Capítulo 4
Neva
M iro a Everly mientras duerme en su cuna pegada a mi cama. Hace nada estaba en mi tripa, hace un mes dio sus primeros pasos y la semana pasada cumplió un año. ¿En qué momento ha ocurrido todo esto?
Enciendo la tablet y repaso el programa que tengo pendiente de aprobar. Este curso que viene los niños de la escuela de arte quieren aprender a dibujar Pokémon y yo, pues he accedido, así que ahora me toca aprender a dibujar esos bichos.
Se escucha que llaman dos veces a la puerta antes de que la cabeza de Nao asome por ella.
—¿Se puede? —pregunta, y asiento.
Entran ella y Day. No hacen mucho ruido, aunque da igual, cuando Everly duerme podría pasar un tornado y llevarse la casa y seguiría soñando con unicornios.
—¿Cómo es posible que ya casi no quepa en la cuna? —pregunta Nao, mirando a la niña con devoción.
—Hace nada podías ponerla cruzada y le sobraba sitio —agrega Day, y las tres asentimos.
—¿Qué os trae por aquí? ¿Y los chicos?
—Jugando a la videoconsola —contesta Nao.
—¿Qué tal vas tú? —me pregunta Day.
Sonrío, porque mis hermanas son de todo menos discretas.
—Estoy bien —les aseguro.
En el cumpleaños de Everly tuve un minuto de bajón. Echo de menos a Evan y me rompí al pensar que se estaba perdiendo ese momento.
—Que sepas que he dejado a Preston una semana sin follar como castigo —afirma Nao, y me río tan alto que tengo que taparme la boca.
Las tres miramos a la niña, que sigue durmiendo muy a gusto.
—No es necesario.
—Lo es, ¿cómo va y te suelta que «Evan se va a perder a una niña maravillosa»? —recuerda lo que dijo—. Y que dé gracias de que no le tatúo que se cague cada media hora…
—Eres demasiado dura con él —le dice Day.
—Me da igual. Hizo llorar a Neva —se explica Nao.
—En realidad, solo fue una gota más en el vaso. Por favor, folla con tu chico, no quiero tener eso en la conciencia —me burlo.
—¿Y tú? ¿Cuándo vas a volver al mercado? —pregunta Day, y todo encaja, por eso están aquí.
No es la primera vez que me dicen algo así.
Han pasado casi dos años y yo sigo manteniendo el luto por la relación con Evan, y, bueno, de cara al pueblo soy una viuda ejemplar.
Nunca pensé que el adiós sería definitivo, siempre mantuve una esperanza, una que ya murió y ahora no sé qué hacer con todo esto que siento.
—No puedo imaginarme querer a otro hombre, ahora mismo solo tengo cabeza para la niña y para la escuela de arte.
Ambas son mi orgullo. Mis alumnos son muy buenos dibujando y me lo paso en grande con ellos. Hacen que me olvide de la vida que tenía y de a quién dejé atrás con ella.
Day me mira con compasión y Nao con lo que imagino que para ella lo es, aunque su cara es más de «voy a matar a quien haga falta sin que lo pidas».
Ellas tienen a su lado al amor de su vida, y yo me conformaré con alguna vez encontrar a alguien a quien querer la mitad de lo que ellas los quieren a ellos.
Antes de que puedan decir nada más, la puerta se abre, sobresaltándonos a las tres.
—¿Por qué interrumpes así, Jesse? —pregunta Nao, señalando a la niña.
—Otro que se queda una semana sin follar —murmura Day, y me hace sonreír.
—Perdona, Arcoíris, Row está abajo y me ha pedido con urgencia que hables con ella, te espera en el despacho.
—Vamos —dice Nao.
—Solo Neva —la corta Jesse, y las tres nos miramos sin entender nada.
Entre nosotras no hay secretos, y el hecho de que Row quiera verme solo a mí es algo que no nos cuadra a ninguna.
Le enciendo el monitor de vídeo a Everly y le doy el receptor a Day. Todos bajamos. Preston está en el salón con el televisor encendido, un juego de coches parado, los mandos sobre la mesa y cara de no saber qué está pasando.
