Nunca (Arpías 4) Epílogo extra
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Epílogo extra

E l monitor se apaga con un leve chasquido. Durante unos segundos sigo contemplando mi propio reflejo en la pantalla negra. El informe ha sido concluyente. La sede estadounidense ha caído.

Todos los laboratorios, instalaciones y centros asociados han sido clausurados o destruidos. Los activos humanos se consideran definitivamente perdidos. Los archivos comprometidos han sido eliminados y las identidades expuestas ya no pueden recuperarse.

Un fracaso. No hay nada más que rascar ahí.

Cierro la carpeta y la dejo sobre la mesa.

—¿Lo has visto? El equipo de erradicación de sedes ha sido más eficiente de lo previsto.

La voz llega desde el otro extremo de la sala. No respondo enseguida, no merece la pena. Nunca subestimé a aquellas mujeres, o al menos eso creí.

—¿Y ahora?

Deslizo un dedo sobre la cubierta de la carpeta.

—Ahora no hacemos nada diferente.

Escucho unos pasos acercándose.

—¿Ni siquiera después de perder la sede principal?

Esbozo una sonrisa.

Principal.

Qué palabra tan curiosa.

—Estados Unidos nunca fue la sede principal —le aclaro—. Hay muchas más por todo el mundo.

El silencio que sigue resulta mucho más satisfactorio que cualquier respuesta. Al otro lado de la mesa alguien abre otra carpeta.

—La redistribución ha terminado, director general.

Asiento. Era cuestión de tiempo.

—¿Todo? —pregunto.

—Todo.

Paso las páginas con calma.

Muestras biológicas. Líneas celulares. Embriones. Secuencias incompletas. Prototipos descartados. Décadas de trabajo condensadas en unas pocas páginas.

Nada de eso permanecía ya en suelo estadounidense cuando el Proyecto Arpías empezó a desmoronarse.

Habíamos aprendido de errores anteriores. Nunca volveríamos a concentrarlo todo en un único lugar.

—¿Y el material genético?

—Repartido por otras sedes.

—¿Sin pérdidas?

—Insignificantes.

Cierro la carpeta. Perfecto.

—Las demás sedes ya han confirmado la recepción.

Esta vez no puedo evitar sonreír. Qué predecibles son las personas. Creen que destruir un edificio significa acabar con una organización, que detener a unos cuantos responsables basta para borrar décadas de investigación. Y que una victoria visible siempre es una victoria real.

Se equivocan.

Siempre se equivocan.

Me levanto y camino hasta el enorme ventanal.

Las luces de la ciudad se reflejan sobre el cristal.

A miles de kilómetros, otras puertas se abren, otros laboratorios continúan funcionando, otros científicos siguen trabajando.

Y otros niños todavía no saben que un día alguien decidirá cuál será el propósito de sus vidas.

—¿Cancelamos el Proyecto Arpías?

Niego despacio.

—No.

—Entonces...

Observo la oscuridad al otro lado del cristal.

—Arpías nunca dejará de existir —contesto.

Sonrío.

—Es hora de comenzar el siguiente proyecto. Apunta, la nueva sede «principal» estará en España, en una de estas comunidades autónomas: Galicia, Castilla-La Mancha o Aragón.