Nunca (Arpías 4) Capítulo 49 #2
79%

Capítulo 49 #2

—Te amo —dice al fin, y la frase me atraviesa con más fuerza que cualquier bala—.

Tenemos demasiada mierda que resolver, demasiadas cosas que perdonar y demasiadas heridas que no se van a cerrar solo porque esta noche hayamos sobrevivido, pero te amo, Evan.

Te quiero en mi vida. Te quiero en la vida de Everly.

Y me aterra admitirlo porque todavía estoy enfadada, todavía me duele todo lo que pasó, pero cuando creí que habías muerto, sentí que ya nada tenía sentido.

Cierro los ojos y apoyo la mano sana en su nuca.

—Voy a arreglarlo.

—No puedes arreglarlo todo.

—Entonces haré lo que pueda con lo que sí esté en mis manos.

Voy a pasarme el resto de mi vida intentando compensar el daño que hice, Neva, aunque no baste, aunque haya días en los que me odies y tengas que recordarme una y otra vez que esto no se perdona por arte de magia. Lo haré porque yo también te amo.

Ella levanta la cara y me mira con los ojos llenos de lágrimas, y cuando me besa no hay prisa ni rabia ni desesperación, sino una ternura tan frágil que casi me da miedo moverme y romperla.

Nos duchamos juntos con cuidado, ella limpiándome la sangre, yo sosteniéndola con el brazo que todavía me obedece, y lo que ocurre después no nace de la urgencia, sino de la necesidad de comprobar que seguimos aquí, que nuestros cuerpos no pertenecen ya a GenoLabs ni al miedo ni a Walsh, solo a ese instante pequeño en el que nos permitimos tocarnos sin escondernos de todo lo que sentimos.

Es dulce, lento y silencioso, con besos en la piel húmeda, con su mano temblando contra mi pecho, con mi boca buscando la suya como si pudiera pedir perdón de una forma que las palabras no alcanzan, y cuando salimos de la ducha envueltos en toallas, con el mundo todavía ardiendo al otro lado de la puerta, siento que quizá no estoy completamente perdido.

Cuando regresamos al salón, Chase está sentado junto a Day contándole una versión exageradísima de la persecución, Tyler intenta explicarle a Nao que el lanzacohetes no era tan ilegal como parecía y Brandon mantiene una conversación sorprendentemente seria con Row sobre perímetros, entradas y ventanas reforzadas.

Preston parece entretenido por primera vez en horas, quizá porque ver a mis amigos coquetear de manera torpe con mujeres capaces de desmontarlos con una mirada es el tipo de espectáculo que uno no espera encontrar después de escapar del infierno.

Entonces, sus ojos se cruzan con los míos y la sonrisa se le apaga un grado. No dice nada. No es necesario. Los dos sabemos qué hay pendiente entre nosotros, y no es algo que se arregle con una cerveza y una anécdota de persecución.

Aparta la mirada primero, no porque ceda, sino porque ha decidido que este no es el momento ni el lugar.

—Si alguno de vosotros intenta ligar con ellas y acaba sin dientes, no pienso pagar dentistas —advierto, dejándome caer en una silla mientras Neva se acerca a Everly para comprobar que sigue dormida.

—Eso ha sido muy feo —protesta Chase.

—Ha sido preventivo. No están solteras, solo os aviso, y sus parejas no son las que más me preocupan.

Chase se acerca al sofá donde Everly duerme y se queda mirándola con una cara que no le había visto nunca, esa que se le pone a la gente dura cuando algo diminuto la desarma.

Se agacha para susurrarle una tontería mientras le toca la manita con cuidado y de pronto se queda con la boca entreabierta, sin sonido.

Frunce el ceño. Lo intenta otra vez y nada.

Creo que está impresionado de darse cuenta de que esa niña es mi hija.

—¿Qué…? —Sacude la cabeza y se incorpora—. Nada. Se me ha ido.

Un segundo después, vuelve a mirarla y murmura:

—Hola, renacuaja.

La puerta se abre antes de que pueda añadir nada más y Thomas entra vestido con un esmoquin impecable, la pajarita deshecha y el rostro marcado por el cansancio. Registra con la mirada cada rincón de la estancia hasta que da con Row y exhala con fuerza.

—¿Estás bien? —le pregunta, y enseguida va hacia ella.

—Sí, todo ha salido como esperábamos. Incluso mejor. Madre ha muerto.

Thomas sonríe.

—No diré que lo siento. McCain y ella se marcharon a la carrera de la gala. Yo tuve que quedarme hasta el final para no levantar sospechas.

—Entonces, el momento es ahora —dice Jesse, incorporándose de golpe.

—Sí —secundo levantándome, aunque Neva me fulmina con la mirada—. Si esperamos más, pueden desaparecer pruebas, comprar testigos y convertir todo esto en una teoría conspiranoica.

Me siento frente al portátil de Jesse, ignoro el dolor que me sube por el brazo y empiezo a mover archivos, copias, vídeos, audios, informes médicos, nombres de donantes, transferencias y, lo más importante, lo que confirma que todo ese material es verídico: la grabación que Thomas ha conseguido esta noche.

No lo envío a un único sitio. Lo lanzo a servidores, medios, cuentas automatizadas, foros, buzones cifrados, periodistas que llevan años oliendo sangre alrededor de McCain y contactos que no preguntan de dónde sale el material cuando este puede tumbar al mismísimo presidente de los Estados Unidos.

