Nunca (Arpías 4) Capítulo 10
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Capítulo 10

Evan

M e guardo el móvil en el bolsillo justo cuando el sistema del edificio acepta el acceso que acabo de fabricarme.

—Dime que no acabas de colarte en un edificio de millonarios usando una puta app —murmura Tyler a mi lado.

—Un descuido caro —respondo sin mirarlo—. Y un sistema mal configurado.

Brandon silba sorprendido. Todavía no entienden hasta dónde puedo llegar con un ordenador, o un móvil en este caso, en mis manos. Son analógicos totales.

—Me encanta cuando la gente rica se cree invencible.

Chase cruza los brazos, observando la entrada como si ya estuviera evaluando rutas de salida.

—Nos movemos rápido y sin ruido. Entramos, hablamos, dejamos el mensaje y nos vamos.

Asiento.

—Exacto.

Tyler ladea la cabeza.

—«Hablamos». Me gusta cómo lo llamas.

Lo ignoro y avanzo. Los tres me siguen sin discutir. No son solo amigos en el sentido clásico. Son otra cosa. Leales, sí. Pero también peligrosos. Y saben que esto no es un paseo.

El vestíbulo es demasiado elegante para mi gusto y el contraste de mis botas militares con el mármol deja claro que no pertenezco a este lugar. El portero no está. Yo mismo me he encargado de que reciba una llamada urgente y tenga que abandonar su puesto.

Las cámaras llevan un minuto repitiendo el mismo bucle de imágenes. Los ricos ahora creen que todo se puede manejar desde una sala de control, y lo hacen porque no quieren que vean cuándo entran y salen… o con quién.

Pobres ilusos, es ahora cuando más controlados están.

—Me siento ofendido —murmura Brandon—. Esto es demasiado fácil.

—No te emociones —dice Chase—. Lo difícil es salir si logran avisar a alguien.

Llegamos al ascensor, y tras pasar por el lector la tarjeta que me he fabricado, pulso el botón de acceso a la zona de piscina, ya que nuestra tapadera es ir vestidos como los que se ocupan de la misma.

Mientras nos lleva hasta ella conecto mi teléfono por wifi de nuevo para grabarnos mientras salimos.

Una vez lo hago, vuelvo a llamar al ascensor y esta vez no se ve nada más que un habitáculo vacío.

El ascensor nos deja directamente dentro del ático. Sin pasillos comunes, sin vecinos curiosos. Todo pensado para aislar.

Bien. Eso juega a mi favor.

—Vale —susurra Brandon—. ¿Plan exacto?

—Encontrar a la hermana —digo—. Asegurarnos de que Thomas entienda que podemos llegar hasta ella cuando queramos y que así me dé la información que necesito.

Tyler se pasa la mano por la nuca.

—Me encanta. Sutil. Elegante. Muy poco psicópata.

—No estamos aquí para gustar —lo corto.

Avanzamos por el salón. Todo ordenado, impoluto. Da grima.

Y, entonces, aparece ella. La enfermera.

Se queda paralizada al vernos.

Nosotros no.

—Buenas —dice Tyler con una calma que roza lo absurdo mientras saca su arma—. No estamos perdidos.

Le lanzo una mirada. Doy un paso al frente.

—No queremos hacer daño a nadie. Pero tampoco vamos a irnos.

La mujer aprieta la bandeja que lleva todavía, decidiendo si va a gritar, correr o ambas.

—Voy a llamar a seguridad —tartamudea.

Chase da un paso adelante, bloqueando sutilmente su camino.

—No lo harás.

Brandon suspira.

—Siempre suena peor cuando lo dice él.

La enfermera duda. Bien. La duda es todo lo que necesito.

—Solo queremos hablar con ella —añado—. Cinco minutos.

—No pueden…

—Podemos —la corto—. Ya estamos aquí.

Silencio.

Finalmente, baja la mirada y señala las escaleras.

—Está arriba.

