Nunca (Arpías 4) Capítulo 43
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Capítulo 43

Evan

A poyo ambas manos sobre la mesa y observo las caras de todos. Hubo un momento en que fui parte de esta familia, y ahora… ahora dudo que haya alguien en este lugar que no quiera clavarme, como poco, un boli en el ojo.

—¿Ya has terminado de mirarnos como si fuéramos alumnos problemáticos? —pregunta Nao, cruzándose de brazos—. Porque yo sí he terminado de fingir paciencia.

Row resopla.

—Nao…

—No. Estoy cansada. Muy cansada. Mi sobrina está encerrada en un laboratorio y dependemos del hombre que nos traicionó para sacarla de allí.

No respondo. Porque tiene razón. No importa cuántas veces explique lo que pasó ni cuántas veces diga que recuperé la memoria. Lo hice. Las traicioné.

Neva permanece sentada al otro extremo de la mesa. No me mira. Desde que llegué apenas lo ha hecho. Y duele más de lo que me gustaría admitir. Porque sé que cada vez que aparta la vista está recordando todas las veces que le mentí, que fingí ser otra persona y elegí el trabajo antes que a ella.

—Si hemos venido aquí no es para repetir la misma discusión por décima vez —dice Preston finalmente—. Háblanos del plan, Evan.

Asiento.

Saco varias hojas impresas de la carpeta que llevo bajo el brazo y las extiendo sobre la mesa.

Los planos de GenoLabs. O una parte de ellos.

La doctora Walsh nunca permitió que nadie conociera la totalidad de las instalaciones; con lo que ella no contaba es que sus propias creaciones iban a superarla y a volverse en su contra.

—Hasta hace dos días, Everly estaba aquí. —Señalo un sector concreto.

—Lo sabemos —dice Day.

—Ya no lo está.

Puedo ver cómo Neva levanta la cabeza de golpe.

—¿Qué significa eso?

—Que la han trasladado.

Su expresión palidece.

—¿A dónde?

—Nivel siete.

Nadie responde. Porque todos entienden lo que significa. El nivel siete ni siquiera aparece en los planos oficiales. Es la zona donde la doctora Walsh guarda todo aquello que considera demasiado valioso. O demasiado peligroso.

—Joder… —murmura Preston.

—Exacto.

Apoyo las manos sobre el mapa.

—Bueno, no hay puerta que un par de granadas no puedan abrir —suelta Row, que mira a Nao, la cual ya está calculando cuántas puede llevar en los bolsillos.

—Si intentáramos entrar ahora mismo por la fuerza, moriríamos antes de llegar al ascensor —les aclaro para que dejen de fantasear con entrar como si protagonizáramos una película de acción de Netflix.

—Entonces, estamos perdiendo el tiempo —escupe Jesse.

Lo miro.

—No.

—¿No?

—Porque no vamos a entrar por la fuerza.

Jesse se ríe. Una risa seca. Sin humor.

—Claro. Vamos a pedir cita previa. Seguro que a Madre le encantará prepararnos la merienda.

Ignoro el comentario. Sé que Jesse odia la parte en la que vamos a sacar a mis chicas, y no lo culpo.

—Tenemos ayuda —comento con cautela, mirándolo.

—¿Quién? —pregunta Thomas—. No creo que nadie de ahí dentro sea de fiar.

Durante un segundo dudo. Porque sé que lo que voy a decir no va a gustar.

—Las niñas.

El efecto es inmediato. Jesse se pone de pie tan deprisa que la silla casi cae al suelo.

—Ni de puta broma.

—Jesse…

—¡No! —Su voz retumba por toda la estancia—. No pienso colaborar con las mismas niñas que mataron a Terry. Y mucho menos poner nuestra seguridad y la de Everly en sus manos.

Day intenta sujetarle el brazo. Él se aparta. Tiene los ojos brillantes, llenos de rabia y de dolor. Mucho dolor.

—Mi hermano está muerto por su culpa.

—No es así —rebato.

Jesse me fulmina con la mirada.

—¿Perdón?

—Tu hermano está muerto por culpa de la doctora Walsh.

—No las defiendas.

—No las defiendo, solo estoy diciendo la verdad.

¿O acaso alguien de aquí se ha parado a pensar en la familia de las personas a las que habéis asesinado durante tantos años?

Por mucho que ellos se lo merecieran porque eran personas de mierda, tendrían madres, hermanas, incluso hijos que no dudo que estén mejor con ellos muertos, pero, aun así, su pérdida les dolió.

