Capítulo 41
Row
E scucho la respiración pausada de Thomas al otro lado del teléfono y lo único que me apetece es salir corriendo a buscarlo. Puedo sentir su dolor incluso a kilómetros de distancia.
—La incineración se llevará a cabo esta misma tarde. No quiero dilatarlo más —afirma.
—¿Estás en la funeraria?
—Sí, acabo de llegar. Hay demasiada gente aquí, Row. La mayoría de estas personas ni siquiera conocían a mi hermana.
Por su tono de voz, sé que no le agrada en absoluto.
—No están ahí por ella, sino por ti. Quieren presentar sus respetos.
—Y lamerme las pelotas —sisea entre dientes.
Pongo los ojos en blanco y una de mis comisuras se estira. Incluso en momentos tan dolorosos como este, Tom sigue actuando como un jodido narcisista. Cree que el mundo gira a su alrededor.
—Todo terminará enseguida —susurro.
Lo escucho resoplar al otro lado de la línea.
—Daría cualquier cosa porque estuvieras aquí conmigo, Row. No tienes ni idea de cuánto te necesito.
Trago saliva con fuerza y retengo el aluvión de lágrimas que se concentran tras mis párpados.
A mí también me encantaría estar a su lado, pero es demasiado peligroso. Madre puede estar vigilando, y si da con nosotras, se acabó. Acabaremos en una celda junto a Everly el resto de nuestras vidas.
—Sabes que no…
—Ya —me corta y vuelve a resoplar—. Lo entiendo, de verdad. ¿Puedo ir a verte esta noche?
—Tom, es peligroso.
—Sé cubrirme las espaldas. Si hubiese la mínima posibilidad de ponerte en peligro, no me acercaría. Me aseguraré de que nadie me siga.
Sonrío ante la posibilidad de poder verlo hoy mismo.
—Está bien. Te espero aquí.
—Hija de puta… —lo escucho sisear, y frunzo el ceño.
—¿Por qué me insultas? He dicho que está bien.
—No es a ti. La perra de Walsh acaba de llegar.
¡Mierda! Eso no es bueno.
—Tom, no hagas ninguna tontería.
—Descuida. Solo la voy a echar a patadas. Mi hermana está muerta, ya no tiene nada con lo que manipularme.
—¡No, espera! —exclamo. Lo escucho bufar con fuerza—. Sé que estás cabreado y lo que más deseas es dejar de financiar sus experimentos.
—No recibirá ni un solo centavo más —gruñe.
—Lo sé, pero ella no necesita saberlo todavía.
—¿De qué demonios hablas, Row?
Cierro los ojos con fuerza y hago una mueca por lo que estoy a punto de decir.
—Nos conviene que piense que sigues estando de su parte. Estáis en un funeral. No se atreverá a sacar el tema ahora. Solo actúa con normalidad con ella. Puede sernos muy útil más adelante, Thomas.
—¿Quieres que finja que voy a seguir colaborando con ella?
—Sé que lo que te estoy pidiendo no es justo, pero…
—Lo haré —me corta—. Si tengo que seguir a su lado para ayudaros, cuenta con ello. Haré cualquier cosa que me pidas.
Exhalo con fuerza y asiento con la cabeza, aunque no puede verme.
—Acabas de unirte al grupo Arpías, Hutcher. ¿Lo sabes?
—A la única Arpía que quiero unirme es a ti, Row. Delante de un juez, yo con esmoquin y tú con un vestido blanco.
Me quedo sin palabras. La primera vez que mencionó la palabra «matrimonio» creí que lo hacía porque en ese momento estaba destrozado por la muerte de su hermana.
Decidió aferrarse a mí porque ya no le quedaba nada, sin embargo, desde entonces ha sacado el tema a colación en cada conversación que hemos tenido.
Tomo una respiración profunda y las palabras salen de mi boca con tanta facilidad que resulta sorprendente incluso para mí.
—Cambia el color del vestido y soy toda tuya.
Hay unos segundos de silencio y lo escucho exhalar con fuerza.
—Escoge el color que quieras, y no te estaba preguntando, era una jodida afirmación. —Me contengo para no llamarlo presuntuoso de mierda—. Tengo que dejarte. Esto ya va a empezar.
—Está bien. Aunque no pueda estar ahí, sabes que…
—Lo sé —me corta de nuevo—. Te quiero.
Saboreo sus palabras con una sonrisa. Pienso que va a colgar, pero se mantiene en línea.
—¿Tom?
—No lo has dicho, Row.
Se me escapa la risa.
—Te quiero, idiota.
—Eso está mejor. Nos vemos esta noche.
La llamada se corta y me guardo el teléfono en el bolsillo.
Aprovecho que he salido a la terraza buscando privacidad para hablar con Tom para encender un cigarrillo.
—Jamás imaginé que te escucharía decir algo tan patético a un hombre.
Escucho la voz de Nao a mi espalda y me giro con una ceja enarcada.
—¿Ahora escuchas conversaciones ajenas?
—Solo el final —responde, y sale a la terraza.
Ambas nos colocamos a la par, mirando hacia la ciudad que se extiende bajo nosotras, y permanecemos un rato en silencio. Cuando lanzo la colilla hacia al vacío, Nao suspira y se gira hacia mí.
—¿Cómo está Thomas? —pregunta.
