Nunca (Arpías 4) Capítulo 40
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Capítulo 40

Neva

C uando abro la puerta del piso franco, lo hago despacio, aunque sé perfectamente que ninguna de mis hermanas está ya durmiendo.

Row, Day y Nao están sentadas en el sofá mientras ven una reposición de Friends sin volumen; en cuanto me ven, Nao apaga la tele.

—No quiero hablar —digo antes de cerrar la puerta.

—Demasiado tarde —responde Row, seca.

—¿Has estado con él? —pregunta Day.

Me quito la chaqueta sin contestar al principio, porque la respuesta es evidente y porque no sé si decirlo en voz alta hará que parezca peor de lo que ya es.

—¿Cómo está Thomas? —le pregunto a Row.

Su mirada se ensombrece.

—Destrozado. Preparando un funeral él solo porque a mí no pueden verme.

Asiento, entendiendo su sufrimiento. En estos momentos tan complicados, ella debería estar junto al hombre que ama, apoyándolo y siendo un pilar en el que pueda sujetarse, pero no puede hacerlo, no sin ponernos en peligro a todos.

—He estado en su apartamento —admito al fin—. Pero solo por Everly —aclaro rápidamente—. Tiene planos de GenoLabs.

Row suelta una risa sin humor y se echa hacia atrás en el sofá.

—Claro. Planos. Qué oportuno. El hombre que nos mintió, que dejó que se llevaran a Everly y que trabaja para Walsh, ahora tiene planos y un plan maravilloso envuelto en papel de regalo.

—No trabaja para ella —murmuro, aunque la frase me sabe falsa incluso a mí.

Day levanta la vista despacio.

—Neva.

Solo dice mi nombre, no hace falta nada más.

—Finge trabajar para ella —rectifico, dejando la chaqueta sobre una silla—. Y sí, ya sé lo que parece. También sé lo que ha hecho. No necesito que me lo recordéis cada cinco segundos como si tuviera un altar dedicado a Evan en el dormitorio.

—Pues a veces cuesta saberlo —masculla Row.

Nao se pasa una mano por el pelo, nerviosa.

—¿Y qué te ha dicho? ¿Tiene un buen plan?

Agradezco que pregunte eso, porque el plan es un tema más seguro que Evan.

—Ha conseguido mapas del complejo, accesos, cambios de guardia y una posible ruta hasta Everly, pero hay un problema.

—Por supuesto que hay un problema —dice Row—. Nunca tenemos un problema pequeño, tipo «se nos ha acabado la leche». Siempre tiene que ser algo tipo «llevo dos cuchillos o una granada». ¿Cuál es el problema?

La miro.

—Evan quiere sacar a las niñas.

El silencio cae sobre el salón.

—¿Qué niñas? —inquiere Nao, pero todas sabemos la respuesta.

Day no aparta los ojos de mí.

—Los clones.

Nao se tensa antes de hablar.

—Las que mataron a Terry.

El nombre de Terry convierte el salón en otra cosa. Jesse no está aquí, pero su dolor lo tenemos muy presente igualmente. Agradezco que tanto Preston como él nos hayan dejado espacio esta noche.

—Evan dice que van a ayudarnos —explico, aunque cada palabra me cuesta—. Que están con Everly, que la cuidan y que conocen la instalación mejor que nadie.

Row se levanta del sofá.

—No.

—Row…

—No, Neva. No pienso confiar en las criaturas que Walsh ha criado en una jaula para convertirlas en armas.

Nao se cruza de brazos, apoyándose contra la pared.

—Nosotras también fuimos eso.

—Nosotras escapamos —replica Row—. Nosotras vimos mundo, aunque fuera a dentelladas. Aprendimos a desconfiar de Walsh porque tuvimos margen para comparar. Esas niñas llevan aisladas desde que nacieron. No sabemos qué les ha metido en la cabeza.

—Precisamente por eso no tienen la culpa —dice Day muy bajo.

Row la mira como si le hubieran salido tres cabezas.