El silencio vuelve.

—Son niñas —continúo—. Igual que vosotras lo fuisteis.

Las palabras van dirigidas a las hermanas. Si vamos a trabajar juntos, tenemos que ir todos en la misma dirección y dejarnos de mierdas.

—Las entrenaron. Las manipularon. Las convirtieron en armas. Exactamente igual que hicieron con vosotras.

Nao aprieta los labios.

Row baja la vista.

Day parece triste.

Y Neva…

Neva me está mirando, lo cual hace que mi alma tiemble.

—¿Y por qué deberíamos confiar en ellas? —pregunta.

Su voz es tranquila, pero me atraviesa igual.

—Porque confían en mí.

La respuesta sale antes de que pueda pensarlo. Porque es verdad. Porque, de alguna forma absurda, esas niñas me ven como algo parecido a una familia. Algo parecido a un padre. Y no estoy seguro de merecerlo, pero no las voy a defraudar.

—Han encontrado una forma de sacarla de allí —continúo—. A ellas y a Everly.

—Habla.

La orden viene de Nao.

Respiro hondo.

—La doctora Walsh y el presidente asistirán mañana a una gala benéfica. Un evento enorme. Habrá políticos, empresarios, prensa…

—Sí, me llegó la invitación —comenta Thomas.

—¿Y? —pregunta Preston.

—Y no podrán desaparecer durante horas sin levantar sospechas.

Empiezo a señalar distintos puntos del plano.

—Mientras ellos están allí, las niñas crearán una ventana de oportunidad.

—¿Cómo? —pregunta Thomas.

—Usando sus habilidades.

Eso consigue captar toda la atención de la sala.

—Las capacidades de los clones son más fuertes que las vuestras.

Veo cómo las hermanas intercambian miradas. Ya lo sospechaban, pero escucharlo es otra cosa.

—Trabajan juntas. Combinan habilidades. Se coordinan. Han estado entrenando durante años.

—Madre las convirtió en un ejército —murmura Day.

—Sí, pero la doctora Walsh no tiene ni idea de lo que realmente son capaces porque ellas nunca lo han dejado ver. Se han cubierto y entrenado para poder ser libres en algún momento.

—Joder, han sido más inteligentes de lo que nosotras lo fuimos —gruñe Nao.

Continúo.

—Thomas, tú debes ir a esa gala y distraer al presidente y a Walsh.

—Podrías hacer más que eso —interviene Preston—. Necesitamos pruebas para hundirlos. Algo que los incrimine en la actividad ilegal de GenoLabs. ¿Serías capaz de grabarlos?

—Lo intentaré —asiente Thomas. Luego mira a Row y esta vocaliza un «gracias».

—Mientras, vosotras —digo, señalando a Nao, Row y Day— entráis en GenoLabs por una ruta secundaria y yo entraré por la puerta principal.

—¿Solo? —pregunta Preston.

—No. —Miro a Neva—. Con ella como mi rehén.

La habitación estalla.

—¡Ni de coña!

—¡Estás loco!

—¡Ni hablar!

—No es vuestra decisión —sentencia Neva.

Todos se callan. Ella sigue observándome sin pestañear.

—Explícate —me ordena. Asiento.

—La doctora Walsh quiere a Everly, pero también te quiere a ti. —El odio cruza fugazmente su rostro—. Ella salió de ti. Eres la prueba de que el experimento funcionó.

—Qué bonito —murmura Row.

—Si le digo que te he encontrado y que estás dispuesta a entregarte a cambio de ver a tu hija…

Comprende el plan antes de que termine.

—Me dejará entrar.

—Sí.

—Y me dejará acercarme a Everly.

—Sí.

La habitación vuelve a quedar en silencio. Neva observa el plano. Luego a mí. Después, otra vez el plano.

—Es una locura.

—Lo sé.

—Podría matarme.

—Es una probabilidad.

—Podrías traicionarme otra vez.

—No, pero no puedo demostrártelo.

—Me da igual si lo haces si con eso consigo llegar a Everly. La diferencia entre que me traiciones o no es que, si lo haces, te mataré.

—Y no lo hará sola —añade Nao.

—Sé que no me creéis, que os jodí, pero no os olvidéis que Everly es mi hija y Neva la mujer que amo.

—Muy bonito, Romeo —dice Row—, pero jódenos otra vez y te cortaré la polla en rodajas como un jodido calabacín.

—Te aseguro que, si algo sale mal por mi culpa, yo mismo te afilaré el cuchillo para que lo hagas.