Frunzo el ceño. Es muy poco habitual que Nao se interese por alguien que no pertenezca a su círculo íntimo.
—Mal, pero mejorará. Va a venir esta noche. —Estrecha la mirada sobre mí y me apresuro a explicarme—. Tranquila, sabe pasar desapercibido. Nadie sabrá que conoce nuestra ubicación.
—Si tú confías en él, yo también —musita tras unos segundos en silencio.
—¿En serio? Estás siendo muy…
—Déjalo, Row —dice, cortando mi intento de burla.
Sonrío y niego con la cabeza.
—Gracias.
—Ya, bueno, ese hombre prácticamente ha sacrificado a su hermana por nosotras.
Asiento. Sé a lo que se refiere. Pudo habernos delatado a Madre cuando estábamos en la granja. Él conocía nuestra ubicación. Si lo hubiese hecho, si Madre hubiese tenido acceso a Everly antes, tal vez habría encontrado una cura para Melissa, pero no lo hizo.
—Al final no importó si había cura o no. Quien de verdad se sacrificó por nosotras fue Melissa —pienso en voz alta.
—Esa chica tiene mis respetos. Tomar la decisión de suicidarse… —Nao niega con la cabeza—. El ser humano es egoísta por naturaleza. Cualquiera en su lugar habría hecho cualquier cosa por sobrevivir.
Esbozo media sonrisa y asiento.
—Supongo que, al contrario de lo que siempre nos han enseñado, existen personas que pueden hacer del mundo un lugar mejor, aunque sea con un acto tan triste y desgarrador como acabar con su propia vida.
Nao se queda callada durante un buen rato y, entonces, la escucho suspirar.
—Necesito que me ayudes con algo, Row. —Arqueo una ceja de manera interrogante—. El superintendente McCain —aclara.
Enseguida deduzco cuál es su intención.
—Ese hijo de perra no puede salirse con la suya, ¿verdad?
—No. Y, ahora mismo, Preston está demasiado inestable como para pensar siquiera en hacer algo al respecto.
—Es lógico. ¿Recuerdas cómo nos sentimos nosotras cuando supimos lo que éramos en realidad? Nos criaron con la idea firme de que asesinar a todas esas personas era algo bueno… y no éramos más que unas sicarias de pago.
—Sí, pero a Preston le está afectando mucho más que a nosotras. Él siempre se ha guiado por unos códigos morales muy estrictos, y ahora resulta que todo está corrupto.
—¿Cuándo quieres hacerlo? Necesitamos encontrar el mejor momento y lugar. —Nao me lanza una mirada arrogante y sonrío—. Ya lo has planeado, ¿verdad? Sabías que accedería a ayudarte.
—Por supuesto. Eres una perra egoísta, pero siempre estás ahí cuando te necesitamos.
—Me alegra comprobar que me tenéis en tan buena estima —bromeo.
Nao ignora mi comentario y vuelve a mirar al horizonte, donde el sol ya empieza a ponerse.
—Preston me ha dado todo lo que necesito para acabar con ese hijo de puta. Tengo una ubicación y una hora concreta en la que podemos actuar.
—¿Hoy? —Asiente y yo suspiro con fuerza—. Tengo que estar de vuelta antes de que llegue Thomas.
—No nos llevará demasiado. Solo tienes que besarlo y volveremos a casa.
Asiento. El jodido McCain tendrá una muerte plácida en veinticuatro horas y, lo mejor, será como si se hubiese producido de manera natural. Sin pruebas ni investigaciones.
—Si me reconoce, avisará a Madre.
—Eso ya lo he contemplado. Day me ha dado un vial del sedante que usaba con sus objetivos. Lo dejará inconsciente y solo después lo besarás.
Asiento. Ese sedante no deja ningún rastro en la sangre y será sencillo administrárselo sin que se dé cuenta.
Sin tener que verbalizarlo, ambas tenemos claro cuál es el plan.
Nao se acerca a él de manera sigilosa, lo pinchará y antes de que pueda darse cuenta ella se habrá ido.
En cuanto caiga inconsciente, yo lo besaré y ambas regresaremos a casa con la certeza de que mañana habrá un hijo de perra menos en el mundo.
—Después de esto vas a deberme una muy gorda, ¿lo sabes? —Nao me mira frunciendo el ceño—. Esto me va a costar una discusión con Thomas.
Noto cómo Nao contiene una sonrisa.
—¿Qué es lo que llevará peor, que lo mates o que para ello tengas que besarlo?
—Lo segundo, sin duda.
—Bueno, estoy segura de que sabrás compensárselo. Tienes toda la noche para disculparte, solo te pido que lo hagas en silencio.
Casi suelto una carcajada.
—Ya, bueno… Es posible que el sexo no sea suficiente —murmuro, haciendo una mueca con los labios—. Lo más probable es que tenga que usar un ridículo vestido blanco en nuestra boda.
Nao abre mucho los ojos por la sorpresa.
—¿Has dicho «boda»?
Resoplo con fuerza y asiento.
—Ya te contaré. Ahora vamos a por ese hijo de puta antes de que se haga tarde. ¿Tienes todo lo que necesitas?
Lleva la mano a su espalda y saca a Bésame .
—Por si las cosas se complican —murmura, encogiéndose de hombros.
—No lo harán. Será muy sencillo.