—Supongo que ahora os enteraréis —les digo, yéndome mientras todos se quedan en el salón.
Voy por el pasillo y, al llegar, la puerta del despacho está abierta. Row se pasea de arriba abajo como un animal salvaje enjaulado. Entro y cierro la puerta.
—Necesito que te sientes —me pide, y eso me asusta más de lo que me gustaría reconocer.
—¿Qué ha pasado? —pregunto, viendo su aspecto.
No es que mi hermana sea de las que se preocupan por ir conjuntada, pero ahora mismo parece que ha salido de una película de terror adolescente.
—Hoy he ido a por el asesino de niños de Wisconsin —comienza—, ese que se libró por tener contactos con McCain.
—De ser condenado a cadena perpetua o la muerte dependiendo del Estado en el que sea juzgado —termino por ella—. Row, ya lo hablamos, esto de ir haciendo justicia por tu cuenta puede traer consecuencias.
La miro y en sus ojos veo algo que hace que me dé un vuelco el corazón.
—¿Es eso? ¿Te han pillado? ¿Te ha visto alguien?
—No, no es eso. Bueno…, en parte —responde, llevándose las manos a la cabeza y revolviéndose el pelo—, ¡joder!
—Row, me estás poniendo muy nerviosa —suelto, a ver si empieza a hablar.
—He visto a Thomas —murmura.
—¿Qué?
—Que he visto a…
—Te he oído. ¿Él te ha visto a ti? —trato de averiguar.
Hace un movimiento de cejas con autosuficiencia que provoca que quiera tirarle algo a la cabeza.
—Debería haber dicho que Thomas me ha encontrado.
Respiro hondo porque no sé qué está queriendo decirme.
—Vale, ¿lo has matado?
Row lo ha pasado muy mal con la traición de Thomas, y lo peor es que siempre he tenido claro que ellos se aman, pero hay veces que eso no es suficiente, aunque si de algo estoy segura es que mi hermana nunca lo dejaría llevarse a mi hija.
—No, y antes de que me digas nada, tengo que contarte todo, así que, por favor, Everly está a salvo, te lo prometo, pero necesito que me escuches.
Su forma de pedírmelo hace que respire hondo y tome asiento en el sofá. Decido que la voy a dejar hablar y no intervenir hasta que termine.
Row se sigue moviendo un rato más de un lado a otro del despacho, de pronto se detiene, abre la boca para decir algo, pero enseguida vuelve a cerrarla y retoma su recorrido en bucle.
—Como no digas algo ahora mismo, juro que te sacaré las palabras con un jodido picahielos —la advierto, perdiendo la paciencia.
Se detiene de nuevo, me mira a los ojos y exhala con fuerza.
—Estaba buscando la manera de decir esto de la forma menos agresiva posible, pero no existe. Ahí te va… Evan trabaja para McCain desde el principio. Él lo envió a nuestras vidas. Fingió estar enamorado de ti para infiltrarse entre nosotras y mantenernos vigiladas.
—¡¿Cómo dices?! —exclamo, abriendo mucho los ojos.
—Y eso no es todo.
Trago saliva con fuerza. ¿Hay más? ¿Cómo…? ¿Por qué…? ¡No entiendo nada, joder!
—Sigue hablando —susurro con un hilo de voz.
—Él fue el responsable del ataque a Preston. Lo empujó a las vías del metro para asesinarlo.
—Joder.
No sé el rato que paso en silencio, procesando sus palabras. Row llama al resto y los pone al día. Ellos no dejan de mirarme con cada dato que da Row y yo vuelvo a escucharla para intentar entender todo, porque esto me parece una mentira.
—¿Estás bien? —me pregunta Day, preocupada, y niego con la cabeza.
Ahora mismo lo odio con la misma intensidad con la que lo amé, y eso es algo nuevo para mí.
—Tal vez haya una explicación…
—No, Jesse, no hay ninguna explicación que me valga —lo corto.
—Yo lo sabía —dice Preston de repente.
