Nunca (Arpías 4) Capítulo 23
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Capítulo 23

Neva

M e despierto antes de abrir los ojos. Hace años que aprendí que el peligro rara vez llega haciendo ruido.

A veces es un disparo. Otras, una explosión.

Pero la mayoría de las ocasiones es algo mucho más sencillo: un cambio en el ambiente, una sensación incómoda bajo la piel, un sonido que no debería estar ahí.

Por eso, cuando escucho el leve chasquido de la puerta de mi habitación al abrirse en mitad de la noche, mi cuerpo reacciona antes de que mi cerebro termine de salir del sueño.

Mi mano desaparece bajo la almohada y encuentra el cuchillo donde siempre está.

Los dedos rodean el mango mientras abro los ojos y enfoco la figura oscura que acaba de aparecer en la habitación.

Solo cuando reconozco a Row permito que el aire vuelva a entrar en mis pulmones.

Ella no dice nada. Ni siquiera entra del todo. Se limita a quedarse junto a la puerta y hacer un pequeño gesto con la cabeza para que salga al pasillo.

Guardo el cuchillo bajo la almohada y me incorporo despacio. Antes de levantarme, miro por instinto hacia la cuna pegada a mi lado. Everly duerme profundamente, abrazada a uno de sus peluches.

Durante unos segundos me quedo observándola respirar. No importa cuántos años pasen ni cuántas veces lo haga, nunca creo que vaya a evitar esa necesidad de comprobar que sigue ahí, que está bien, que nada ha conseguido alcanzarla todavía.

Aparto con cuidado la sábana y me levanto, procurando no hacer ruido. El suelo está frío bajo mis pies mientras atravieso la habitación y salgo al pasillo.

Cierro la puerta tras de mí y me vuelvo hacia Row, que me espera apoyada contra la pared con una expresión tan extraña que consigue espabilarme por completo.

No parece enfadada. Tampoco asustada. Solo… agotada.

—¿Qué ha pasado?

Row se pasa una mano por el pelo y durante unos segundos guarda silencio, como si estuviera ordenando las ideas antes de hablar.

—He ido a ver a Thomas.

Frunzo el ceño.

—¿Esta noche? Joder, Row, sabes que es peligroso.

—Lo sé.

Hay algo en su tono que me hace ignorar cualquier comentario sobre lo mala idea que me parece esa decisión. Si ha venido a despertarme en mitad de la noche es porque lo que tiene que contarme es importante.

—¿Y qué ha ocurrido?

Row deja escapar un suspiro largo.

—Ha aparecido Evan.

Mi estómago se contrae al escuchar su nombre y durante un instante me preparo para oír exactamente lo que llevo días temiendo escuchar.

Que nos ha vendido. Y nos ha seguido. Que todo ha sido una trampa. Pero la expresión de Row no encaja con ninguna de esas posibilidades.

—¿Qué hizo?

—Primero intenté matarlo.

Parpadeo.

—¿Perdón?

—Intenté matarlo —repite como si fuera algo obvio que hacer.

La observo durante varios segundos.

—¿Con qué?

—¿Eso es lo importante de toda la historia?

—No, pero me ayuda a imaginar la escena.

Por primera vez desde que ha aparecido, una sombra de sonrisa cruza su rostro.

—Con un cuchillo.

—Muy tú.

—Era lo que tenía más cerca.

—Naturalmente.

La sonrisa desaparece tan rápido como ha llegado.

—Neva, escúchame.

Y entonces sé que viene la parte importante. Me cruzo de brazos mientras espero.

—No estaba allí para hacernos daño.

El silencio cae entre nosotras.

—Explícate.

Row aparta la mirada durante un instante.

—Los equipos de Madre habían localizado los correos que Thomas y yo llevamos meses intercambiando.

Noto cómo se me hiela la sangre.

—¿Qué?

—No sé desde cuándo ni cómo consiguieron relacionarlos con nosotros, pero estaban moviéndose. Ya habían salido a buscarnos.

Mi mente empieza a funcionar a toda velocidad. Vehículos. Operativos. Equipos de captura. Laboratorios. Habitaciones blancas. Agujas. Everly.

Everly. Siempre Everly.

—¿Y cómo lo sabía Evan?

—Porque sigue trabajando para ellos.

