Nunca (Arpías 4) Capítulo 33
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Capítulo 33

Evan

E n cuanto Neva sale, llamo a Brandon; ahora mismo necesito centrarme en sacar a mi hija de las instalaciones de GenoLabs.

—Dime, jefe —contesta en el primer tono.

—Voy a estar unos días con otro tema. Te quedas a cargo. Solo quiero saber de ti si es asunto de vida o muerte, ¿entendido?

—Entendido.

No le dejo decir nada más y cuelgo. Un instante después llega un mensaje:

«Si nos necesitas, silba».

Sonrío.

Me siento en mi despacho y con el ordenador comienzo a rastrear dentro de GenoLabs cualquier cosa que pueda decirme cómo las encontraron.

Busco archivos temporales y en la papelera, pero no hay nada.

Reviso los sistemas de seguridad y no hay absolutamente nada, hasta que me encuentro con una carpeta de la doctora Walsh que está metida en otra, y lo que me llama la atención es que ambas tienen el mismo nombre: Nueva carpeta (1) y Nueva Carpeta (2).

Y puede parecer una tontería, sin embargo, cuando tienes prisa por ocultar algo no te entretienes en pensar nombres absurdos, simplemente creas dos carpetas a la vez y luego metes una dentro de otra y el archivo que no quieres que encuentren queda guardado como una matrioska.

Me fijo en que el archivo es un vídeo. Reviso los parámetros para comprobar que no hay ningún tipo de trampa y lo descargo a una nube encriptada que tengo y la cual le hace varios exámenes para asegurarme de que no hay nada raro que pueda joderme.

Me levanto a por una cerveza y llaman a la puerta; frunzo el ceño, no soy muy de ser amigo de mis vecinos y no espero ningún paquete.

No puedo evitar sonreír al pensar en el de Neva, en ese collar de macarrones que para mí vale más que un diamante de sangre.

Le doy al botón de la mirilla electrónica y en la pantalla aparece un señor que creo que vive en el bajo, es un hombre mayor con el que alguna vez tengo algún comentario banal del tipo: «cuando deje de hacer aire, se va a quedar un día estupendo».

—Hola —saludo en cuanto abro.

—Perdona que te moleste, es solo que mi Hazel lleva un rato insistiendo con que te avise sobre tu patinete.

Frunzo el ceño porque no sé a qué se refiere. Hazel es su mujer, una muy cotilla, por cierto, aunque no es mala, solo creo que está aburrida.

—¿Qué ocurre con mi patinete? —le pregunto, tratando de entender a qué se refiere.

No soy el único que usa este medio de transporte y tenemos una zona en el portal para dejarlos y no tener que meterlos en casa, ensuciando así con las ruedas el interior de nuestros hogares.

—Pues verás, hace un rato, mi Hazel ha visto a una chica joven, muy guapa ha dicho, que cuando ha salido del ascensor ha visto cómo se paraba donde los patinetes, ha cogido el tuyo y se ha ido con él.

—¿Con mi patinete? —inquiero para asegurarme.

—Sí, y yo he pensado que podía ser amiga tuya y que se lo has dejado, pero mi Hazel dice que ella te lo ha robado.

Intento no reírme imaginando a Neva robándome el patinete. Eso es tan ella que se me encoge un poco el pecho al pensarlo.

—¿Era una chica como así de alta y pelo castaño y largo?

—Sí —contesta mi vecino, entusiasmado.

—Tranquilo, es mi prima, yo le he dicho que lo coja y ya me lo devolverá.

El hombre respira aliviado.

—Me alegro de que no te lo hayan robado. Bueno, voy a avisar a Hazel, y disculpa las molestias de nuevo.

—No hay problema, gracias por avisar, y agradece a Hazel que siempre esté tan pendiente de nuestra seguridad.

El tipo me guiña un ojo, sonríe y se va.

Cierro la puerta y voy a por la cerveza que me han interrumpido de coger. La abro y vuelvo a mi despacho, me siento y veo que ya está todo el archivo revisado por mis cinco sistemas de seguridad instalados en la nube; me recuesto para verlo.

En cuanto le doy al play lo entiendo todo.

En la pantalla veo al jefe de seguridad Donalson y, en una silla frente a él, llorando a mares, a la enfermera de Melissa Hutcher.

Joder.

Escucho con atención y trato de averiguar hasta qué punto saben que yo estuve allí antes, pero la chica no parece recordarnos físicamente, supongo que el miedo ha borrado los detalles de su mente, lo cual me viene bien.

Aunque si Donalson sigue buscando, seguro que encuentra alguna prueba de que fui yo y entonces estoy jodido, y lo peor es que Everly también.

Así que necesito encontrar la forma de deshacerme de él y, a la vez, que la doctora Walsh confíe en mí.

Paso más de una hora pensando hasta que finalmente se me ocurre un plan, uno en el que básicamente voy a reconocer que yo sabía dónde estaban las chicas y que, si no me sale bien, hará que me maten.