Voy separando lo que sirve para hundirlos de lo que no puede salir de esta casa.

Todo lo que incrimina a Walsh y a McCain lo lanzo sin piedad.

Pero cuando aparecen las fichas de las niñas, freno.

Esas no son munición, son sus vidas, y no pienso repartirlas por medio internet para que cualquier buitre con conexión sepa lo que son.

Las aparto en una carpeta que solo vamos a ver nosotros.

Y entonces, casi sin querer, abro una.

PROYECTO A.R.P.I.A.S. — SEGUNDA GENERACIÓN — UNIDAD CUATRO

Origen : Recombinación dirigida a partir del material genético conservado de Sujeto 04 (supresión mnésica) y Sujeto 05 (restitución mnésica), primera generación.

Justificación : La pérdida no autorizada de Sujeto 05 privó al programa de la única capacidad conocida de revertir una supresión.

Dado que dicha capacidad se consideró irreemplazable y que ambas unidades de origen eran gemelas univitelinas, se autorizó consolidar las dos líneas en una sola.

Es la razón por la que esta promoción consta de cuatro unidades y no de cinco.

Habilidad : Supresión y restitución mnésica combinadas. Única unidad capaz de eliminar recuerdos y de reponerlos a voluntad, sin contrapeso externo.

Anomalía documentada : Ha restituido material que el programa no había suprimido y que no corresponde a su propia experiencia vital: lugares, personas y hechos anteriores a su nacimiento. Origen no determinado.

Recomendación : Máxima prioridad de conservación.

Me quedo mirando la pantalla más tiempo del que debería, con el pulso latiéndome en la herida del brazo.

«Consolidación de las dos líneas». Así lo llaman. Cogieron a Neva y a la hermana que perdió —a una viva y a otra reducida a una muestra congelada en algún depósito— y las fundieron en una cría, porque una de las dos habilidades era demasiado valiosa para dejarla morir con su dueña.

Me lo imaginaba. Se lo dije a Neva yo mismo. Pero verlo escrito, con su sello y su número de unidad, con esa frialdad de inventario, me dan ganas de atravesar la pantalla de un puñetazo.

Y hay una línea que no esperaba. La leo dos veces.

«El sujeto ha restituido material que no corresponde a su propia experiencia vital. Recuerdos de antes de nacer».

Eso significa que la niña a la que le puse el diminutivo de la mujer que amo no solo tiene la habilidad de Alyss, sino que, a veces, sin saberlo, se le cuelan también sus recuerdos.

Cierro la carpeta. Esta ficha no va a ninguna parte. Esta se la guardo a Neva.

—Está hecho —digo al fin, apartándome del ordenador con el pulso acelerado.

Jesse mira la pantalla y sonríe sin alegría.

—Ahora que intenten taparlo.

Espero a que el salón se vacíe un poco. Chase, Tyler y Row se han ido a fumar a la terraza.

Brandon sigue enfrascado en su charla de perímetros, ahora con Nao, y Preston se ha quedado junto a la ventana, con una cerveza que no bebe y la mirada puesta en la carretera, como si todavía esperara ver aparecer unos faros.

Me acerco despacio. Él no se gira, pero sé que me ha oído; un hombre como Preston oye entrar a alguien en una habitación antes de que la puerta se abra del todo.

—No he venido a que me perdones —musito—. Solo a decirlo.

Ahora sí me mira.

—Lo del andén… —Sostengo su mirada porque lo mínimo que le debo es no bajarla—. No fue una orden que cumplí sin pensar. Sabía lo que hacía.

Preston deja la cerveza en el alféizar con una calma que da más miedo que cualquier grito.

—Me lo olía —responde—. Row solo me lo confirmó.

—Entonces ya sabes que no espero nada de esta conversación.

—Bien. Porque no iba a dártelo. —Se cruza de brazos, cerrándose en banda—. Pasé tres meses aprendiendo a andar otra vez. Y murió un hombre que valía diez veces lo que tú y yo juntos.

Encajo el golpe. Me lo he ganado. Yo no tuve nada que ver con lo de su mentor, sin embargo, estaba trabajando con los que lo hicieron así que en cierta forma…

—Lo siento. —Es lo único que puedo decir.

—Y yo. —Su voz no sube, y eso es lo peor—.

Porque vas a vivir el resto de tu vida al lado de gente a la que quiero.

Así que te voy a decir cómo va a ser esto.

No te voy a matar y tampoco te voy a perdonar.

Voy a mirarte todos los días y a decidir, uno a uno, que hoy tampoco.

Y el día que Neva o esa niña lloren por tu culpa, no habrá lugar en el mundo donde puedas esconderte de mí.

Asiento. Es más justo que cualquier cosa que yo hubiera pedido.

—Me parece bien.

—No te he preguntado.

Se aparta de la ventana y, al pasar por mi lado, se detiene medio segundo.

—Gracias por las disculpas —murmura tan bajo que casi no lo oigo—. Es más de lo que hace la mayoría.

Y se va, dejándome con la sensación rara de que acaban de perdonarme la vida sin perdonarme nada.

Me quedo mirando la ventana por la que él ha mirado toda la noche con una cuenta saldada más. La más grande, quizá, pero no la última. Todavía queda la que más miedo me da.