Asiento.

—Gracias.

—Mientras mi jefe habla, nos vas a enseñar este precioso piso —dice Brandon divertido, como si esto fuera una puta visita inmobiliaria.

—Manteneos atentos, Thomas debe estar a punto de llegar —les aviso, y los tres asienten mientras la enfermera está a punto de sufrir un ataque de pánico.

Si yo tuviera a alguien tan importante en mi vida, le procuraría una enfermera que supiera pegar un tiro cuando es necesario.

Tras subir las escaleras, me adentro en un pasillo y no tardo en dar con una puerta entreabierta. Un pequeño vistazo al interior me confirma que es lo que estaba buscando. La habitación es lo que esperaba: mitad dormitorio, mitad hospital. Máquinas, cables, medicación. Todo limpio, todo controlado.

Y, en la cama, la hermana de Thomas.

La observo un segundo.

Débil, enferma y… útil.

Nada más.

—Vaya —dice ella con voz baja pero firme—. Esto no estaba en mi agenda.

—Evan —me presento.

Ella me mira, evaluando.

—¿Y tú eres…?

—Alguien que necesita hablar con tu hermano.

Una pausa.

—Pues, como puedes ver, te has equivocado de persona.

—No. Thomas tiene una información que necesito y que no sé si va a darme por las buenas —continúo—. Así que he decidido buscar un incentivo.

Sus ojos se endurecen.

—Qué original.

—No intento serlo.

La enfermera aparece en la puerta con mis tres acompañantes, que están comiendo mierda cara. Pongo los ojos en blanco por la poca profesionalidad que podemos llegar a demostrar cuando se trata de comida.

—Esto es una locura… —murmura Chase al ver lo jodida que está la chica.

—Lo es —dice Brandon—, pero ya que estamos, intentemos que sea breve.

La chica en la cama vuelve a mirarme.

—Si esperas que me asuste, vas tarde —asegura.

Me encojo ligeramente de hombros.

—No necesito que te asustes. Necesito que él lo haga.

Tyler resopla por lo bajo.

—Eso sí que es marca de la casa.

Ella ladea la cabeza, estudiándome.

—No sabes nada de mí.

—No lo necesito.

—Entonces, eres más idiota de lo que pareces.

Chase sonríe casi divertido.

—Cuidado, jefe, te están perdiendo el respeto.

—Nunca lo ha tenido —respondo seco.

Doy un paso más cerca de la cama. Lo suficiente para que entienda que no es una conversación educada.

—Escucha bien —digo, bajando la voz—. Tu hermano me debe información. Y la necesito ahora.

—¿Y si no?

—Entonces, él aprenderá que su mundo no es tan intocable como cree.

Sus labios se tensan.

—No te dirá nada.

—Eso lo veremos.

Tyler se cruza de brazos.

—Podríamos dejarle un recordatorio visual —propone.

—No —digo sin apartar la mirada de ella—. No hace falta.

Brandon alza una ceja.

—¿Seguro? Porque suelo ser muy creativo con esas cosas.

—Precisamente por eso.

La chica suelta una risa breve, seca.

—Qué equipo tan encantador.

—Funcionamos —responde Chase.

Vuelvo al punto.

—Vamos a esperar aquí hasta que él llegue, todos muy tranquilos y sin hacer tonterías —le advierto, viendo cómo la mano de la chica trata de alcanzar un mando que hay en la mesilla.

—¿Y si no lo hago?

La miro sin pestañear.

—Lo harás. O tu hermano recibirá una bala como bienvenida a casa.

—Bien, pero que sepas que cuando mi hermano se entere de esto, hará que necesites una bolsa para cagar el resto de tu vida —trata de amenazarme—. Conoce a tipos peligrosos que le hacen el trabajo sucio.

Me río y me sitúo justo a los pies de su cama antes de contestar.

—Preciosa, te falta algo de información: yo soy la pesadilla de cualquiera de esos tipos.