Nunca (Arpías 4) Epílogo 1
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Epílogo 1

Claire

—S abía que te encontraría aquí.

Miro por encima de mi hombro y le muestro una sonrisa a Day.

La veo acercarse a mí, subida en sus tacones imposibles y su vestido de tubo que le sientan tan bien. Sé que yo tengo la misma figura que ella, pero nunca podré imitar la elegancia con la que ella se mueve.

—Necesitaba un rato a solas.

—Te entiendo —comenta, llegando a mi altura—. Tenemos una familia un tanto intensa. Para personas tan empáticas como nosotras puede resultar abrumador.

—Y, aun así, no lo cambiaríamos por nada del mundo.

—Más de una vez he pensado que a Row podrían llevársela. Aunque dudo que nos pidiesen un rescate. Volvería locos a sus secuestradores.

Se me escapa una carcajada.

Day y Row siempre están picándose. Pero no se dan cuenta de que los demás percibimos que darían la vida la una por la otra.

Permanecemos unos minutos en un silencio agradable. Al cabo de un tiempo, Day lo rompe:

—¿Qué te ha hecho esconderte aquí y no en tu nuevo apartamento?

Nos encontramos en el edificio de ladrillo rojo en el que vivían ellas antes de tener que huir.

Cora, Emma, Olivia y yo hemos cumplido la mayoría de edad y ha llegado el momento de que volemos fuera del nido.

A algunos les ha costado más que a otros aceptar que ya somos adultas y que nos toca emprender un nuevo comienzo, pero al final lo han aceptado con la condición de que nos mudemos al que fue su edificio.

Supongo que el hecho de que Madre haya fallecido recientemente también ha jugado a nuestro favor.

Lleva cerrado muchos años, desde el momento en el que tuvieron que salir huyendo por miedo a que se apoderasen de Everly cuando ni siquiera había nacido.

Si en aquel momento hubiese sabido lo mucho que querría a esa pequeña, yo misma me hubiera encargado de eliminar a quien le quisiese hacer daño.

Esta es mi familia. Y no porque nadie me lo diga, sino porque lo percibo en cada una de sus emociones. El amor incondicional que sienten cada uno de ellos por nosotras no se puede esconder.

He subido a la azotea del edificio, es algo que necesitaba hacer.

—¿Crees que me habría perdonado?

—Oh, Claire…

Day se acerca más a mí y me pasa un brazo por el hombro.

Aunque nunca les he llamado mamá y papá, sino por sus nombres de pila, los quiero como si fuesen mis verdaderos padres, ya que ellos me tratan como a su propio hijo: Terry Junior.

—Seguro que él no te culparía.

—Eso no lo sabes.

—No. Pero si quedaba algo del chico que conocí, sé que no lo haría —dice convencida—.

Jesse y yo ya te hemos hablado de él. Terry nunca fue un niño ni un chico fácil.

Él mismo se equivocó haciendo cosas moralmente reprochables —comenta con nostalgia—.

Pero tenía claro quién era su enemigo. Fue el primero que os vio siendo tan solo unos bebés y arriesgó su vida para destapar la verdad.

—Me hubiese gustado tanto conocerlo…

—Creo que te hubiese caído genial.

—Jesse no piensa lo mismo. —Sonríe.

—A Jesse no hay que hacerle caso la mayor parte de las veces —me mofo—. Si por él fuera, aún seguirías viviendo en casa para protegerte de todos los males del mundo.

—No te metas con él.

—Habló la niña de papá…

Day pone los ojos en blanco y se me escapa la risa.

Es cierto que Jesse es muy protector conmigo y no negaré que me siento halagada por ello. Sueño con el día en que conozca al amor de mi vida y deje de saber qué siente. Day me ha dicho que es la mejor sensación del mundo y no puedo esperar a que llegue la hora.

—Me gusta estar aquí —reconozco, mirando a mi alrededor—. Podríamos montar una zona chill out para que en las noches que no haga demasiado frío las chicas y yo podamos pasar aquí el rato.

—¡Me parece una idea estupenda, Claire! Ojalá se nos hubiese ocurrido a nosotras —comenta Day.

Se le aprecia la mirada soñadora a través de sus gafas.

—Bueno, vosotras ya tuvisteis la mejor de las ideas. —Levanto las cejas—. El tobogán.

Day ríe.

—Esa idea fue toda de Neva. Y para su único disfrute, créeme.

Hablamos un poco de cómo podría quedar el espacio chill out . Quizá unas guirnaldas de luces, unos cuantos palés a modo de sofás. Compraría unos bonitos cojines…

De repente, por la escalera de incendios aparecen dos personas. La primera se precipita en una carrera hacia nosotras.

—¡No corras! —grita la segunda—. Este niño va a acabar con mi vida.

Cojo a Junior, como le llamamos la mayoría, en brazos cuando se lanza a por mí.

—Papi me ha reganiado .

—¡¿Eso ha hecho?! —digo, abriendo lo ojos desmesuradamente.

—Sí. No le hables, Claire. Ha sido malo.

—¡Oye! ¡No puedes coaccionar de esa forma a tu hermana! —se queja Jesse, acercándose a nosotros.

—¿Quieres explicarme por qué papá te ha regañado? —cuestiona Day al pequeño, que aún sigue refugiado en mis brazos.

—Eso. Cuéntale a tu madre lo que has hecho, diablillo.

Se cruza de brazos el hombre que para mí ha sido el mejor padre del mundo.

Junior esconde su carita en mi cuello.