Todas nos giramos hacia él. Tiene la mandíbula tensa y la vista clavada en mí.
—¿Qué? —pregunto anonadada.
—Bueno, no sabía que él fue el cabrón que me tiró a las vías. Pero sospechaba que Evan no era trigo limpio… Lo investigué tras la cena emboscada. Necesitaba cotejar lo que nos había contado. La gente miente…, y descubrí algunas cosas.
—¡¿Y no dijiste nada?! —lo acusa Nao.
—No quería hasta tener más pruebas —contesta, mirándonos con culpabilidad.
—¡¿Sabías que trabajaba para GenoLabs?! —pregunto alarmada.
—No, eso no lo sabía.
—¡Entonces, ¿qué coño descubriste?! —inquiere Nao.
—Tras la cena, lo seguí durante días y descubrí que tenía dos teléfonos móviles. También que quedaba a menudo con el jefe de gabinete del senador McCain.
El nombre cae en la habitación como una piedra.
—Evan no trabajaba para el policía corrupto, trabajaba para el senador.
Pero en ese momento no sabíamos que existía una relación personal entre el senador y Madre; por eso no lo até con GenoLabs.
Poco después de mi ataque, decidiste borrarle la memoria a Evan y pensé que un tío que ni siquiera recordaba vuestros nombres no podía haceros daño. Lo di por cerrado.
—Lo diste por cerrado —repito perpleja—. ¿No te pareció importante que yo lo supiera? ¡Llevo sintiéndome culpable por él mucho tiempo!
—Al principio pensé en hacerlo, pero la prioridad era huir y mantenernos a salvo.
Después dejaste de llorar por las noches y te centraste en la crianza de tu hija.
¿Para qué iba a remover todo eso? ¿Para decirte que el padre de Everly te había mentido, cuando ya ni te recordaba y estaba a cientos de kilómetros?
No quise echar más leña al fuego. Lo siento si me equivoqué.
Trago saliva. No sé si estoy más furiosa o más rota.
—No me lo puedo creer, Preston —dice Nao, bajando la cabeza, decepcionada.
—Hay otro motivo por el que no dije nada.
Uno importante. —Nao vuelve a subirla—. No quería ser el mensajero de tan malas noticias sin tener confirmación, y pensé que esta llegaría cuando os delatara a Madre.
Pero no lo hizo… Si Evan era un infiltrado, no dio el parte a sus jefes tras esa cena.
A mí intentó matarme, sí, seguramente porque estaba husmeando en su vida.
Pero a vosotras os protegió. Y os dejó seguir adelante con el plan de Thomas.
Y no lo digo para consolarte, lo digo porque eso demuestra que él te amaba.
Niego con la cabeza, incapaz de asimilarlo.
—Se acercó a nosotras con mentiras. Mi relación entera lo fue, lo único real es Everly, y no pienso dejar que él la tenga siquiera en su memoria —sentencio.
Siguen discutiendo, unos tratan de entenderlo, otros solo quieren verlo muerto. Yo me quedo sentada, mirando el monitor de vídeo que Day lleva en la mano, olvidado como si no fuera importante.
Everly se mueve y se gira, yo salgo del despacho y subo a verla. No le pasa nada, siempre da mil vueltas, pero ahora necesito abrazarla.
Me meto en la cama a su lado, la acerco hasta tenerla acurrucada contra mí y apago las luces. No me duermo, sé que no voy a poder hacerlo, sin embargo, necesito la paz que estar así con mi hija me trae.
No sé el rato que permanecemos de esta manera, pero cuando la puerta se abre despacio y una rendija de luz se filtra, puedo decir que es de madrugada.
—¿Quieres hablar? —pregunta Row, que se ha debido duchar por lo que veo.
—Ahora no.
—Si necesitas llorar o gritar o que bese a alguien, soy tu chica —me dice, y me hace sonreír.
—Lo único que tengo claro es que, si Evan se acerca a mí o a mi hija, yo misma le sacaré el corazón con mis manos y me aseguraré de que lo vea arder.