—Mataron a Terry —insiste, como si ese dato no lo tuviéramos presente en todo momento.

Day cierra los ojos un instante, y cuando los abre tiene la mirada húmeda, pero firme.

—Lo sé.

—Tú lo amabas, Day. Tú deberías ser la primera en querer dejarlas atrás.

Day se pone de pie muy despacio.

—Lo amaba. —La frase le tiembla, pero no se cae—. Amaba a Terry con una parte de mí que todavía lo recuerda, así que no me hables como si mi dolor necesitara instrucciones.

Row abre la boca, pero no dice nada. Day prosigue.

—Cada vez que cierro los ojos veo a Jesse cuando se enteró. Veo lo que le arrancaron, lo que nos quitaron a todas. Y, aun así, no puedo mirar a esas niñas y fingir que son monstruos nacidos de la nada, porque sé exactamente quién fabrica monstruos en GenoLabs. Y somos la prueba de ello.

Nao baja la cabeza.

Yo no digo nada.

Day continúa.

—Walsh nos crio a nosotras. Nos enseñó a obedecer antes de enseñarnos a elegir. Y, aun así, cuando escapamos y pudimos vivir solas, queríamos que alguien entendiera que no éramos solo lo que ella había hecho con nosotras.

Row se pasa las manos por la cara.

—No es tan sencillo.

—No he dicho que lo sea —responde Day—. Estoy diciendo que siguen siendo niñas.

La palabra se queda colgando en el aire. «Niñas».

No armas, enemigas o daños colaterales. Solo niñas.

—¿Y si nos traicionan? —pregunta Nao con la voz más suave—. ¿Y si todo esto es otra forma de que Walsh nos haga volver?

—Entonces, improvisaremos —dice Day—. Como siempre. Pero no podemos decidir entregarlas como cabezas de turco para comprar nuestra paz.

Row aparta la mirada.

—Podríamos hacerlo —suelta.

La miro de golpe.

—¿Qué?

Row traga saliva, y por primera vez desde que he llegado, parece más cansada que enfadada.

—No digo que quiera. Digo que podríamos. Sacamos a Everly, le damos a Walsh a sus niñas y quizá nos deje respirar el tiempo suficiente para desaparecer.

El pensamiento me da náuseas porque no es una locura del todo y porque una parte oscura de mí, la parte que solo sabe pensar en mi hija, entiende la lógica podrida de esa propuesta.

—No —dice Day antes de que yo pueda responder—. Si hacemos eso, Walsh gana, aunque Everly salga de allí.

—Everly estaría viva y libre —susurro.

Day me mira y su expresión se suaviza con una tristeza que me hace daño.

—Y tú tendrías que vivir sabiendo que compraste su libertad con otras niñas.

Me quedo callada porque tiene razón.

Nao se acerca al sofá y se sienta en el brazo, con los hombros hundidos.

—No quiero confiar en ellas —confiesa—. Me dan miedo.

—A mí también —dice Day—, pero creo que a ellas les damos más miedo nosotras.

Row guarda silencio durante tanto tiempo que empiezo a pensar que va a seguir negándose, sin embargo, al final se deja caer otra vez en el sofá, agotada.

—Si alguna intenta hacerle daño a Everly, la mato.

—Si alguna intenta hacerle daño a Everly, yo misma la quemaré en la puerta de GenoLabs —respondo sin dudar.

Day asiente, aceptando esa parte oscura sin celebrarla.

—Pero, hasta entonces, son una prioridad también.

El salón se queda en silencio.

Me acomodo en el sillón frente a mis hermanas y siento, por primera vez desde que Everly desapareció, que no estamos únicamente corriendo detrás del miedo, sino acercándonos a una línea que vamos a cruzar juntas.

—Entonces, las sacamos a todas —digo.

Row me mira con los ojos todavía duros.

—A Everly primero.

—A Everly primero —confirmo—. Pero ninguna se queda atrás.

—Entonces, está decidido —se burla Row—. Vamos a robarle a Walsh todas sus niñas.