

—¿Qué tal abajo?

La pregunta parece inocente. La expresión de su cara no.

—Bien —respondo con cautela.

—¿Habéis descansado?

Cora vuelve a toser.

—¿Te estás ahogando? —le pregunto.

—No. Estoy estupenda.

—Pues no lo parece.

—Es la emoción de la reunión familiar —dice, llevándose una mano al pecho—. Hay muchísimo amor en esta habitación.

Emma le lanza una mirada asesina.

Cora sonríe.

Ahora estoy completamente segura de que ocurre algo; sin embargo, pasamos el resto del día de una forma más o menos normal.

Comemos pizza después de ver la cabalgata de Acción de Gracias de Macy's.

Ayudamos a la tía Row a preparar algunos aderezos mientras les cuento mi último viaje a Canadá.

Mi madre y mis tías nos ponen el capi de Friends en el que se disputan la Copa Geller, es como una tradición familiar, y al acabar, discutimos sobre dónde nos sentaremos este año en la mesa.

El ambiente está algo raro, pero en esta familia eso es lo normal.

Cuando mi hermana Ever aparece por el tobogán, tras haberse ido a cambiar de ropa a mi apartamento después de pasar el día con su novio, Jane sale corriendo y la abraza por la cintura.

—¡Papá ha pillado a Emma y a Olivia besándose! —le suelta.

—Estaba solo ensayando para una cosa de un curso de interpretación al que me he apuntado —se excusa Emma.

Mierda.

El silencio cae sobre la sala.

Thomas cierra los ojos con resignación.

—Jane —dice—, habíamos hablado de que no era necesario contar eso.

—Pero no he contado lo de la mano.

Thomas se cubre la cara.

Jesse suelta una carcajada tan fuerte que Junior empieza a reírse también, aunque es evidente que no tiene ni idea de qué está celebrando.

—¿Qué mano? —pregunta mi padre.

—Ninguna —respondemos Emma y yo al mismo tiempo.

—Una mano invisible —añade Emma—. Una metáfora.

—Emma —murmura la tía Row.

—¿Qué? Las metáforas existen.

—Siéntate antes de que empeores la situación.

Nos sentamos juntas en uno de los extremos de la mesa. Emma intenta dejar una silla entre ambas, pero Claire la ocupa antes de que pueda hacerlo y nos obliga a quedar pegadas.

Claire sonríe con una dulzura sospechosa.

—Así estáis más cómodas.

Emma le pisa el pie por debajo de la mesa.

Claire ni siquiera parpadea.

—¿Qué tal tu abuela? —le pregunto para que se calle por la madre del tío Preston, la abuela Catherine, la cual encubre muchas de las cosas que hace la buena de Claire.

—De vacaciones aún —contesta la tía Nao que no tiene idea que en verdad lo que está es lidiando con una de las liadas de Claire.