La respuesta resulta tan obvia que me siento estúpida por no haber llegado sola a ella.

—¿Y apareció para avisarte?

—Sí.

—¿Sin más?

—Sin más. —La incredulidad debe de reflejarse claramente en mi cara porque Row resopla—. Créeme, yo tampoco me lo tomé bien. De hecho, mi reacción inicial fue intentar clavarle el cuchillo de nuevo.

—Esa parte ya ha quedado clara.

—Y, aun así, insistió.

Apoya la espalda contra la pared y levanta la vista hacia el techo durante unos segundos.

—Si no hubiera aparecido, Thomas y yo probablemente estaríamos ahora mismo en una celda de GenoLabs.

Las palabras se quedan suspendidas entre nosotras. No sé cuánto tiempo pasa. Quizá unos segundos. Quizá un minuto entero. Porque mi cerebro sigue intentando encajar la información.

Evan nos encontró. Recuperó la memoria. Podría haber entregado nuestra ubicación. Y, sin embargo, hizo exactamente lo contrario.

—¿Estás segura?

Row vuelve a mirarme.

—Sí.

—¿Completamente segura?

—Neva, preferiría arrancarle los dientes uno a uno antes que darle la razón en algo.

No puedo evitar sonreír.

—Eso suena muy propio de ti.

—Ya ves.

—Entonces, continúa.

Ella también parece relajarse ligeramente.

—No significa que lo perdone, ni que me caiga bien. Tampoco que quiera verlo cerca de ninguna de nosotras. Y, desde luego, no significa que vaya a olvidarme de todo lo que pasó.

—Pero…

—Pero tenías razón.

Mi sonrisa desaparece porque Row no es de las que concede victorias morales a nadie.

Jamás.

—Entonces, no intenta matarnos —afirmo.

—No.

—Ni entregarnos —insisto.

—No.

—Ni llevarnos de vuelta.

—No. —Row suspira antes de continuar—. De hecho, después de lo que ha ocurrido esta noche, creo que podemos asumir que está de nuestra parte.

Apoyo la espalda contra la pared frente a ella mientras intento ordenar mis propios pensamientos.

Durante días he estado repitiéndome que confiar en Evan era una locura. Que recuperar la memoria no borraba todo lo demás. Que una persona puede recordar quién fue y seguir tomando malas decisiones.

Y sigo creyéndolo.

Pero también recuerdo la mirada que vi en aquella estación de camiones. La forma en que pronunció mi nombre. La desesperación que intentaba esconder.

—Lo sabía.

Las palabras salen antes de que pueda detenerlas. Row arquea una ceja.

—¿Qué sabías?

—Que no iba a hacernos daño —le confirmo a ella y a mí.

Ella resopla.

—No confundas las cosas.

—No las estoy confundiendo.

—Sí lo haces. —Me señala con un dedo—. Que no quiera matarte no significa que merezca tu confianza.

—Nunca he dicho eso.

—Lo estás pensando.

Y quizá tenga razón. Quizá una parte de mí lo esté pensando. Porque la imagen de Evan apuntándome con un cuchillo sigue existiendo. Pero también existe la del hombre que acaba de arriesgar su posición dentro de GenoLabs para salvar a mi hermana.

Y ambas cosas son ciertas al mismo tiempo.

—¿Qué hacemos ahora? —pregunto.

Row se queda pensativa durante unos segundos.

—Seguir preparándonos.

—¿Y Evan?

—Evan sigue siendo un problema.

—Uno útil.

—Los problemas útiles siguen siendo problemas.

La respuesta me arranca una pequeña sonrisa.

Durante unos segundos ninguna habla. Ambas sabemos que la conversación no ha terminado realmente.

Que mañana tendremos que contárselo a Nao y a Day.

Que tendremos que decidir qué hacer. Que Madre sigue ahí fuera.

Que GenoLabs sigue buscándonos. Y que no estamos tan a salvo como pensaba.

Pero también sabemos algo que hace apenas unas horas parecía imposible: Evan no está al otro lado. Y, por extraño que resulte admitirlo, esa idea consigue que el peso sobre mi pecho sea un poco más ligero. Aunque no desaparece.

No obstante, siento que quizá no estamos tan solas como creíamos y que esto puede ser lo que necesitábamos para acabar con todo, puede ser el principio del final.