Capítulo 5
Neva
M e duele la cabeza y tengo los ojos rojos de tanto llorar. Llevo toda la noche tratando de entender cómo es posible que el hombre del que estoy enamorada, el que es el padre de mi hija, me haya mentido de esa manera.
Everly me mira desde su cuna y me pone una manita en la mejilla.
Como si entendiera que algo va mal y que necesito lo que ella me da.
Y no se equivoca, ella es el motor que mueve mi mundo y no voy a dejar que una piedra en el camino me detenga, por mucho que esa piedra pensara que era el amor de mi vida.
—¿Vamos a desayunar? —le pregunto sonriendo, y ella me devuelve el gesto.
Me levanto y voy al baño con mi niña. Desde que nació, no sé lo que es mear sola.
La dejo sentada sobre la alfombra mientras me lavo la cara y me recojo el pelo en una coleta. La cojo de nuevo y bajamos a desayunar.
Estamos solas, es temprano, hoy tengo que ir a recoger algo de material al pueblo y no pienso dejar de hacerlo porque el idiota de Evan me haya jodido la cabeza.
Una vez que ya estamos vestidas, a juego, por supuesto, la meto en el coche, le ato el arnés de la silla y me subo delante. Ella me mira con cara de querer hacer berrinche porque quiere que vaya a su lado, así que uso la técnica ancestral de las madres: le pongo la canción de Baby Shark .
Nos pasamos el rato cantándola una y otra vez. La verdad es que nunca me canso, aunque Row ya ha apuñalado la radio tres veces, Nao dos y Day trató de chantajear a Ever con el chupete.
La miro mientras hace los gestos de la canción y yo conduzco y me pregunto si ha heredado algo de mí, y no me refiero a mi color de ojos.
Llegamos al pueblo y ya está todo abierto. Este lugar es maravilloso. Hay paz y armonía, como si el mal no llegara hasta este sitio tan remoto. Las personas se saludan porque se conocen. Hay hasta flores en las ventanas.
Lo único malo es que se me acabó lo de asesinar, y lo echo mucho de menos. El calor de la sangre caliente en mis manos y el chocolate con malvaviscos en invierno son dos de mis cosas favoritas en el mundo mundial.
—Vamos, el señor Pete nos espera —le digo a Everly, cogiéndola en brazos de nuevo.
Entramos a la tienda, en la que hay de todo un poco, y en cuanto el señor Pete nos ve, llama a su mujer.
—Mi Elisa está loca por tu hija, la tiene cautivada.
Elisa sale por la puerta de la trastienda con los brazos abiertos y mi hija se lanza a ellos, haciendo que todos nos riamos.
—Hola, preciosa, ¿cómo es que estás tan guapa hoy? ¿Se puede ser más preciosa? Di «abuela», venga.
—Elisa, no la marees —le recuerda el señor Pete.
—Esta niña es muy lista y seguro que ya lo sabe decir, pero no quiere hacerlo.
Me río y disfruto de la ternura del momento.
—Vengo a por el material que te encargué —prosigo con el señor Pete—. ¿Pudiste conseguir todo?
—La duda ofende, niña —contesta con una sonrisa mientras se va al almacén para buscarlo todo.
Elisa está enseñándole a Everly cosas de la tienda.
—Esto es un perro —le dice, señalando un muñeco que tiene en el estante de arriba—, hace guau, guau. Y esto es un gatito —esta vez se lo deja coger y Everly le pone la mano en la mejilla, agradecida—, y hace… hace…
La observo y me doy cuenta de que no es capaz de recordar el sonido del gato.
Joder, creo que Elisa empieza a mostrar signos de Alzheimer o algo de eso. No es la primera vez que le ocurre.
Mierda, creo que tendré que hablar con el señor Pete sobre esto.
—Vamos —le digo a Everly una vez he pagado y tengo todo lo que necesito.
La niña vuelve a tenderme los brazos y se lleva el gatito.
—Hace miau —murmura por fin Elisa.
Mis sospechas se están confirmando, aunque espero que no sea eso; no puedo imaginar la vida sin recordar quién eres.
La imagen de Evan se cruza en mi mente, le he borrado muchas veces la memoria. Tendría que haberle cortado la polla en vez de quitarle recuerdos.
—Puede llevárselo —asegura el señor Pete cuando trato de quitárselo, y Everly le sonríe. Esta niña ya entiende cómo funciona el mundo mejor de lo que yo lo hago.
No sé, nunca he tenido niños tan pequeños a mi alrededor.
Yo trabajo con los que ya van a la escuela, pero me da la sensación de que el crecimiento de Everly no es del todo normal.
Aunque tampoco es como si pudiera llevarla a que la examinen en un hospital, podrían descubrir algo extraño o simplemente aparecer en la base de datos; es demasiado peligroso.
Cuando vuelva a casa, le pediré a Day que le haga algunos análisis y me diga si está todo bien.
Vuelvo al coche y decido ir al parque un rato; apenas son las diez, pero el sol ya está en lo alto y hace un bonito día como para no disfrutarlo.
Me pongo en camino, y cuando la radio se conecta, salta la canción que no esperaba oír, la que sonaba cuando Evan hizo algo que provocó que me enamorara de él, y un recuerdo acude a mi mente, haciendo que el alma se me encoja.