—No quero …

—Muy bien. No me dejas más remedio que contarlo yo.

Terry Jr. se endereza y se lanza a taparle la boca a su padre con sus manitas.

—Me esconri en el toboban de la tía Neva.

—Exacto. —Se zafa Jesse de la mordaza del pequeño—. Nos hemos vuelto locos buscándolo. Sabíamos que no podía haber ido lejos porque el montacargas no se ha movido, pero por más que lo llamábamos no respondía.

Tengo que hacer un gran esfuerzo por no echarme a reír. Si lo hago, no entenderá que eso no se puede hacer. Tiene poco más de dos años, y es un trasto de mucho cuidado.

—¿Eso has hecho? —lo amonesta Day.

Junior, que se las sabe todas, al darse cuenta de que ha hecho mal, recurre al chantaje emocional y comienza a llorar.

Él también ha nacido con la habilidad que tenemos Day y yo. Percibe las emociones ajenas, pero, además, tiene la facilidad de modificarla a su antojo.

Estira su manita y acaricia a Day en la mejilla.

—Oh, Junior…

Noto cómo a Day se le disipa el enfado.

—No hagas eso, peque —le susurro.

Me mira y hace otro puchero.

—¡Terry Junior Jones, no vuelvas a intentar manipular mis emociones!

—Te lo he dicho. Este niño nos va a traer problemas. Ha salido igualito a su tío —masculla Jesse—. No sé si fue buena idea ponerle su nombre.

Sé que no habla en serio. No había mejor nombre para Junior que el que tiene.

—Papi…

Lloriquea el aludido, intentando dar pena. Y se vuelve a refugiar en mis brazos.

—Peque —lo llamo para que me preste atención—. No puedes esconderte y tener a todo el mundo preocupado.

—Quería jubar y Everly no me hace cazo .

—Es que tienes agotada a tu prima —bufa Day—. Anda, ven conmigo. Seguro que la tía Nao o Cora te hacen un dibujo para que colorees.

Estira los brazos, el pequeño se lanza a ellos y se encaminan a la escalera de incendios.

—Si no, siempre puede utilizar los macarrones que está preparando Row para hacer un collar con Neva —dice Jesse.

—Agradece que la tía Row no te ha oído. —Me río.

—Seguro que están salados. Últimamente se le va la mano con la sal.

Niego porque hasta aquí huelo la mentira.

A Jesse le encanta criticar la cocina de la madre de Emma, pero él es el primero en ir a su casa a pedir comida para llevar. En la nuestra nadie ha sido agraciado con mano para cocinar.

—¿Todo bien, Pluma?

A pesar de los años, de vez en cuando Jesse me sigue llamando de forma cariñosa por el nombre que me puso Evan.

Me agarro a su brazo y apoyo la cabeza en su hombro mientras seguimos a Day y Junior.

—Todo perfecto.

—Aún no me creo que mi pequeña vaya a empezar la universidad… —comenta, negando con la cabeza.

En cuestión de días comenzaré las clases. Me he decantado por estudiar Psicología para ayudar a las personas a gestionar sus emociones. Creo que es la mejor forma de aprovechar mi habilidad.

Jesse me aprieta un poco más contra él y me besa la coronilla.

—Estamos muy orgullosos de ti, cariño.

Trago saliva mientras observo cómo Day persigue a Junior escaleras abajo y él se ríe a carcajadas, convencido de que puede escapar de su madre.

A unos metros, en la planta comunitaria, se escuchan voces.

Everly protesta porque quiere comer. Nao discute con Row mientras Neva intenta echar más leña al fuego.

Cora parece querer inmortalizar cada momento con su cámara.

Emma y Olivia charlan divertidas junto a Thomas, y Evan está con Preston alrededor de la encimera.

Con los años, esos dos se han vuelto inseparables.

Disfruto de la estampa abrazada a mi padre.

Al final, Madre nos creó para convertirnos en armas, pero lo que consiguió fue regalarnos una familia capaz de curar todas las heridas.

∞∞∞

Cora

Claire acaba de bajar de la azotea con su padre, precedidos de Day y el terremoto de dos años que responde al nombre de Junior y a ninguna orden conocida.

Están riéndose de algo, y pienso que Claire tiene suerte de haber caído en la familia de los blandos. Day y Jesse son de abrazar, de decir «te quiero» en voz alta y de mirar a sus hijos como si fueran un amanecer.

A mí me tocó una asesina y un poli, pero no los cambiaría por nada.

—Deja de hacer fotos —me dice Nao desde la cocina, sin girarse, porque tiene ojos en la nuca desde antes de que yo naciera en una placa de Petri.

—No estoy haciendo fotos.

Clic.

—Cora…

Vale. Las estoy haciendo. Llevo toda la mañana disparando: las cajas apiladas contra la luz; las manos de Preston cargando el sofá que he elegido para el piso común; Neva de espaldas discutiendo con Row; el polvo flotando en el rayo que entra por el ventanal.

No lo puedo evitar. Hoy es un día para recordar.

Nos trasladamos todas juntas al edificio más molón de la ciudad y quiero enmarcarlo.

Clic.

Venga. La última.

Nao me mira como si no tuviera remedio. Y le sonrío de vuelta.

Ha intentado criarme desde que tenía nueve años, y la pobre no era ninguna experta.

Llegué siendo un problema con coletas. Callada, salvaje, incapaz de dormir sin comprobar las salidas de la habitación y con una cámara instantánea colgada del cuello que era, técnicamente, un arma de destrucción masiva.